En cuanto a las personas maduras y sinceras como su hermana y Ariana, eran literalmente una en un millón. No creía que Yvonne Jenkins fuera la excepción. Ariana tomó un sorbo de vino y respondió: —No juzgues un libro por su portada. Te conozco desde hace más de una década y puedo decir con certeza que te sentirías atraído por alguien como Yvonne. Durante la secundaria, Ariana había ayudado a Nathan a entregar cartas de amor en varias ocasiones, y todas las chicas que le gustaban eran sinceras y de rostro dulce. Crystal sonrió al escucharla. —Me alegra oírte decir eso. Siempre había creído que Ariana entendía a su hermano mejor que nadie. Mientras conversaban, Yvonne se acercó a ellos con una sonrisa radiante. —Hola, Ariana, Crystal. ¡Me alegra mucho verlas aquí! Las saludó con cal

