Stefano Observo el lugar por donde mi gatita se ha ido y simplemente me dejo caer al piso, por mi culpa la mujer que amo me odia profundamente y no solo eso, perdimos a nuestro bebé por no creer en sus palabras, soy el único culpable de todo el daño que le hice a Ekatherina, bajo mi cabeza y lloró como un niño pequeño hasta que siento una mano posarse en mi cabeza. —Hijo, ¿Qué hiciste? ¿Por qué no confiaste en la palabra de esa chica? —Pregunta mi nonna quien me observa con sus ojos llenos de dolor, el cual no se compara con la agonía qué siento en este momento. —Simplemente fui un imbécil, todo apuntaba a que ella te había secuestrado y perdí la cabeza al creer que algo malo pudiese sucederte. —Pero esa no es excusa para hacer eso Stefano, siempre te lo he dicho, esta vida no me gusta

