—¿Qué otro asunto tenemos por resolver Ekatherina? —Pregunta Sergey con los dientes apretados, aunque se hizo un torniquete en la pierna con su cinturón para controlar el sangrado, para mi propia satisfacción me percato que sufre como un cobarde al tener una herida en su pierna, ya que cada cierto tiempo lanza unos cuantos quejidos. —No entiendo de que tanto te quejas, que yo recuerde he tenido más heridas de bala que tú en todos estos años “papá”. —N-no me llames así. —Grita furioso. —No te preocupes no lo eres, aunque eres igual a ese infeliz, pero bueno que se podía esperar si por tus venas corre la misma sangre que la de mi difunto padre, el cual, por cierto, espero se esté pudriendo en el infierno, con el resto de tu familia. —Escupo esto que deseaba gritarle desde el instante en

