CAPÍTULO VEINTIUNO Sus ojos se nublaron con lágrimas, Emily bajó rápidamente al porche con su teléfono celular. Se las arregló para escribir un mensaje de texto a Amy. Un segundo después su celular se iluminó con una llamada entrante de su amiga. Emily la contestó con manos temblorosas. —¿Qué está pasando?—preguntó Amy con pánico. —Es Daniel—respondió Emily, con su voz trémula—. Se está yendo. En el porche, en la oscuridad de la noche, bajo una luna de invierno, Emily temblaba. Pero era como si el frío fuera interno, no proveniente de la brisa helada sino de algún lugar profundo y oscuro que se abría dentro de ella. —No lo entiendo—dijo Amy—. ¿Adónde va? Emily miró la luz que brillaba en la ventana de su dormitorio, sabiendo que Daniel estaba adentro empacando sus cosas. —Es una lar

