Ariana soltó una carcajada. —Jajaja… —¿De qué te ríes? —preguntó Yasmine, levantando la barbilla con indignación. Ariana dejó el libro a un lado y se incorporó un poco, mirándolas con desdén. —Me río de lo ridículas que son. ¿Qué tan tontas hay que ser para hacer el papel de payaso frente a mí? ¿Creen que estoy tan aburrida en casa? Lo siento, pero ver sus caras me da náuseas… así que lárguense. No tenía tiempo para seguirles el juego, y mucho menos a personas que detestaba. Su tiempo era demasiado valioso para desperdiciarlo con ellas. Los ojos de Victoria se llenaron de lágrimas, luciendo frágil y lastimosa. —Ariana… ¿cómo puedes decir eso? Yasmine y yo vinimos con buenas intenciones a visitarte. Sé que vienes del campo y que quizá no aprendiste modales, pero ahora que te has casa

