C13

2540 Words
Por supuesto se veía mucho más joven, pero se veía exactamente igual a como lo había visto ayer por la mañana. Cogí la fotografía y me salí de mi habitación. Debía preguntarle a Cailan si sabía que nuestros padres se habían conocido hace mucho tiempo atrás. Incluso, debían de haber sido cercanos para aparecer en una fotografía familiar. Frederick se encontraba algo apartado del resto de los miembros de mi familia. Ni su esposa o sus hijos estaban presentes, sólo él con su rostro serio y sus manos detrás de su espalda. Me dirigí hacia todos los lugares en los que creí que podía encontrarlo, pero no había rastros de él. Muchas preguntas se me aparecían en la cabeza ahora mismo. Si estaban juntos en una fotografía, ¿cómo habían acabado en bandos distintos? Bueno, eso había sucedido con Mitch pero él había tenido sus motivos. Ahora necesitaba oír la explicación de otra persona. —Val —Alcé mi rostro para verlo y era exactamente a quien necesitaba —, ¿te encuentras bien? —me preguntó con cuidado. De seguro, la cara que llevaba no era la mejor. Los días pasaban y las dudas seguían apareciendo. j***r. ¿Es que acaso esto nunca acabaría? Me sentía en un limbo; no sabía nada de KEK ni de JBG. —¿Sabes dónde se encuentra Cailan? —Negó. Podía hablar con Mitch, pero no tenía la certeza de que fuera a tener una respuesta para mí. Por otra parte, no me atrevía a enfrentar a Frederick. —Puedo ayudarte a buscarlo, si quieres. —Asentí y comenzó a caminar hacia quién sabe dónde. Esperaba que no compartiera la habitación de los espejos con su amigo... —¿Dónde lo has buscado? —En la cafetería, en los tocadores, la habitación de espejos... —Él volteó a verme con su ceño fruncido. Vale, no lo compartían en lo absoluto. Aclaré mi garganta —. En fin, no lo encuentro por ningún lado. —¿No has intentado en su habitación? Gus era mucho más amable que su amigo. ¿Qué le había sucedido en la vida para que se comportara como una m****a? Sin duda, no le vendría nada mal un poco de amabilidad, pero él no lo podía tener todo. —No sé dónde duerme —emití y tampoco es que me interesara en lo absoluto, pero necesitaba encontrarlo. Él continuó su paso y yo sólo lo seguía. —¿Te encuentras preparada para la misión de mañana? Sé que debe de ser un poco difícil para ti... —más de lo que creía. Tener que enfrentarme a las personas con quien había compartido muchos años sería como enterrar un puñal en mi pecho. Ellos habían tenido que continuar con sus vidas y yo... Pues, aquí, perteneciendo al bando "enemigo". —Lo es —admití —, pero haré lo que sea con tal de vengar la muerte de mi padre. —Me dio una sonrisa apenada. Sabía que sentía lástima por mí y odiaba que lo hicieran. Aquello ya me había sucedido cuando mi madre falleció y sus miradas me hacían sentir diminuta y débil. —Comprendo cómo te sientes —emitió. A menos que hubiese perdido a su padre en una explosión y a su madre por una dolorosa enfermedad, dudaba que me comprendiera —. Mi apellido legal es Vaughan —reveló. Mi mandíbula evitó caer sobre el suelo porque estaba sostenida por mi estructura ósea, pero de haber sido posible, lo hubiese hecho. ¿Gus Vaughan? ¿Sería un hijo bastardo de Frederick? Tal vez, podía preguntarle a él sobre la fotografía... Él rió mientras seguía caminando. —Veo que no lo veías venir —dijo. ¿Cómo podría haberlo hecho? —. Mis padres fallecieron de intoxicación de monóxido de carbono cuando tan sólo tenía seis años —comenzó a explicar —. Ellos eran muy amigos de los padres de Cailan y, de hecho, esa noche yo estaba durmiendo en su casa cuando sucedió. Cuando lo descubrieron, Frederick y Florence decidieron adoptarme y me permitieron utilizar mi apellido para temas no legales. Joder... Afortunadamente, había caído en buenas manos. No me puedo imaginar -ni tampoco quiero- cómo habrá sido perder a ambos padres a la vez a sus seis años de edad. La mirada que me había dado no era de lástima, sino que de dolor. Él sabía muy bien cómo estaba sintiéndome. —Cailan y yo hemos crecido como hermanos —añadió. Haberlo tenido como hermano debió de haber sido casi tan duro como haber perdido a sus padres. —Pobre de ti. —Él soltó a reírse y golpeó la puerta de su amigo con sus puños al llegar. —¡Cailan! —lo llamó al ver que la puerta estaba cerrada con llave. Volteó a verme y me dio una sonrisa — Te aseguro que no es tan hijo de puta como parece. Necesitaba verlo con mis propios ojos para creerlo. —¡Cailan! —volvió a golpear la puerta, pero no obteníamos respuesta alguna. Cogió un juego de llaves del bolsillo de su pantalón e introdujo una en la cerradura. Al abrirse, nos encontramos con la escena de una rubia cabalgando sobre su polla como una desenfrenada. Las manos de él se encontraban en sus voluptuosas caderas y las de ella sobre su pecho, gozando aquel momento. Madre mía... El cuerpo de Cailan sí que era una obra de arte y ella estaba recibiendo lo que él no había logrado saciar anoche y hoy conmigo. —¡j***r! —chilló Gus del espanto y cerró la puerta de un golpe. Clavó su mirada sobre mí y un silencio incómodo nos invadió — Siento que hayas tenido que auspiciar eso —su rostro se encontraba algo rojo y presionó sus ojos con fuerza —. Creí que no habría nadie porque estaban en silencio y... —comenzó a explicar. Disfrutar el sexo reprimiéndose, no era disfrutar. —Me sorprende que no lo hayas visto antes en ese tipo de situación —emití con una sonrisa divertida. No era mi primera vez encontrándome con este tipo de situación —. Tantos años viviendo juntos y jamás te habías encontrado con semejante... —Me dio una mirada de disgusto. —Horror —se me adelantó, interrumpiéndome. Iba a decir 'semejante pieza de museo que había cobrado vida y ahora se encontraba exponiendo sus virtudes a la audiencia', pero lo suyo también valía. —Él no suele traer mujeres a su habitación... —musitó. Gus estaba realmente atónito ante lo que había tenido que presenciar. —Supongo que no pudo contenerse... —señalé y la puerta volvió a abrirse. Bajé mi vista para asegurarme de que llevara sus calzones y Gus me palmeó la espalda para que regresara al planeta tierra. Sí los llevaba. Cailan me observó pasmado y, cuando cayó en cuenta de que yo también me encontraba allí, clavó su mirada sobre su amigo... Gus, no su otro amigo. —¿Qué haces aquí? —gruñó. Quería echarme a reír al mismo tiempo que me daba vergüenza por él. Eso era lo que conseguía por follarse a quien fuera que tuviera coño. —Val te estaba buscando —respondió Gus y el rubio regresó su mirada hacia mí. —Descuida, buscaré a alguien más —me di media vuelta y me marché. No quería continuar interrumpiendo momentos pasionales. ¿A quién más podía preguntarle? Florence tal vez supiera algo... En aquella foto yo tenía dos años y Cailan era más grande que yo; se suponía que ambos ya debían de estar juntos para ese entonces. —¡Jensen! —su voz me quitó de mis pensamientos y volteé. Se encontraba encaminándose hacia mí con paso apresurado y vistiendo una playera — ¿Por qué motivo me buscabas? —su cabello rubio estaba desarreglado y olía a una mezcla entre sexo y colonia embriagadora. —No sólo pides que mantengan silencio sino que también las botas en medio del folle... —Me acribilló con la mirada y pasó su mano por su cabello para arreglarlo un poco —. No le hagas lo que no te gustaría que te hicieran, ya bastante las reprimes. Yo puedo arreglarme por mi cuenta —amenacé con marcharme pero cogió mi brazo, regresándome a él. —Si te vas, eres cómplice de haberla dejado allí botada. —Fruncí mi ceño. ¿Qué babosadas decía? — Habré venido aquí para nada. —Bufé y estampé la fotografía en su pecho. —¿Sabías que tu padre me conoce desde que soy pequeña? —Observó la fotografía por unos segundos y, sin mucho preámbulo, asintió —. Explícame porque no comprendo —exigí, como si él me debiera algún tipo de aclaración. —Tu padre y el mío tenían amigos en común —me devolvió la fotografía, quitándole importancia al asunto. —¿Quiénes? Porque no veo a nadie más que no sea tu padre o mi familia. —Me acerqué un poco a él, embriagándome de su aroma —. ¿Nosotros nos hemos visto antes? —Rió. No necesitaba respuesta más clara que esa. —Afortunadamente, no —respondió y me observó serio —. Tu cuestionamiento no tiene importancia, hazme caso. No hace falta que te desveles por las noche por una tonta fotografía. Sí, mi padre te vio algunas veces cuando eras pequeña, pero eso es todo. Si él no quería darme una respuesta que me sirviera, tendría que buscarla en otro lado. Asentí, fingiendo que sus inservibles palabras me habían convencido y me rendiría así como así. —Bien, ya puedes marcharte —le indiqué. Ya podía continuar su momento c****l con aquella rubia y seguir disfrutando su día a día. —Ya me has interrumpido. —Sonreí con malicia. —Qué pena —concluí, sin siquiera intentar que aquello sonara honesto, y me marché hacia mi habitación. * "Me dijo que me amaba pero, tras aparecerse mi padre, me dijo que me apreciaba como su amiga" leí y no pude evitar echarme a reír. Eso había sido cuando Broc había roto conmigo. Mi padre nos había encontrado besándonos y desde aquel entonces, él casi que se caga en los pantalones y decidió romper conmigo. Eso había sido hace siete años atrás. Ahora cabía la posibilidad de que mi propio amigo, y también puede que su familia, nos hubiesen traicionado a mi padre y a mí. "Broc le tiene miedo a mi padre. Espero que no me espante más novios en el futuro." Sonreí al leer aquello. Lo había intentado, pero no lo había logrado... Dejé mi agenda sobre la cama y me dirigí hacia el tocador para enfrentarme al espejo. La persona que veía ahora mismo se vería muy diferente mañana por la noche. Dejaría de ser Val Jensen para convertirme en Eleanor Connor, una joven adinerada y enamorada hasta por los codos de Miles Desmond. Torcí mis ojos y me aferré al lavado. ¿Cómo podía simular estar enamorada de aquel engendro del demonio que desprendía egoísmo por sus poros? —¿Piensas en mí? —Me sobresalté al oír su voz y volteé a verlo en la entrada de mi habitación. Desafortunadamente, sí. —¿Dejarás de aparecerte en mi habitación como si fuera la tuya? —me dirigí hacia mi cama y traía consigo la caja de siempre con la inyección. Él sólo sonrió. —No lo creo —respondió —. Estoy esperando encontrarte algún día recién salida de la ducha con la toalla cubriendo tu cuerpo. —Le arrojé una de mis zapatillas. No perdía la vergüenza ni aunque lo hubiese visto follando con alguien más. Se acercó a mí y dirigió su mirada hacia mi pantalón, esperando a que lo bajara. Llené mis pulmones de aire y lo hice, recordando lo que había sucedido después de esto ayer mismo. —Ya no apestas a sexo —emití y se arrodilló frente a mí, riendo. —No sólo me deseas, sino que también me olfateas como la mascota que eras —removió la cinta que cubría mi ahora poco notable herida. Sólo le discutiría que me llamara 'mascota'. Estaba a un segundo de levantar mi pierna y clavarle mi rodilla en su precioso rostro. —He tomado un baño. —Vi como cogió la jeringa y la llenó de aquel líquido. —Estupendo, porque no te hubiese permitido que me tocaras con tus sucias manos —aparté mi rostro y cerré mis ojos. Con algo de suerte, sólo me quedaban las inyecciones de mañana. Puede que la primera vez no me hubiese dolido por los nervios que cargaba por tenerlo tan cerca de mí. Esta vez, no esperaba que fuera igual. Mientras esperaba que la aguja se enterrara en mi piel de una vez por todas, fueron sus labios los que comenzaron a quemarme. Dirigí mi mirada hacia él y sus labios estaban dejando un recorrido de besos en mi pierna. Noté cómo se me erizó la piel y aclaré mi garganta. —¿Qué haces? —musité. De repente, mi voz sonaba más insegura de lo que hubiese deseado. Cailan alzó su rostro y lo acercó al mío. Lamió sus labios y los curveó en una descarada sonrisa. —¿Qué crees? —bajó su mirada hacia mi boca y mi respiración comenzaba a acelerarse. No sabía si me había dado la inyección o no, pero poco me importaba ahora que lo tenía a centímetros de mi rostro. —No me callarás... —expresé sobre sus labios. Él los rozó sobre los míos y el d***o se estaba apoderando poco a poco de mí. El calor se distribuía entre mis mejillas y mi entrepierna, y la adrenalina viajaba por mi torrente sanguíneo. —Lo sé —susurró y se apartó de mí con su mirada cargada de diversión —. Es por eso que no haré nada —clavó la aguja en mi herida y contuve mis ganas de enviarlo de regreso al útero de su madre. El muy hijo de puta me había excitado a propósito y me había dejado sin nada. De seguro, este vil acto se debía a lo sucedido ayer. Tragué saliva y guardó las cosas nuevamente en la caja. Me puse de pie y subí mi pantalón. —¿Recompensa lo de ayer? —Volteó y me inspeccionó con la mirada. —¿Te encuentras excitada, deseando más? —Negué, claramente mintiendo. Estaba a punto de otorgarle mi silencio para que me hiciera suya ahora mismo. Si tan sólo supiera que me alteraba las hormonas de una forma descomunal... Él rió. —Mentirosa —me acusó. Tal vez, ya lo sabía —. Gwendolyn nos espera mañana luego del almuerzo para prepararnos e informarnos sobre nuestros papeles. —Asentí, ansiando que se marchara de mi habitación antes de provocarme algún tipo de orgasmo visual. Sus ojos, su cuerpo, su trasero... Su todo. Todo en él era espectacular y merecía ser admirado. Ya lo era, de hecho —. Nos vemos mañana, cariño —su voz se volvió seductora y más ronca de lo usual, poniéndose en personaje. Formó una sonrisa hipnótica en su rostro y se marchó de mi habitación. Estaba muy jodida
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