Kerana

3322 Words
Desde que era niña acostumbraba visitar a mis abuelos que vivían en el interior, siempre que me quedaba a dormir en su casa escuchaba a alguien silbándome desde lejos, nunca supe quien lo hacía y tampoco tenía interés en saberlo. Al cumplir los 18 años seguía escuchándolo y por temor de que fuera algún acosador deje ir a esa casa.  Un día recibí la noticia de que mi abuelo había muerto y decidí volver al lugar para asistir al velorio que se hizo en su casa. Todos mis familiares y vecinos de mis abuelos estaban presentes en el lugar, pero una persona en particular que nunca antes había visto llamo mi atención. Era un joven de cabello n***o y piel pálida que miraba con atención a mi abuelo, no emitía expresión alguna, lo miraba con frialdad como si no le importara su muerte. Se percató de mi presencia y clavo su mirada en mí. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al sentir una mano sobre mi hombro, me di la vuelta para encontrarme con una de mis tías.  -Qué bueno que hayas venido cariño, significaría mucho para tu abuelo. -Lo se tía, no podía faltar en un momento así.-cuando volví a mirar al joven, este ya no estaba. -¿Por qué no vino tu hermano? -tenía que trabajar, a él no le gusta mucho ir a los velorios. -¿A quién si? -espero que mi madre se reponga pronto. -Estoy segura que lo hará, tu madre es una mujer muy fuerte.  -¿Dónde se le va a enterrar? -Allí-señalo un árbol que se encontraba sobre una colina.-ese era su deseo según mama. En ese momento recordé aquel silbido que escuchaba cuando era niña, ese silbido provenía de ese árbol. -Debe ser incomodo para mi abuela que se le entierre tan cerca de su hogar. -Lo dudo por un momento, pero al final acepto. Luego del entierro traerá un pastor para bendecir el lugar. -Ya veo. Al ver el árbol no pude evitar sentir escalofríos, siempre me dio mala espina por ser tan diferente a los otros árboles. Su tronco era deforme y las frutas que tenía expiraban un desagradable aroma. Las horas pasaron hasta que finalmente se le enterró bajo el árbol. Volví a escuchar aquel silbido y al percatarme que los demás no parecían oírlo, me mentalice que a lo mejor era mi imaginación jugándome una mala broma. Como estaba acostumbrada a oírlo a lo mejor mi mente lo manifestó. Cuando termino el entierro mi abuela se quedó parada junto a la tumba mirando al árbol y hablando con él. Me pareció extraño su comportamiento, pero no le di importancia. Me disponía a volver a la ciudad hasta que mi madre me rogo que no me fuera. No quería dejar sola a su madre en un momento así y tampoco quería quedarse sola con ella en esa casa. Acepte desconfiada y me instale en el viejo cuarto donde acostumbraba quedarme cuando era niña. En el momento que entre en ese cuarto, sentí una energía negativa en el lugar. Solo deseaba que mis días en ese lugar, pasaran lo más rápido posible. Esa noche mi abuela preparo su especialidad, bife koygua. Era una gran cocinera, en su juventud trabajo en varios establecimientos de comida, para venir a vivir con mi abuelo en este lugar. La cena fue bastante silenciosa, ninguna de ellas tenía ganas de platicar hasta que mi tía entro con una enorme sonrisa en sus labios. -¿Por qué esas caras largas?-ella era muy alegre, aunque se sintiera mal por la muerte de mi abuela, trataba de disimular para hacernos sonreír. -¿Por qué vienes tan animada?-pregunto mi madre. -Les tengo una sorpresa-pronuncio el nombre mi hermano y el entro por la puerta. -Hola a todos, siento no haber venido antes-mi medre se levantó para abrazarlo y el correspondió para después abrazar a la abuela.-mis pésame. -Gracias por venir, ¿Qué hay de tu trabajo? -Pedí permiso para faltar. Terminamos de cenar y todos nos fuimos a dormir, menos mi hermano quien se quedó parado mirando por la ventana a aquel árbol. Trate de conciliar el sueño, pero no podía, tenía la sensación de tener a alguien acompañándome dentro de la habitación. Me levante de la cama y fui a donde se encontraba mi hermano. -¿No puedes dormir?-le pregunte llamando su atención. -No y ¿vos? -Tampoco, hace tiempo que no te veía. -¿Me extrañaste? -Era divertido tener a alguien con quién pelear. -Es extraño, ¿no?, un día estamos aquí y al siguiente no. -Realmente me sorprende que hayas venido. -Si no lo hacía no me lo iba a perdonar. Nos quedamos toda la noche platicando y contando anécdotas de nuestra vida hasta que amaneció. MI hermano y yo salimos a caminar por los alrededores y ninguno de los vecinos había salido de sus hogares. -Qué raro que nadie haya despertado. -¿Por qué lo dices? -Pensé que la gente que vivía en el interior era madrugadora. Nos sentamos cerca de un arroyo y nos pusimos a recordar anécdotas del pasado hasta que escuche a alguien silbándonos desde lejos. Mi hermano se mostró nervioso y una expresión seria se formó en su rostro. -¿Tú también lo escuchas? Asintió sin decir ninguna palabra, nos quedamos en silencio por unos momentos hasta que el silbido dejo de escucharse. De repente su vista se centró en un punto fijo y se levando del suelo para caminar hacia unos árboles ubicados al otro lado del arroyo.  -¿A dónde vas? Permaneció callado por unos minutos y luego se levantó del suelo para dirigirse hacia unos árboles ubicados al otro lado del arroyo.  -¡Alan!, te estoy hablando. Lo seguí en silencio hasta llegar a un campo de maíz, Alan se adentró a el hasta perderse entre la maleza. Asustada de que pudiera pasarle algo, entre a buscarlo, pero no lo veía por ningún lado. Corrí a avisarle a mi madre y ella fue a pedir ayuda a los vecinos. Los vecinos fueron a buscar a mi hermano con ayuda de perros rastreadores, pero no pudieron hallarlo. Le alertamos a la policía y ellos iniciaron la investigación para encontrarlo. Pasaron los días y no hubo ningún rastro de él, fue un evento que se quedó marcado en mi memoria.  Capítulo 2 Ya no quería quedarme en ese lugar, así que regrese a la ciudad. Volví a mi vida rutinaria y atareada y decidí no darle más importancia a lo ocurrido con mi hermano. Fue muy extraña su desaparición tomando en cuenta que no había nadie rondando por ese lugar aparte de nosotros. Una noche cuando me encontraba estudiando en la habitación, oí varios platos rompiéndose desde la cocina. Tome el florero que estaba sobre me mesa de noche y baje a investigar. Cuando llegue a la cocina no había nadie ahí. Oí risitas a mis espaldas y por el radillo del ojo pude notar una sombra que cruzaba la puerta. Salí de la cocina vi a un hombrecito de baja estatura sentado en el sofá. Me acerque silenciosamente a él con el jarrón en mano, la sombra noto mi presencia y se giró para mirarme. Retrocedí asustada y el salto sobre mí para estirar mi cabello. Intente soltarme de su agarre, pero era imposible. Le rogué que me soltara, pero siguió jalándome hasta sacarme de la casa. Me llevo hacia un árbol que tenía la misma forma del árbol que estaba en la casa de mis abuelos. Grite esperando que alguien me ayudara y afortunadamente las luces de la casa de junto se prendieron y una de las ventanas se abrió provocando que la entidad me soltara. Cuando me levante del suelo, la criatura y el árbol habían desaparecido. “¿Qué carajo está pasando?” pensé. Unos vecinos tocaron el timbre de mi casa y yo les atendí para decirles que me encontraba bien. No quería estar sola, así que pase la noche en la casa de una de mis vecinas. -Gracias por dejar que me quedara-le dijo tomando la taza de café que me estaba ofreciendo. -Por nada, ¿Qué eran todos esos gritos? -Es que…tuve una pesadilla. No le conté la verdad para que no pensara que estaba loca, ¿Cómo se suponía que le explicará algo así? Al día siguiente, me despedí de mi vecina y regresa a mi casa esperando el ambiente estuviera igual que siempre. Me sorprendió ver un desastre en mi cocina. El suelo estaba lleno de platos rotos y la puerta del refrigerador se encontraba abierta y sin nada de comida. Como si nada hubiera pasado, cerré la puerta de la heladera y me puse a recoger la basura del suelo. Me dirigí a mi habitación y me prepare para ir a trabajar. Al llegar al trabajo, unas compañeras se encontraban en el pasillo hablando sobre temas paranormales, como era época de Halloween era normal que lo hicieran.  Yo por el contrario, siempre he tenido terror por ese tipo de cosas, nunca me gustaron las películas de terror y evitaba ir a los campamentos que organizaba mi escuela por miedo a que algún monstruo viniera a comerme. Me senté en mi escritorio deseando que ya fuera la hora del almuerzo, con el apuro que tuve en salir de mi casa, olvide desayunar. -¿Tienes hambre?-pregunto mi compañero Santiago echándose a reír. -¿Qué te hace pensar eso? -Tu estomago ruge peor que un león. -Voy a salir un momento. -No puedes, ya es hora de abrir-dijo mostrándome su reloj. -Que molestia. Diego me regalo uno de sus panes que tenía guardado para el almuerzo y me lo comí rápidamente sin que nadie lo notara. El resto del día trascurrió bastante tranquilo, vinieron unos clientes un poco odiosos, pero nada que no pudiera manejar. En la hora del almuerzo fui a comer con Diego a una cafetería que se encontraba a unas pocas cuadras de la empresa. Nos sentamos en una de las mesas que estaban junto a la ventana y ordenamos una pizza grande. -Esta noche habrá un maratón de películas de terror en el cine, ¿quieres ir? Diego era alguien inmaduro para su edad, le encantaba asistir a convenciones de videojuegos, ver películas de superhéroes y coleccionar figuras de personajes animados. -No creo poder, es que tengo que… -¿Hasta cuándo seguirás dándome excusas? -No son excusas. -Si no te intereso ten la valentía para decírmelo de frente. -No es eso, es que no comparto tus mismos intereses. -Bueno, hagamos algo que tú quieras. Diego era muy atractivo, tenía un aire de misterio que volvía loca a las mujeres, la verdad me la pasaba bien con él y seria genial que pudiéramos tener algo que más que una amistad. -Sí, eso me gustaría. -¿Enserio?-pregunto tomando mis manos. -Si-respondí asintiendo. -¡Por fin!-dijo en voz alta. -No hables tan fuerte-dije echándome a reír.-El sábado tocara una banda que me gusta mucho, podríamos ir allí. -Si claro. Al terminar de almorzar, regresamos a la oficina y cada uno se fue en sus respectivos lugares hasta que llegó la hora de la salida. Subí mi auto y me disponía a dirigirme a mi casa cuando recordé lo ocurrido anoche, tenía miedo de volver a mi casa. Encendí el motor y conduje a la casa de mi madre. Capítulo 3 Toque la puerta y ella me atendió minutos después, se sorprendió al verme ya que no acostumbraba a visitarla. -Hija, ¿paso algo? -No mama, solo vine a verte, ¿puedo pasar? -Claro-se hizo a un lado de la puerta para dejarme entrar. Me senté en el sofá y ella me sirvió un vaso de jugo con una rebanada de pastel que tenía guardado. Ella era una gran cocinera al igual que mi abuela. Su especialidad eran los postres y cada viernes acostumbraba hacer un “pastel sorpresa”. -¿Cómo va el trabajo? -Bien, no hubo nada interesante. Y ¿hay noticias de mi hermano? -Aun no pudieron hallarlo, los oficiales ya están abandonando la búsqueda. -Como siempre no se puede confiar en ellos. -Hace tiempo que no vienes a visitarme. -Perdón por dejarte de lado, pero es que tengo muchísimo trabajo y apenas tengo tiempo. -Lo entiendo, este sábado iré a visitar a tu abuela. -Lo siento mama, pero no puedo volver a esa casa. -Lo entiendo, la muerte de tu abuelo más la desaparición de Alan nos afectó mucho. -No es solo eso, anoche…me paso algo que no puedo explicar. -¿Qué ocurrió? -Un hombre de baja estatura apareció en mi casa y me estiro del cabello, no sé quién era, pero quiso llevarme con el mama, y el mismo árbol donde se le enterró al abuelo, apareció en mi jardín. -Hija, estas alterada por lo que ha pasado y lo entiendo. -Mama, no tiene nada que ver con eso. -Seguro que lo habrás soñado. -No fue un sueño mama, cuando desperté en la mañana, encontré mi cocina un chiquero y mi comida había desaparecido. -¿Hablaste con la policía? -¿Para qué mama?, ¿para qué me metan en un manicomio?, no quiero regresar ahí, ¿podría quedarme contigo? -Pero hija, no puedes abandonar tu hogar. -No pienso hacerlo, será solo por unos días. -Bueno, si eso te tranquiliza. -Gracias mama. Me calmo alegraba haber venido. La culpa que sentía por tantos días no verla desapareció por completo y lo mejor era que no tendría que enfrentarme a lo que fuera que estuviera en mi casa.  -Y, ¿tienes planes para esta noche? -No creo, ¿Por qué? -Tu tía me invito a un babyshower, ¿quieres venir? -No gracias, creo que me quedare por hoy en casa. -Como quieras, ¿estarás bien si te quedas sola? -Claro que sí. -Bien, me imagine que no ibas a querer estar con un montón de viejas. -No eres tan mayor-reí. Siempre fue una dramática que exageraba por todo. Seguí platicando con ella hasta que llego mi tía. Se levantó del sofá y se dirigió a su cuarto para cambiarse de ropa. Mi tía se sentó a mi lado esperando que saliera pronto. Mientras que ellas se encontraban celebrando el futuro nacimiento del hijo de una compañera de mi tía. Yo me quede en la sala viendo la televisión, no había nada interesante para ver más que las mismas películas que ya había visto millones de veces. Comenzó a entrarme el sueño y mis parpados me pesaban. Cerré los ojos lentamente hasta quedarme dormida. Desperté recostada sobre la tumba de mi abuelo, me levante rápidamente al escuchar ese odioso silbido. Levante la vista topándome con aquel horroroso árbol. Quería moverme de allí, pero algo me detenía. Mi cerebro me decía que era peligroso permanecer en ese lugar, pero mis piernas no reaccionaban, estaban completamente paralizadas. Las ramas del árbol se movieron y un extraño ser salto del árbol colocándose junto a mí. Baje la mirada sin prestarle atención para que se fuera, pero se quedó mirándome detenidamente, estaba tan cerca que podía sentir su respiración. Rece mentalmente rogando que la criatura se fuera. El ser desapareció y rápidamente me fui corriendo del lugar. Cuando estaba por cruzar el portón cuando alguien estiro mi cabello haciéndome caer al suelo, aquella criatura me llevaba arrastrando hacia el maizal donde desapareció mi hermana. Volví a rezar esperando que me soltara, pero siguió jalándome hasta entrar en el maizal. Finalmente me soltó, mire a mi alrededor y me sorprendí al ver que me encontraba en un bosque. Una espesa niebla se formó a nuestro alrededor y seis monstruosas siluetas comenzaron a aparecer. Desperté gritando y con la respiración agitada. Ya no me encontraba en la casa de mi madre, sino en el patio de mi casa. Asustada Salí corriendo de allí y me fui en a visitar a la única persona que podría explicarme lo que me estaba pasando. Una ex compañera de colegio que según recordaba había vivido experiencias paranormales, estaba segura que ella no me tacharía de loca. Al llegar allí, se sorprendió al verme. No éramos muy amigas que digamos, pero nos llevábamos bien. -Hola Tajy, ¿Qué haces aquí? -Hola Jazmín, ¿puedo pasar? -Si-me guio a su sala. Me senté en su sofá y ella se sentó a mi lado. Capítulo 4 -Perdona que haya venido tan temprano. Pero de verdad necesito tu ayuda. -No te preocupes, ¿Qué se te ofrece? -¿Sigues teniendo experiencias paranormales? -¿A qué viene esa pregunta? -Digamos que…podría estar pasando por algo parecido. -¿Qué ocurrió? -¿Tú crees en mitos como el Jasy jatere o el pombero? -La verdad no. -Me lo imaginaba, perdona, no debí venir. -No, entiendo que hay muchas personas en el interior que dicen haberlos visto, ¿te paso algo parecido? -Sí. Le conté lo que me había pasado y lo tomo bastante bien, no se burló de mí, pero tampoco dio ningún comentario al respecto. -Y… ¿Qué opinas? -La verdad no sé qué decirte, te diría que puede ser sugestión, pero no creo que sea tu caso, ¿segura que no estabas soñando? -No, estaba totalmente despierta. -¿Ingieres alguna droga? O ¿bebiste alcohol? -No, estaba muy consiente. Te lo juro. -¿Puedes mostrarme el lugar? Asentó y la lleve a mi casa, le mostré el jardín y el lugar donde había visto al árbol. -Aquí fue donde el duende me llevo, justo donde apareció el árbol. -No siento nada. -¿Estas segura? -Muy segura, mi percepción nunca se equivoca. -Tal vez en la cocina percibas algo-la tome del brazo y la lleve a la cocina. -¿Qué tal ahora? -Nada, lo siento. -Entonces… ¿me lo imagine todo? -Es lo más probable. -Prefiero pensar eso a creer que fue pombero. -¿Eso es todo? -Creo que sí, gracias por venir. -Por nada. No me quede tranquila por lo que me dijo, pero preferí darle la razón. De cualquier modo, hice que un cura bendijera mi casa y decidí no darle más importancia al asunto. A la semana siguiente Diego se molestó por haberlo dejado plantado en el concierto. Con todo lo que paso, había olvidado por completo nuestra cita. Se la pasó ignorándome todo el día, quería disculparme, pero cada vez que iba a hablar con él, se iba con alguien más y me dejaba sola. A la salida, me apresure en alcanzarlo antes de que subiera a su auto. -¡Diego! Siguió caminando sin prestarme atención. -¡Diego!, ¡se que puedes oírme! Iba a subir a su auto, pero me coloque frente a el para impedírselo. -Tenemos que hablar. -¿De qué? -Siento haberte dejado plantado. -No es la primera vez que lo haces. -Lo sé, es que me olvido muy fácilmente de las cosas, perdóname-lo bese esperando que se le pasara el enojo y el correspondió al beso. -Entonces, ¿te gusto? -No solo eso, me encantas. -Entonces, ¿quieres ser mi novia? -Si me gustaría-nos besamos apasionadamente. Rodee su cuello con mis brazos y el me tomo de la cintura pegándome más a su cuerpo. Abrió la puerta de su vehiculó y nos tumbamos en el asiento. Nos quedamos así por unos momentos hasta que el guardia del estacionamiento nos alumbro con su linterna. Ambos nos echamos a reír y le di un último beso antes de salir de su auto. A partir de ese momento volví a tener una vida social activa como la que tenía en la secundaria. Me codee con sus amigos y comencé  Luego de bendecir la casa, deje ver al duende, pero de vez en cuando tenía pesadillas con el árbol deforme. Soñaba que me encontraba en mi patio y el árbol me succionaba hasta devorarme.
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