C11

2642 Words
Luego del almuerzo, había seguido los consejos de Florence y le había dado algo de reposo a mi pierna. De no ser así, no sanaría ni con crema, inyecciones o el antídoto mágico. Mitch me envió algunos objetos a la habitación, como un reloj de mesa de noche, más productos de higiene y el bolso que llevaba el día de la explosión. No pretendía que me enviaran un cuadro para colgar en la pared, pero tener algunas cosas propias lo hacía sentir más hogareño. Al caer la noche, Thea pasó por mí para ir a cenar. Por primera vez desde que había llegado a este lugar, podía elegir y coger lo que quería comer. La seguí, ya que me presentaría a sus amigos, y la morena fue la primera a quien divisé. A su lado se encontraba un castaño devorando su comida y, frente a ellos, aquel moreno que había visto hoy por la mañana; Luca, el novio de la pelirroja. —El tan esperado momento ha llegado —comenzó a decir Thea animadamente y sus amigos alzaron la vista para verme —. Señoras y señores, les presento a la mismísima Val Jensen. Sus amigos comenzaron a reír ante el espectáculo de su amiga y Thea me hizo lugar para que tomara asiento a su lado. —Nos hemos visto hoy en la tarde —la morena fue la primera en hablar. No me sorprendería enterarme que toda la central estaba enamorado de ella; de hecho, ahora mismo me estaba haciendo dudar de mi orientación s****l —, pero no nos hemos presentado formalmente. Soy Naya Reyes —extendió su mano hacia mí y la cogí. —Gusto en conocerte. —Soy Luca Somer —sus cautivadores ojos verdes hacían un asombroso contraste con su color de piel algo oscura. j***r, tendrían hijos preciosos... —, novio de quien ha estado taladrando tu cabeza estos días —bromeó y Thea golpeó su brazo. También extendió su mano y la cogí. —Silas Wright —se presentó el castaño. Debían de haberlos modificado genéticamente antes de nacer porque no había visto a nadie que no fuera atractivo aquí dentro. El lado bueno era que, si llegabas a romper con alguien, aquí dentro se encontraba tu medicina para el corazón. Esa podría ser una indirecta para mí misma... —¿Cómo han estado tratándote? —me preguntó Luca, observando los cortes en mis muñecas y acercando a la pelirroja a su cuerpo. Ambos lucían muy lindos juntos. Me alegraba que Thea no hubiese arrojado todo a la basura sólo por una noche con el muy estúpido de Cailan. —Mucho mejor de lo que merecía —respondí. Para ser honesta, me había comportado como una cretina, pero sí había tenido mis motivos para hacerlo. Mi plato se veía delicioso. Con cada bocado, disfrutaba como si fuera la primera vez que comía en años. —No es tu culpa que te hayan metido ideas erróneas en la cabeza. Tú eres la víctima, no la culpable en todo esto —añadió el castaño. En lugar de aliviarme, aquello me había dado algo de rabia. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida en creer cada una de las palabras de Irene? Supongo que porque creí que mi padre confiaba ciegamente en ella, pero ni él lo hacía. —Es bueno tenerte de nuestro lado —Naya me dio una sonrisa e imité su gesto. Sólo esperaba que no fuera como en las películas; allí nunca había alguien absolutamente bueno o malo. Pues, en este caso, necesitaba que JBG fuera más que absolutamente bueno. Sólo de esa forma no me sentiría culpable por darles la espalda a mis amigos. Afortunadamente, no había habido ningún altercado durante la cena. Nadie se me había acercado para golpearme, maldecirme o escupirme en el rostro. ¿Acaso ahora me tendrían miedo porque no tenía las esposas? Sonreí a mis adentros. Esperaba que sí. —Hora de tu dosis —cogió mi brazo y me obligó a ponerme de pie. Con o sin cadena, aún creía que podía pasearme y ordenarme como se le diera la gana. Me salí de su agarre bruscamente y lo enfrenté. —Pedirte que muestres un poco de respeto sería demasiado para ti —comencé a decir —, pero sí no te permitiré que me sigas paseando como un perro —espeté y tensó su mandíbula. Sus ojos celestes estaban clavados sobre los míos mientras buscaba una buena respuesta para darme. —Oír sobre ti no fue ni tan bueno como verlo con mis propios ojos —habló Naya a mis espaldas —. Cailan, ya era hora que una mujer regresara tu polla a donde se supone que debe estar —bromeó. Él le lanzó una mirada despectiva y los amigos de ella rieron por lo bajo. Hacerle frente no hubiese sido tan divertido si no los hubiese tenido a ellos como audiencia. —Vienes por las buenas o por las ma... —la ira seguía latente en su mirada. —Tener que amenazar a alguien es caer muy bajo —intervino Luca. Vaya, hasta casi parecía que tenía a mis propios guardaespaldas —. Puedes pedirle que te siga muy gentilmente sin necesidad de comportarte como un verdadero idio... Era bueno que me defendieran, pero tampoco deseaba que todo esto se me fuera de las manos. Empujé a Cailan para que comenzara a caminar y me volteé hacia Thea y sus amigos. —Muchas gracias —les dije a los cuatro, un tanto desesperada por apartar al rubio de ellos, y seguí el paso de aquella despiadada alma andante. —La próxima que tus amigos me salten a la yugular, ahí será donde te clavaré la inyección. —Torcí los ojos. Que desperdicio de empaque con un contenido tan rancio. —Sólo sabes defenderte a base de amenazas —espeté —. En primer lugar, me defendieron porque eres un cretino y, en segundo lugar, no hagas amenazas que no cumplirás. Ya has visto la mirada que te dio hoy Mitch; me llegas a tocar un pelo y es capaz de enviarte con moño a KEK. —Él detuvo su paso y volteó a verme. Ni él ni su mirada seria me intimidaban. Más bien, temía a lo que fuera a hacer. Él parecía ser como una caja de pandora; dependía de su estado de ánimo enfrentarme a una desgracia o a algo peor. —Ansío ver cómo me envían allí —volvió a cargarme sobre su hombro como una pluma y se echó a caminar. ¡Maldición! Mis piernas golpeaban contra su pecho y mis puños contra su fibroso t*****o. Pedir ayuda era estúpido, ya que no veía a nadie en los pasillos. —¡Bájame ahora mismo! —le ordené pero me ignoró por completo — ¡j***r, que me bajes! —grité. Oí la puerta de una habitación abrirse y me rendí. Luchar contra alguien que me doblara en tamaño sólo era efectivo si mi objetivo era aniquilarlo. Por el momento, mi enemistad con él no llegaba a tanto. Me bajó al suelo y observé a mi alrededor. Era mi habitación. Respiré aliviada al saber que mis plegarias habían sido oídas y lo observé. —¿Ya has visto que no soy tan cretino? —Lo acribillé con los ojos y se dirigió hacia la misma caja que Thea había tenido hoy por la tarde. —¿Te adentraste a mi habitación sin mi permiso? —Me mostró una sonrisa divertida. Comprendía a la perfección qué tipo de juego quería jugar. Me dirigí hacia el armario, cogí una toalla limpia y rodeé mi cintura con ella. Aquella sonrisa desapareció al ver que lo que tanto anhelaba no podría ser. —¿Qué haces? —me preguntó y bajé mis pantalones sin permitir que viera mis muslos desnudos y mi t*****o. Tomé asiento sobre mi cama y clavé mi mirada sobre él. —Me preparo para la inyección —Negó. Ansiaba oír su absurda excusa para que me deshiciera de aquel pedazo de trapo. —La herida se encuentra muy arriba de tu muslo. No puedo verla bien con aquella porquería cubriéndote. Esa era una excusa válida. Mi herida sí se encontraba bastante arriba, por lo que debía pensar rápido. Piensa, Val, piensa... Su mano deshizo el agarre de mi toalla y la removió con total facilidad sin darme tiempo a pensar. Que imbécil. Arrojó alcohol en sus manos y se arrodilló frente a mí. Removió la cinta que cubría la herida y cogió la jeringa. Extrajo el líquido del pequeño frasco y tragué grueso. No sabía si me ponía nerviosa la aguja o tenerlo tan cerca de mi entrepierna. Me moví algo incómoda y aparté mi vista. —No te dolerá —me dijo y apreté mis labios, esperando la entrada de la aguja en mi piel —. Listo. —Abrí mis ojos asombrada y, efectivamente, había finalizado y no había sentido absolutamente nada. Cubrió mi herida y guardó las cosas nuevamente dentro de la caja. —Eso sí ha sido rápido —formulé absorta en mi herida y rió. Por dios, ¡es que no lo comprendía! Hace dos minutos estaba amenazándome de muerte y ahora se estaba riendo. —No es algo que suelen decirme seguido. —Rodé mis ojos. —Apuesto que no —comenté y su mirada se dirigió hacia mis bragas. Tragó grueso y me cubrió con la toalla que me había removido —. ¿Alguna vez te has enamorado? —Él alzó su rostro para verme sobresaltado —. Se supone que debemos actuar como dos par de enamorados en nuestra misión. —No, pero sabré cómo besarte y coger tu t*****o frente a las cámaras. Lo de discreto se iba a la basura desde que lo habían asignado a él como el prudente Miles. Si el plan se iba a la m****a, no sería por mi culpa. —Como te pases, te juro que... —Sonrió. —Tú también te defiendes con amenazas. No podía negar que eso era cierto porque acababa de hacerlo. Aquel parecía ser mi mecanismo de defensa con él, porque estaba segura que nunca antes lo había utilizado con alguien más. —Debes lucir enamorado o lo arruinarás. —Él aclaró su garganta. —No necesito haberlo estado para cumplir con mi trabajo, Jensen. No es la primera misión a la que me asignan. ¿Para qué intentar hablar con él si de igual forma haría lo que quisiera? Bufé y me puse de pie, provocando que mi toalla cayera al suelo. Él la recogió rápidamente y su rostro quedó a centímetros del mío al subir. Mis pies estaban enredados en mi pantalón, provocando que no me fuera posible moverme. Es decir, si lo hacía, me daría el rostro contra el suelo... o, en su defecto, contra su rostro. Sus perlas viajaron desde mis ojos hacia mis labios y volví a tragar grueso. Definitivamente, mis nervios no habían sido producto de la maldita aguja. Sentía como el calor se me subía por las mejillas y me repetía una y otra vez que mi caso ya era perdido. Mi entrepierna comenzaba a entrar en contacto con el fuego y no podía negar que lo deseaba. —¿Te gusta lo que ves? —le pregunté lo mismo que él me había dicho aquel día. —¿Hablas de ti? Porque no hay espejos aquí —susurró sobre mis labios y arrojó a un lado la toalla que aún tenía en su mano. —Soy lo único que puedes ver. Sus labios capturaron los míos y cogió mi t*****o d*****o para acercarme más a él. —Quítatelo —se apartó solo unos centímetros, y supongo que hacía referencia a mi pantalón. Regresó a mi boca y me deshice de mi calzado con mis pies, para luego quitármelo con los mismos. Lo hice a un lado y posicioné mi mano en su nuca para atraer su rostro más al mío. Su lengua exploraba con desesperación dentro de mi boca como si allí dentro se hubiese perdido algo. Yo absorbía sus labios, deleitándome con el sabor de los mismos y deseando poder tener más. Sus manos capturaron mi t*****o nuevamente y rodeé sus caderas con mis piernas desnudas tan pronto me levantó del suelo. Me posó sobre la cama y sus labios continuaban saboreando los míos con ferocidad. Quería saciarme de ellos, pero no sentía que aquello fuera a ser posible. Mis piernas se mantenían en sus caderas y sus manos acariciaban mi piel como si fuera seda. Su erección comenzaba a hacerse presente dentro de su pantalón y rozaba mi entrepierna. Su boca bajó a mi cuello, capturando mi delicada piel entre sus labios, y no pude evitar jadear. j***r, sabía que estaba mal pensar en Jayce ahora mismo, pero es que no sabía cuándo había sido la última vez que lo había deseado con tantas ganas como ahora a Cailan. ¿No se suponía que siempre debías desearlo a tu novio o novia estando en una relación? Tal vez, por no haber follado por días y haber estado bajo situaciones muy estresantes, esto era exactamente lo que necesitaba. Su mano cubrió mi boca y sus penetrantes ojos se clavaron sobre los míos. Vale, que lo de 'penetrante' y 'clavar' iban muy bien con la situación actual. —Debemos guardar silencio, no queremos que nadie descubra lo que estamos haciendo —su voz ronca se hizo presente y aquella sólo me excitaba más. Es que yo no era de las que se quedaba callada; ni en un día cotidiano o teniendo sexo. Su mano viajó hacia mis bragas y comenzó a masajear la zona sobre ella. El efecto que provocaba su tacto -incluso no siendo directamente con mi piel- me hacía creer que había estado hecha a la medida para mí. Mi entrepierna lo aclamaba con desesperación y mis ojos lo admiraban con demanda. —No soy de las que guarda silencio —comencé a decir, intentando que el hecho de que tuviera su mano acariciando mi entrepierna no me hiciera perderme entre el placer y el d***o —. Me da igual que me oiga toda la central —susurré en su oído y se apartó de mí para notar cómo la ira mezclada con codicia aparecía en su mirada. Su mano dejó de moverse y la apartó. Ya bastante me había manejado como su mascota como para que encima me dijera cómo tenía que disfrutar de follar. —Pues, te jodes —ahora salió de encima de mi cuerpo hecho una furia y sonreí. El d***o que cargaba en mí ahora mismo no opacaba el gran placer que me provocaba verlo enfadado porque se había quedado con las ganas —. No permitiré que arruines mi trabajo. Planchó su ropa con las manos y cogió la caja que había dejado previamente en mi habitación. —Y yo no permitiré que me digas cómo debo hacer las cosas —dije —. Hasta a eso le quitas lo divertido. —Él me observó sobre su hombro, sin voltear a verme por completo. —Lo que para ti tiene de divertido, para mí tiene de peligroso —se marchó de la habitación dando un portazo. Vaya cabrón antipático. Si todas a las que se follaba aquí dentro debían guardar silencio absoluto, me compadecía por ellas. Era como que te obligaran a guardar silencio cuando te estaban cortando un dedo: imposible. El recuerdo de sus labios sobre los míos y sus manos en mi entrepierna me erizaba la piel. A fin de cuentas, Thea había tenido razón; por muy hijo de puta que fuera, saciarse de sus labios no era suficiente. Sin embargo, puede que la mejor opción fuera apartarme de él antes de que me llevara a lugares aún no descubiertos
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