CAPÍTULO VEINTIDÓS Emily se detuvo fuera del apartamento de Amy en East Village y apagó el motor de su coche. Había sido un largo viaje nocturno y estaba exhausta. Cogió su móvil del bolso y llamó al hotel, sin querer hablar con Daniel. Fue Lois quien respondió. —¿Puedes poner a Chantelle en la línea?—preguntó. —Claro—respondió Lois. Entonces, a través del sonido apagado de su mano en el receptor, escuchó a Lois gritar—: ¡Chantelle! ¡Es Emily! Emily maldijo por dentro. No quería que Daniel supiera que estaba llamando. La voz de Chantelle apareció al otro lado de la línea, tan brillante como siempre—. ¿Ya estás en Nueva York? —Sí—respondió Emily—. ¿Papá te dejó poner jarabe en tus panqueques? —No—dijo Chantelle con tristeza—. Pero me dejó comer fresas. —Eso está bien. —Emily trató

