Stefano Después de la muerte de Plutarch todos los días me encierro en mi despacho y comienzo a trabajar sin descanso, es una forma de evadir todo el cúmulo de emociones que se arremolinan en mi interior. —Por Dios Stefano, quiero que salgas de aquí y te dé un poco de aire. —Me regaña mi nonna en cuanto traspasa el umbral de la puerta. —No puedo, debo… —Jefe, me informaron que la señorita Ekatherina saldrá del país en una hora. —Nos interrumpe uno de mis hombres, sin dudarlo me levanto de mi asiento para evitar que mi gatita me abandone nuevamente. —¡Stefano! No se te ocurra impedirle a esa chica irse de aquí, si ella no quiere estar a tu lado debes de respetar su decisión, debes de hacerte responsable de tus actos. —Comenta mi nonna antes de que pueda siquiera salir de mi despacho.

