otra historia alterna

4234 Words
Ella no sabía si lo que le ocurría era real o una ilusión creada por su propia mente. De lo único que estaba segura era de que durante toda su vida, tuvo la desagradable sensación de ser observada por alguien o algo. Sentía que un extraño ser vigilaba cada uno de sus movimientos. Su paranoia aumento con la llegada de un nuevo compañero de trabajo, un amigo de la infancia con el que solía compartir maravillosos momentos. Momentos que no recordaba que hayan sucedido. Había llegado la hora de la salida, y todos los empleados de la empresa se habían ido, menos Celeste, quien se había quedado para terminar de archivar unos documentos que el tacaño de su jefe le había dado a última hora. Pensaba que se encontraba sola, hasta que su compañero Sebastián entro en la oficina interrumpiendo su trabajo. -Oh, Celeste, pensé que no había nadie. -Yo pensé lo mismo, ¿Qué haces aun aquí? -Me quede a terminar unos informes que debo entregar mañana, por suerte ya acabe. -Qué bueno por ti, a mí todavía me falta mucho. -¿Quieres que te lleve? -No gracias, traje mi auto. -Bueno, entonces nos vemos mañana-dijo saliendo de la oficina. Termino de guardar los archivos y cerro la oficina con llave, se dirigió al estacionamiento y cuando caminaba a su vehículo, oyó un disparo a lo lejos. Rápidamente se giró para ver quien había disparado y al no ver a nadie se apresuró en llegar a su auto, nerviosa busco su llave en la cartera hasta que se detuvo al sentir un metal frio en el cuello, dejo caer la cartera y un escalofrío recorrió su cuerpo. -No grites-susurro un hombre en su oído. Celeste trago saliva y cerró los ojos esperando lo peor, pero nada pasaba. Volvió a abrirlos cuando dejo sentir el arma en el cuello. Se sorprendió al ver a Sebastián parado cerca del cuerpo de un hombre que estaba tumbado en el suelo, el hombre se había quedado dormido por alguna razón. El color de sus ojos era distinto al que solía ser, levanto su mirada a Celeste y sus ojos volvieron a su color original. Quiso acercarse a ella, pero Celeste retrocedió hasta chocar con la puerta del coche. -¿Estas bien?-pregunto Sebastián tranquilamente como si no hubiera pasado nada. -Cr-creí que te habías ido. -Iba a hacerlo, pero vi que ese hombre te seguía y no podía dejar que estuvieras en peligro. -Gra-gracias por ayudarme-rápidamente subió al auto y acelero hasta llegar a su casa. Aseguro todas las puertas y ventanas para evitar que se metiera algún criminal. Su hermana Pamela se encontraba preparando la cena, cuando escucho su escándalo. -¿Qué te pasa?, ¿Por qué vienes tan nerviosa?-pregunto mientras le ofrecía a Celeste un plato de puré de papas y pollo. -Paso algo extraño, estaban a punto de asaltarme cuando llego Sebastián, sus ojos cambiaron de color de un momento a otro, y no sé cómo el ladrón se quedó dormido de la nada. -¿Te sientes bien?-toco su frente para asegurarse que no tuviera fiebre. -Te estoy hablando enserio, yo vi como cambiaron de color. -Te lo habrás imaginado, después del susto que tuviste, es normal. -Sí, creo que tienes razón. Pamela se hecho a reír y fueron a cenar a la cocina. A ella siempre le parecieron absurdos los dramas de su hermana, Celeste era una persona muy alterada, que se estresaba por casi todo, convertía el más mínimo problema en una situación de vida o muerte. Pamela por el contrario, era una chica relajada que no le daba importancia a casi nada. Celeste intento sacarse de la cabeza lo que había ocurrido con Sebastián y se fue a dormir a su cuarto. Durante la noche se vio a ella misma en un extraño lugar completamente rodeado por nubes, el lugar era similar al cielo, pero no le trasmitía ninguna paz. A lo lejos escuchaba una voz que le resultaba familiar, pero no recordaba de quien era. Despertó de golpe y con la respiración agitada, no era la primera vez que soñaba con ese lugar. Todas las noches durante su adolescencia, ha estado soñando con el mismo lugar una y otra vez. Pensaba que era una etapa que logro superar, pero aparentemente volvieron a aparecer. En su trabajo trato de evitar a Sebastián. Cualquier persona hubiera estado feliz de volver a ver su amigo de la infancia luego de mucho tiempo, pero para Celeste era diferente. La personalidad de Sebastián y su apariencia habían cambiado, se había convertido en una persona completamente distinta a quien ella recordaba. No lograba recordar a su amigo, aquella conexión que llegaron a tener anteriormente, ya no estaba. Se había convertido en un desconocido para ella. Afortunadamente tanto ella como Sebastián estaban muy ocupados en sus actividades, así que, apenas tuvieron tiempo de dirigirse la palabra. La mañana transcurrió tranquila hasta que llegó la hora del almuerzo, Celeste fue con su compañera Evelin a la cafetería que se encontraba a unas pocas cuadras de la empresa. Pidieron una orden de pastas con jugo de naranja y se sentaron en una de las mesas que estaba cerca de la ventana. -Estoy muerta, ya quiero que sea la salida-dijo Evelin. -También yo. -Hoy es el cumpleaños de tu novio, ¿verdad?, ¿Qué le vas a regalar? -¡¿Cumpleaños?! -¿Volviste a olvidarlo? -No sé que tengo en la cabeza. -El trabajo te absorbe mucho, ¿no? -Lo he descuidado mucho, solo nos vemos los fines de semana. -Debes aprender a equilibrar el trabajo con tu vida diaria, la vida no es solamente trabajo. -Lo sé, ¿Qué le voy a regalar? -Mi prima tiene una pastelería, le diré que le mande un pastel de tu parte y luego tú me devuelves el dinero. -Gracias Evelin. Después del almuerzo, regresaron a la oficina y se pusieron a trabajar en sus respectivas tareas. Evelin siempre la ayudaba en todo lo que necesitaba, desde que Celeste entro en la empresa, ella fue la encargada de enseñarle todas las funciones del cargo. Hace un año que comenzó a trabajar en la empresa y se ha esforzado por mantener su puesto, se centraba tanto en el trabajo que descuidaba a su círculo de personas. Cuando llego el momento de salir, Celeste se dirigió a casa de su novio y se disculpó por haber estado ausente. El la callo con un beso, vendo sus ojos y la guio a la cocina. Le quito la venda y ella se emocionó al ver dos copas de vino y varias bandejas con bocaditos dulces y salados. Daniel coloco en la mesa, el adorno que Celeste le había obsequiado en su primer mes de novios. -Amor…no puedo creer que aún lo tengas. -¿Por qué no?, es especial. -Perdóname por…-iba a seguir disculpándose, pero Daniel volvió a callarla con un beso. -No digas nada, solo disfrutemos esta noche juntos. Pasaron las horas, el alcohol y la música de fondo comenzaban a hacer efecto, sus cuerpos se llenaron de lujuria y entre besos apasionados se metieron en su habitación y se dejaron llevar por el momento. Celeste había tomado de más y se quedó a dormir en casa de Daniel. Se despertó varias veces durante la noche, nuevamente estaba soñando con ese lugar rodeado por nubes y cuando despertaba después de cada sueño, aseguraba sentir una presencia dentro de la habitación, no lograba ver a nadie más que a Daniel, pero la presencia estaba allí. Cap. 2 La vida de un Dios era muy solitaria, a Morfeo se le tenía prohibido interactuar con los dioses debido a que fue castigado por Zeus por revelar secretos a los humanos. Solo podía recibir la visita de su padre y su único entretenimiento era observar a los mortales desde las alturas. Afrodita apareció en el hogar de Morfeo y se acercó sigilosamente a él para abrazarlo. Morfeo dejo de observar a los mortales y se giró para besarla. Afrodita era la diosa más hermosa y deseada por todos los dioses. Sentía una fuerte atracción por ella, pero debido a su pasado lujurioso con los otros dioses, no estaba seguro de que ella fuera la mujer ideal para él. -¿Por qué siempre miras a los mortales?, siempre que vengo a verte estas pendiente de ellos. -Me parecen interesantes. -No sé qué tienen de interesantes, no me gusta que vayas tan seguido a su mundo. -No tienes que preocuparte, no hay forma de que descubran que no soy humano. Al día siguiente, el jefe de Celeste había faltado a la oficina y ella se había quedado sola con las tareas del día. Afortunadamente el ambiente estaba tranquilo y no había tanto trajeteó como los otros días. Se estremeció al escuchar la voz de Sebastián desde la puerta. Volteo chocando con el provocando que las hojas que tenía cayeran al suelo. -Lo siento, no quería asustarte-dijo Sebastián recogiendo las hojas del suelo. -No te preocupes, ¿necesitabas algo? -Tu jefe no vendrá hoy y me pidió que lo sustituyera mientras estaba fuera. -¿A ti?, pero si apenas llevas trabajando aquí. -Sí, pero tengo mucha experiencia en sus funciones. -Eso es genial, que rápido te ganaste la confianza de los jefes. -Me gusta llevarme bien con todas las personas. -Bueno, has lo que tengas que hacer y yo seguiré trabajando. -Me parece bien-dijo sentándose en el escritorio del jefe de Celeste. Ninguno se dirigió la palabra durante todo el día. Sebastián era alguien carismático que se había ganado la simpatía de todos en poco tiempo, no entendía porque sentía tanta incomodidad cuando estaba cerca. Una repentina ansiedad comenzó a invadir su cuerpo. Se sintió observada por alguna razón. Podía sentir la mirada de Sebastián clavada sobre ella, pero cuando dejaba de ver su computadora para mirarlo, él estaba concentrado en lo que sea que estuviera viendo en el monitor. Fue al baño varias veces para tratar de calmar su ansiedad y eso funcionaba por un rato, pero luego, su ansiedad volvía y se incrementaba cada vez más. No lograba comprender lo que le ocurría a su cuerpo. La ansiedad fue tanta que le costaba concentrarse en su trabajo. -¿Te encuentras bien?-pregunto Sebastián despertándola de sus pensamientos. -Sí, ¿Por qué lo preguntas? -Haz ido mucho al baño-respondió con la mirada clavada en la pantalla de la computadora. -Creo que me siento un poco mal. -Puedes retirarte si quieres. -No quiero dejarte solo con el trabajo. -Ve tranquila, sabré como manejarme. -Gracias Sebastián, te debo un favor. Su ansiedad desapareció al salir de la oficina. En su camino a casa, trato de darle una explicación lógica a lo que acababa de pasar, pero no la encontraba. Al llegar a su casa, se sentó en el sofá y encendió el televisor para distraerse. Su hermana entro con bolsas del supermercado y se sorprendió al verla en casa tan temprano. -¿Qué paso?, no sueles salir temprano. -Me sentí mal de repente. -¿Quieres que te prepare un te? -No gracias. Fue a su cuarto, encendió la radio y se acostó en la cama. Se quedó dormida con la música sonando de fondo y nuevamente soñó con ese lugar. Afrodita miraba con rabia como su amado parecía estar muy interesado en una humana en particular. -¡Morfeo!-le grito tratando de llamar su atención. -Disculpa, ¿me decías algo? -Ya deja de mirar a esos mortales. -¿Qué más puedo hacer?, es el único entretenimiento que tengo. -Me tienes a mí, ¿no te entretengo?-pregunto acariciando su cuello. -Por supuesto que si.-la tomo de la cintura y la acerco más a él. -Tu padre divulgo la noticia que quieres compañía. -Es deprimente estar solo, quisiera que alguien me acompañe en mi dolor. -No me molestaría ser tu acompañante. -No puedo permitir que hagas eso, si Zeus se entera que vienes a verme, te castigara igual que a mí. -No me importa-lo besa-aceptare cualquier castigo con tal que me deje estar contigo. -Tomando en cuenta que también le interesas, será difícil que acepte nuestra relación. -Él no me interesa, no me importa ningún otro hombre que no seas tú. -Siempre sabes cómo animarme. El ángel guardián entro de repente interrumpiendo a la feliz pareja. -Ciento molestarlo señor, pero alguien quiere verlo. -Si es mi padre no me interesa verlo. -Es Zeus, mi señor. Morfeo soltó un ligero suspiro y le pidió a Afrodita que se fuera antes de que Zeus la descubriera con él. Afrodita lo beso por última vez y desapareció. -Hazlo pasar. -Si mi señor-el ángel hizo pasar a Zeus y luego se retiró para dejarlos solos. -Saludos Morfeo, ¿Cómo te ha ido? -¿Cómo le parece que me va?, gracias a usted, no tengo nada más que hacer que mirar a los mortales. -Es lo que te mereces por traicionar a los dioses, así que tu solo te lo has ganado. -Como usted diga, ¿se le ofrece algo? -Me han dicho que la diosa del amor viene a verte, ¿es cierto? -No lo es, ningún dios puede dirigirme la palabra, ¿acaso lo olvido? -Lo recuerdo muy bien, y también entiendo que quieres compañía. -¿A qué viene eso? -Siento un poco de compasión hacia ti, así que, he decido que puedes elegir a la mujer que quieras para que pase la eternidad contigo en este lugar. -¿Lo dice enserio? -Yo siempre hablo enserio. -Me imagino que hay una excepción. -Por supuesto, no puede ser ninguna diosa. -¿Entonces con quién?, ¿pretende que elija a una mortal? -Te has convertido en una escoria para los dioses y es lo único que puedes aspirar. -Comprendo señor. -Puedes elegir a la mortal que quieras, pero traerla hasta aquí quedara a tu cargo. Zeus se marchó y el ángel guardián entro con una expresión de curiosidad en el rostro. -Zeus es muy cruel. -No te imaginas cuánto, ¿escuchaste nuestra conversación? -No fue mi intención señor. -Él no nos dejara estar juntos. -¿Piensa seguir con su relación? -No lo sé, no quiero que lastime a Afrodita. -Ella lo ama demasiado señor, le rompería el corazón que usted se casara con alguien tan vulgar como una mortal. -Tal vez eso sea lo mejor. -¿A qué se refiere?, ¿sigue dudando sobre ella? -Ella se ha involucrado con varios dioses, no estoy seguro de lo significo para ella. -Ella lo ama señor, me lo ha dicho. -No estoy muy seguro de eso. Celeste despertó luego de haber vuelto a soñar con ese extraño lugar. Al igual que en la casa de Daniel, sintió una presencia en su habitación. Se levantó de la cama y fue al cuarto de Pamela porque no quería dormir sola esa noche. Pamela se encontraba sentada en su escritorio terminando una tarea de la universidad, cuando escucho la voz de su hermana llamándola desde la puerta, se levantó de su silla y le abrió la puerta. -¿Paso algo? -¿Puedo dormir contigo esta noche? -Y, ¿eso porque? -Por favor, será solo por esta noche. -Bueno, pero solo por esta noche-la dejo pasar. -Gracias Pamela. No pudo volver a conciliar el sueño, se sentía nerviosa por alguna razón. Su hermana dormía plácidamente, pero ella no podía dormir sin importar el sueño que tuviera. La extraña presencia volvió a aparecer con mucho más fuerza. Cuando llego en el trabajo al día siguiente, Evelin se acercó a su escritorio para bombardearla con preguntas. -¿Qué paso contigo ayer?, quise hablarte pero ya no estabas. -Es que me sentí mal y me retire temprano. -Que buena onda por parte de Sebastián, tu jefe nunca te hubiera dejado salir. -Sí, es muy amable-dijo Celeste mientras soltaba un bostezó. -¿Por qué tienes esas ojeras? -No pude dormir en toda la noche. -Y eso, ¿Por qué? -No lo sé, creo que el estrés del trabajo me está afectando. -Tómalo con calma. Llegaron las 7:30 de la mañana y Evelin se marchó a su puesto de trabajo. Celeste encendió la computadora y comenzó a trabajar en unos informes que tenía pendientes de realizar. Sebastián llego a los pocos segundos y fue directo a sentarse sin saludar a Celeste. -Buenos días, ¿hoy tampoco vino mi jefe? -Me aviso que tenía problemas familiares y que no volverá en una semana. -Que mal por él. -¿Te molesta que este aquí? -Claro que no, eres un gran jefe, especialmente porque me dejaste salir temprano, ¿me dejarías salir temprano de nuevo? -No abuses. Sebastián se sentó en el escritorio del jefe y se puso a teclear en la computadora. A diferencia del día anterior, tenía una expresión seria en el rostro, como si algo lo molestara. No le dio importancia y se concentró en sus deberes. Cuando llego la hora del almuerzo, Celeste fue con su amiga a la cafetería y se sorprendieron al ver a Sebastián sentado en una de las mesas con una mujer. -¿Ese es Sebastián? -Si, al parecer tiene novia. Que mal por otras chicas, debe ser muy cotizado por mujeres y hombres. -¿Qué tiene de especial? -Hay por favor, no me digas que no te parece atractivo. -Tal vez un poco, pero Daniel es más lindo. Decidieron sentarse en una mesa apartada de ellos para no molestarlos. -¿Para qué querías que nos viéramos aquí? -Hay algo que debo decirte y no será fácil. -¿Es algo malo? -Como quieras tomarlo. -Ya dime, no me dejes con la curiosidad. -Lo nuestro no podrá realizarse como queríamos. -¿Qué?, ¿Por qué? -Zeus se opone a lo nuestro. -No me importa lo que él diga, quiero estar contigo. -Quiere que me case con una mortal. -¿Con una mortal?, él no puede hacer eso. -Cree que no merezco estar con ninguna diosa y que soy una escoria que no merece estar al nivel de los otros dioses. -No vas a hacerle caso, ¿verdad?, ¿un dios casado con una mortal?, eso es ilógico. -No sería el primer dios que se metiera en una relación con una mortal. -No me importa, si hablo con él, tal vez logre convencerlo. -te hará daño, he visto lo que le hace a los dioses que lo desobedecen, no me gustaría que te hiciera daño. -Él no me hará daño, esta admirado con mi belleza y tal vez pueda hacer algo para… -No-le interrumpió.- no quiero que te involucres, no me arriesgare a que te haga daño. Evelin y Celeste terminaron de almorzar y volvieron al trabajo. Cuando Sebastián regreso a la oficina, la expresión de su rostro permaneció seria durante toda la jornada. Llego la hora de la salida y Celeste se apresuró en tomar su cartera para largarse. Cuando estaba por llegar a la puerta Sebastián la detuvo sujetándola del brazo. -Espera Celeste, quisiera hablar contigo. -Sí, ¿Qué pasa? -¿Podemos ir a comer? -Es que… -Solo será un momento, me siento mal y necesito hablar con alguien de confianza. -Bueno, está bien. Sebastián llevo a Celeste a un restaurante muy lujoso y elegante. El lugar era muy ostentoso para mi gusto, pero no dije nada para no parecer grosera. -Es lindo este lugar. -¿Nunca habías venido? -No, ¿Por qué decidiste traerme aquí? -Yo… te extrañaba, extrañaba nuestra amistad de años y he querido reunirme contigo en algún lugar, pero siempre estabas metida en tu trabajo. -Sí, lo siento. Creo que a veces dejo que el trabajo controle mi vida. -Quisiera saber porque nos distanciamos. -No lo sé, las cosas cambian. -Quisiera que volviéramos a ser amigos y que me tuvieras confianza. -Si te tengo confianza. -Percibo tu incomodidad. -No quiero que tomes mal lo que te voy a decir, pero la verdad no sé si tú seas el Sebastián que yo conocí. -¿De qué hablas? -Bueno, casi no tengo recuerdos sobre ti. El día que llegaste a la empresa solo me dijiste que te llamabas Sebastián y que éramos amigos de toda la vida. En ese momento recordé tu nombre, recordé que éramos compañeros de colegio, recordé que me visitabas mucho cuando era niña, recordé como nos conocimos y como nos separamos, pero no recordé ninguna experiencia que hayamos vivido. -Es normal que se borren recuerdos de la mente, le pasa a muchas personas. -En realidad, ni siquiera recuerdo cual era tu personalidad. -Bueno, ahora podemos recuperar el tiempo perdido, ¿no te parece? -Sí, porque no. -Y ¿Cómo va todo con Daniel? -¿Cómo sabes sobre Daniel? -Ya me habías hablado de él. -¿Enserio?, no lo recuerdo. -¿Sabes qué?, leí en un artículo que el estrés y la ansiedad extrema causan pérdida de memoria, deberías cuidarte más y no estresarte tanto. Nunca sabes lo que podría pasar. -Es un buen consejo, procurare seguirlo. De repente una mujer elegante y esbelta interrumpió nuestra plática para abrazar a Sebastián. -¿Elena?, ¿Qué haces aquí? -Pasaba por aquí y te encontré platicando muy a gusto con esta chica, ¿Cuál es su nombre? -Soy Celeste, gusto en conocerte. -Igualmente, ¿me dejan sentarme?-pregunto Elena mientras traía una silla para sentarse La chica se acercó más a Morfeo y le dedico una mirada de odio a Celeste. Celeste se sintió acomplejada por la belleza de aquella mujer, todos los hombres del restaurante se quedaban embobados observándola. -Y, cuéntame, ¿Cómo conoces a Sebastián? -Somos amigos, es todo, ¿tú eres su novia? -Soy su prometida. Sebastián se disculpó con Celeste y llevo a Elena a una distancia suficientemente alejada para que no pudiera escuchar nada de lo que dijeran. -¿Qué te sucede? -¿Qué te sucede a ti?, ¿Por qué estas saliendo con esa mortal? -Cálmate, no es lo que parece. -¿Qué debo creer? -Ella no significa nada para mí, es una mortal que conocí y nos hicimos buenos amigos. Es todo. -¿Por qué debería creerte? -Estoy haciendo esto para protegerte de Zeus. -Yo quiero estar contigo. -Y yo contigo, pero por el momento es mejor fingir que me gusta esta mortal. -Y ¿Por qué ella?, ¿Qué tiene de especial? -Eres la única para mí. -Espero que sepas lo que estás haciendo.-Elena salió del restaurante dejando solo a Sebastián con Celeste. Volvió a sentarse con ella y se disculpó por el comportamiento de su prometida. -¿Se pelearon por mi causa? -No, no te preocupes. -¿Ella enserio es tu prometida? -Sí, pero ya no volverá a molestarnos con sus celos. -Creo que ya debería irme. -No te vayas, aún es temprano. -Debo encontrarme con Daniel en una hora, lo siento-dijo levantándose de la mesa para después retirarse del restaurante. Se apresuró en llegar a su casa. Se dio una ducha rápida y se puso un vestido corto de color rojo y unos zapatos taco alto de color n***o, se aliso el cabello y se sentó en el sofá de la sala a esperarlo. Recibió un mensaje de Daniel a los pocos segundos avisándole que la esperaba afuera. Celeste agarro su cartera del sofá y se fue con Daniel a la fiesta de cumpleaños que se le organizaba a su tío. Su familia era muy unida y siempre celebraban los cumpleaños juntos. Mientras que Daniel veía el partido con su padre y su tío, Celeste se quedó platicando con su suegra en el jardín. La madre de Daniel alardeaba a sus hermanas sobre lo buena novia que era para su hijo. -Estoy tan feliz que mi hijo se haya encontrado una mujer como tú. -No tiene que agradecer señora. La señora se quitó un brazalete que llevaba en la muñeca y se lo dio. -Quiero que lo tengas, ha estado en mi familia por generaciones y como algún día formaras parte de ella, quiero dártelo. -Es precioso, gracias. Acepto el regalo sin dudarlo y se lo puso. El brazalete era de color dorado con dibujos de rosas en él. La señora Carmen era la única suegra con la que consiguió llevarse bien, estaba segura de que Daniel era el hombre ideal para ella. Luego de la fiesta, Daniel llevo a Celeste a su casa y ella lo invito a pasar. Ambos se sorprendieron al ver un ramo de flores sobre la mesita de la sala. -¿De quién son esas flores? -Deben ser de Pamela-respondió Celeste mientras revisaba la tarjeta que estaba en el ramo.-no tiene nombre. -Pues espero que sean para tu hermana y no para ti. -No te pongas celoso. Celeste dejo las flores en un florero con agua para que no se marchiten y fue a sentarse con Daniel en el sofá. Se pusieron a ver películas hasta que llego Pamela. -Hola, hola. -Hola Pamela. -¿Qué tal Pamela? -Hola Daniel, ¿Cómo les fue en el cumpleaños? -Bien. Te regalaron un ramo de flores, un admirador secreto. -Olvide decírtelo, ese ramo era para ti, de un tal Sebastián. -¡¿Sebastián?! -¿Quién es ese tal Sebastián? -Se trata de un amigo, pero se las devolveré y asunto arreglado. Morfeo apareció en su recinto y llamo furioso al ángel guardián.
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