La herencia de kerana
Nunca fui una creyente de lo paranormal, me consideraba una persona completamente escéptica con este tipo de temas. Fui escéptica hasta ese día, el día en el tuve mi primera experiencia paranormal.
Recuerdo que mis abuelos me contaban historias de terror sobre un duende que rondaba su casa, un duende y un árbol. Un árbol aterrador que nunca se pudo descomponer, que sigue intacto hasta la actualidad y que siempre seguirá intacto.
Desde que era niña acostumbraba visitar a mis abuelos que vivían en el interior, siempre que me quedaba a dormir en su casa escuchaba a alguien silbándome desde lejos, nunca supe quien lo hacía y tampoco quería averiguarlo. Al cumplir los 18 años seguía escuchándolo y por temor de que fuera algún acosador deje ir a visitarlos.
Era viernes por la mañana, me encontraba trabajando en mi oficina cuando mi celular comenzó a sonar. Era mi madre quien me llamaba para avisarme que mi abuelo había muerto. Salí corriendo del trabajo y me dirigí a casa de mis padres.
Cuando llegue a la casa, vi a mi madre llorando en su habitación y me acerque a abrazarla.
-Todo estará bien mama.
-No puedo creer que pasara esto.
-¿A qué hora paso?
-A la madrugada, el velorio será en su casa.
-¿Por qué en su casa?
-En mi última visita, me había dicho que prefería ser enterrado bajo su árbol favorito.
El abuelo siempre había sido una persona con dones especiales, siempre que soñaba algo se volvía realidad. En más de una ocasión se ha enterado de cosas que nosotros jamás le habíamos contado.
-Empacare mis maletas y me quedare unos días con tu abuela, no quiero dejarla sola en un momento así.
-Lo entiendo, me parece bien.
-¿Podrías quedarte unos días también?
-No lo sé mama, no creo que me dejen en el trabajo.
-Por favor, solo por unos días.
-Está bien-no podía decirle que no al verla tan devastada.
No estaba muy entusiasmada por regresar a esa casa, nunca se lo dije a nadie, pero las noches en las que me quedaba a dormir, podía escuchar a alguien silbándome desde lo alto de uno de los árboles. Nunca le di importancia, pero aun así me daba escalofríos pensar que fuera alguno de esos seres que según mi abuela Vivian cerca de allí.
Deje mis miedos de lado y decidí acompañar a mis padres en el velorio, ¿Qué clase de nieta iba a ser si faltaba al velorio de mi propio abuelo?
Todos nuestros familiares y vecinos de mis abuelos estaban presentes en el lugar, pero una persona en particular llamo mi atención.
Un joven de cabello n***o y piel pálida que miraba con atención a mi abuelo. Lo observaba con cierto desprecio, como si lo odiara profundamente.
Se percató de mi presencia y clavo su mirada en mí. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al sentir una mano sobre mi hombro, me di la vuelta para encontrarme con una de mis tías.
-Qué bueno que hayas venido cariño, significaría mucho para tu abuelo.
-Lo se tía, no podía faltar en un momento así.-cuando volví a mirar al joven, este ya no estaba.
-¿Por qué no vino tu hermano?
-A él no le gusta mucho los velorios.
-¿A quién si?
Mi hermano era alguien tan dedicado a su trabajo como yo. Cuando era niño, sus compañeros de escuela le hicieron una broma en medio de un velorio, y desde entonces siente fobia cada vez que ve a un difunto.
-espero que mi madre se reponga pronto.
-Estoy segura que lo hará, tu madre es una mujer muy fuerte.
-Debe ser incómodo para mi abuela que se le entierre tan cerca de su hogar.
-Lo dudo por un momento, pero al final acepto. Luego del entierro traerá un pastor para bendecir el lugar.
-Ya veo.
Salí a respirar aire fresco y observe el árbol favorito de mis abuelos.
Ese árbol siempre me dio mala espina por ser tan diferente a los otros. Su tronco era deforme y sus frutos expiraban un desagradable aroma.
Llego el momento del entierro y nuevamente escuche el silbido proveniente de la cima del árbol. Los demás no parecían prestarle atención y comencé a pensar que yo era la única presente que podía escucharlo.
Termino la ceremonia y mi abuela se quedó parada junto a la tumba hablándole al árbol. Me pareció extraño su comportamiento, pero no le di importancia. Luego de perder a su marido, era normal que afectara su mente de alguna forma.
Quise volver a la ciudad, pero me quede a acompañar a mi madre. Me instale en el viejo cuarto donde acostumbraba quedarme cuando era niña y en el momento en que lo pise, sentí una energía negativa en el ambiente.
Solo deseaba que los días pasaran lo más rápido posible para regresar al ruido de la ciudad, el silencio del campo me ponía nerviosa.
Esa noche, un silencio bastante incomodo se apodero del hogar. Mi abuela no tenía ganas de cocinar, así que mi madre preparo uno de sus platillos favoritos.
La cena se mantuvo en completo silencio hasta que llego mi tía.
-¿Por qué esas caras largas?-ella era muy alegre, aunque se sintiera mal por la muerte, trataba de disimular para hacernos sonreír.
-¿Por qué vienes tan animada?-pregunto mi madre tratando de contener sus lágrimas.
-Les tengo una sorpresa-pronuncio el nombre mi hermano y el entro por la puerta.
-Hola a todos, siento no haber venido antes-mi madre se levantó para abrazarlo y el correspondió para después abrazar a la abuela.-mis pésame.
-Gracias por venir, ¿Qué hay de tu trabajo?
-Pedí permiso para faltar.
Terminamos de cenar y todos se fueron a dormir, menos mi hermano y yo.
-¿No vas a dormir?
-No tengo sueño.
-Tampoco yo.
Preparamos un termo de agua con terere y nos sentamos en las escaleras de la entrada.
-Hace tiempo que no te veía Alan.
-¿Me extrañaste?
-Era divertido tener a alguien con quién pelear.
-Es extraño, ¿no?, un día estamos aquí y al siguiente no.
-Realmente me sorprende que hayas venido.
-Si no lo hacía no me lo iba a perdonar.
Nos quedamos platicando sobre nuestra vida hasta el amanecer. Preparamos el desayuno para todos y luego salimos a caminar
-Qué raro que nadie haya despertado-dije mirando la zona.
-¿Por qué lo dices?
-Pensé que la gente que vivía en el interior era madrugadora.
Nos sentamos cerca de un arroyo y nos pusimos a recordar anécdotas del pasado. Cuando de repente aquel silbido volvió a sonar y mi hermano comenzó a ponerse nervioso.
-¿Tú también lo escuchas?
Asintió sin decir ninguna palabra, nos quedamos en silencio hasta que el silbido dejo de escucharse. De repente su mirada se centró en un punto fijo y se levando del suelo para caminar hacia unos árboles ubicados al otro lado del arroyo.
-¿A dónde vas?
Siguió caminando sin prestarme atención, como si estuviera poseído por algo.
-¡Alan!, te estoy hablando.
Lo seguí hasta llegar a un campo de maíz, Alan se adentró a el hasta perderse entre la maleza. Asustada de que pudiera pasarle algo, entre a buscarlo, pero no lograba veía por ningún lado.
Corrí a avisarle a mi madre y ella fue a pedir ayuda a los vecinos. Los vecinos iniciaron la búsqueda con ayuda de unos perros rastreadores, pero no pudieron encontrarlo.
Le alertamos a la policía y ellos realizaron la investigación. Luego de varias semanas, lo dieron por muerto y abandonaron la búsqueda.
Ese evento quedó marcado en mi memoria. Y desde entonces no quise saber nada más del campo.
Capítulo 2
Regrese a la ciudad volviendo a mi vida rutinaria y atareada. Fue extraña la desaparición de Alan tomando en cuenta que no había nadie rondando por ese lugar aparte de nosotros. De cualquier forma, tenía que superar su desaparición y seguir adelante.
Una noche cuando me encontraba estudiando en mi habitación, escuche el sonido de unos platos rompiéndose en la cocina. Tome el florero que estaba sobre mi mesa de noche y baje a investigar. Cuando llegue a la cocina no había nadie allí.
Oí risitas a mis espaldas y por el radillo del ojo pude notar una sombra que cruzaba la puerta. Salí de la cocina y vi a un hombrecito de baja estatura sentado en el sofá.
Camine sigilosamente para golpearlo por detrás, pero él se dio cuenta. Asustada retrocedí algunos pasos y salto sobre mí jalándome el cabello.
Intente soltarme de su agarre, pero era imposible. Le rogué que me soltara, pero siguió jalándome hasta sacarme de la casa. Me llevo hacia un árbol que tenía la misma forma del árbol que estaba en la casa de mis abuelos.
Grite esperando que alguien me ayudara y afortunadamente las luces de la casa de junto se prendieron y una de las ventanas se abrió provocando que la entidad me soltara. Cuando me levante del suelo, la criatura y el árbol habían desaparecido.
“¿Qué carajo acababa de pasar?” pensé. Unos vecinos tocaron el timbre de mi casa y yo les atendí para decirles que me encontraba bien.
No quería quedarme sola, así que pase la noche en la casa de una de mis vecinas.
-Gracias por dejar que me quedara-le dije tomando la taza de café que me estaba ofreciendo.
-Por nada, ¿Qué eran todos esos gritos?
-Es que…tuve una pesadilla.
No le conté la verdad por temor a que pensara que estaba loca, ¿Cómo se suponía que le iba a explicar algo así?
Al día siguiente, me despedí de mi vecina y regresa a mi casa esperando que el ambiente estuviera igual que siempre. Me desespere al ver un desastre en mi cocina.
El suelo estaba lleno de platos rotos y la puerta del refrigerador se encontraba abierta y sin nada de comida.
Como si nada hubiera pasado, cerré la puerta del refrigerador y me puse a recoger la basura del suelo.
Me dirigí a mi habitación y me prepare para ir a trabajar. Al llegar al trabajo, unas compañeras se encontraban en el pasillo hablando sobre temas paranormales, como era época de Halloween era normal que lo hicieran.
Yo por el contrario, siempre he tenido terror por ese tipo de cosas, nunca me gustaron las películas de terror y evitaba ir a los campamentos que organizaba mi escuela por miedo a que algún monstruo viniera a comerme.
Me senté en mi escritorio deseando que ya fuera la hora del almuerzo, con el apuro que tuve en salir, había olvidado desayunar.
-¿Tienes hambre?-pregunto mi compañero Diego echándose a reír.
-¿Qué te hace pensar eso?
-Tu estomago ruge peor que un león.
-Voy a salir un momento.
-No puedes, ya es hora de abrir-dijo mostrándome su reloj.
-Que molestia.
Diego me regalo uno de sus panes que tenía guardado para el almuerzo y me lo comí rápidamente sin que nadie lo notara.
El resto del día trascurrió bastante tranquilo, vinieron unos clientes un poco odiosos, pero nada que no pudiera controlar.
En la hora del almuerzo fui a comer con Diego a una cafetería que se encontraba a unas pocas cuadras de la empresa. Nos sentamos en una de las mesas que estaban junto a la ventana y ordenamos una pizza grande.
-Esta noche habrá un maratón de películas de terror en el cine, ¿quieres ir?
Diego era alguien inmaduro para su edad, le encantaba asistir a convenciones de videojuegos, ver películas de superhéroes y coleccionar figuras de personajes animados.
-No creo poder, es que tengo que…
-¿Hasta cuándo seguirás dándome excusas?
-No son excusas.
-Si no te intereso ten la valentía para decírmelo de frente.
-Está bien-no podía decirle que no al verla tan devastada.
No estaba muy entusiasmada por regresar a esa casa, nunca se lo dije a nadie, pero las noches en las que me quedaba a dormir, podía escuchar a alguien silbándome desde lo alto de uno de los árboles. Nunca le di importancia, pero aun así me daba escalofríos pensar que fuera alguno de esos seres que según mi abuela Vivian cerca de allí.
Deje mis miedos de lado y decidí acompañar a mis padres en el velorio, ¿Qué clase de nieta iba a ser si faltaba al velorio de mi propio abuelo?
Todos nuestros familiares y vecinos de mis abuelos estaban presentes en el lugar, pero una persona en particular llamo mi atención.
Un joven de cabello n***o y piel pálida que miraba con atención a mi abuelo. Lo observaba con cierto desprecio, como si lo odiara profundamente.
Se percató de mi presencia y clavo su mirada en mí. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al sentir una mano sobre mi hombro, me di la vuelta para encontrarme con una de mis tías.
-Qué bueno que hayas venido cariño, significaría mucho para tu abuelo.
-Lo se tía, no podía faltar en un momento así.-cuando volví a mirar al joven, este ya no estaba.
-¿Por qué no vino tu hermano?
-A él no le gusta mucho los velorios.
-¿A quién si?
Mi hermano era alguien tan dedicado a su trabajo como yo. Cuando era niño, sus compañeros de escuela le hicieron una broma en medio de un velorio, y desde entonces siente fobia cada vez que ve a un difunto.
-espero que mi madre se reponga pronto.
-Estoy segura que lo hará, tu madre es una mujer muy fuerte.
-Debe ser incómodo para mi abuela que se le entierre tan cerca de su hogar.
-Lo dudo por un momento, pero al final acepto. Luego del entierro traerá un pastor para bendecir el lugar.
-Ya veo.
Salí a respirar aire fresco y observe el árbol favorito de mis abuelos.
Ese árbol siempre me dio mala espina por ser tan diferente a los otros. Su tronco era deforme y sus frutos expiraban un desagradable aroma.
Llego el momento del entierro y nuevamente escuche el silbido proveniente de la cima del árbol. Los demás no parecían prestarle atención y comencé a pensar que yo era la única presente que podía escucharlo.
Termino la ceremonia y mi abuela se quedó parada junto a la tumba hablándole al árbol. Me pareció extraño su comportamiento, pero no le di importancia. Luego de perder a su marido, era normal que afectara su mente de alguna forma.
Quise volver a la ciudad, pero me quede a acompañar a mi madre. Me instale en el viejo cuarto donde acostumbraba quedarme cuando era niña y en el momento en que lo pise, sentí una energía negativa en el ambiente.
Solo deseaba que los días pasaran lo más rápido posible para regresar al ruido de la ciudad, el silencio del campo me ponía nerviosa.
Esa noche, un silencio bastante incomodo se apodero del hogar. Mi abuela no tenía ganas de cocinar, así que mi madre preparo uno de sus platillos favoritos.
La cena se mantuvo en completo silencio hasta que llego mi tía.
-¿Por qué esas caras largas?-ella era muy alegre, aunque se sintiera mal por la muerte, trataba de disimular para hacernos sonreír.
-¿Por qué vienes tan animada?-pregunto mi madre tratando de contener sus lágrimas.
-Les tengo una sorpresa-pronuncio el nombre mi hermano y el entro por la puerta.
-Hola a todos, siento no haber venido antes-mi madre se levantó para abrazarlo y el correspondió para después abrazar a la abuela.-mis pésame.
-Gracias por venir, ¿Qué hay de tu trabajo?
-Pedí permiso para faltar.
Terminamos de cenar y todos se fueron a dormir, menos mi hermano y yo.
-¿No vas a dormir?
-No tengo sueño.
-Tampoco yo.
Preparamos un termo de agua con terere y nos sentamos en las escaleras de la entrada.
-Hace tiempo que no te veía Alan.
-¿Me extrañaste?
-Era divertido tener a alguien con quién pelear.
-Es extraño, ¿no?, un día estamos aquí y al siguiente no.
-Realmente me sorprende que hayas venido.
-Si no lo hacía no me lo iba a perdonar.
Nos quedamos platicando sobre nuestra vida hasta el amanecer. Preparamos el desayuno para todos y luego salimos a caminar
-Qué raro que nadie haya despertado-dije mirando la zona.
-¿Por qué lo dices?
-Pensé que la gente que vivía en el interior era madrugadora.
Nos sentamos cerca de un arroyo y nos pusimos a recordar anécdotas del pasado. Cuando de repente aquel silbido volvió a sonar y mi hermano comenzó a ponerse nervioso.
-¿Tú también lo escuchas?
Asintió sin decir ninguna palabra, nos quedamos en silencio hasta que el silbido dejo de escucharse. De repente su mirada se centró en un punto fijo y se levando del suelo para caminar hacia unos árboles ubicados al otro lado del arroyo.
-¿A dónde vas?
Siguió caminando sin prestarme atención, como si estuviera poseído por algo.
-¡Alan!, te estoy hablando.
Lo seguí hasta llegar a un campo de maíz, Alan se adentró a el hasta perderse entre la maleza. Asustada de que pudiera pasarle algo, entre a buscarlo, pero no lograba veía por ningún lado.
Corrí a avisarle a mi madre y ella fue a pedir ayuda a los vecinos. Los vecinos iniciaron la búsqueda con ayuda de unos perros rastreadores, pero no pudieron encontrarlo.
Le alertamos a la policía y ellos realizaron la investigación. Luego de varias semanas, lo dieron por muerto y abandonaron la búsqueda.
Ese evento quedó marcado en mi memoria. Y desde entonces no quise saber nada más del campo.
Capítulo 2
Regrese a la ciudad volviendo a mi vida rutinaria y atareada. Fue extraña la desaparición de Alan tomando en cuenta que no había nadie rondando por ese lugar aparte de nosotros. De cualquier forma, tenía que superar su desaparición y seguir adelante.
Una noche cuando me encontraba estudiando en mi habitación, escuche el sonido de unos platos rompiéndose en la cocina. Tome el florero que estaba sobre mi mesa de noche y baje a investigar. Cuando llegue a la cocina no había nadie allí.
Oí risitas a mis espaldas y por el radillo del ojo pude notar una sombra que cruzaba la puerta. Salí de la cocina y vi a un hombrecito de baja estatura sentado en el sofá.
Camine sigilosamente para golpearlo por detrás, pero él se dio cuenta. Asustada retrocedí algunos pasos y salto sobre mí jalándome el cabello.
Intente soltarme de su agarre, pero era imposible. Le rogué que me soltara, pero siguió jalándome hasta sacarme de la casa. Me llevo hacia un árbol que tenía la misma forma del árbol que estaba en la casa de mis abuelos.
Grite esperando que alguien me ayudara y afortunadamente las luces de la casa de junto se prendieron y una de las ventanas se abrió provocando que la entidad me soltara. Cuando me levante del suelo, la criatura y el árbol habían desaparecido.
“¿Qué carajo acababa de pasar?” pensé. Unos vecinos tocaron el timbre de mi casa y yo les atendí para decirles que me encontraba bien.
No quería quedarme sola, así que pase la noche en la casa de una de mis vecinas.
-Gracias por dejar que me quedara-le dije tomando la taza de café que me estaba ofreciendo.
-Por nada, ¿Qué eran todos esos gritos?
-Es que…tuve una pesadilla.
No le conté la verdad por temor a que pensara que estaba loca, ¿Cómo se suponía que le iba a explicar algo así?
Al día siguiente, me despedí de mi vecina y regresa a mi casa esperando que el ambiente estuviera igual que siempre. Me desespere al ver un desastre en mi cocina.
El suelo estaba lleno de platos rotos y la puerta del refrigerador se encontraba abierta y sin nada de comida.
Como si nada hubiera pasado, cerré la puerta del refrigerador y me puse a recoger la basura del suelo.
Me dirigí a mi habitación y me prepare para ir a trabajar. Al llegar al trabajo, unas compañeras se encontraban en el pasillo hablando sobre temas paranormales, como era época de Halloween era normal que lo hicieran.
Yo por el contrario, siempre he tenido terror por ese tipo de cosas, nunca me gustaron las películas de terror y evitaba ir a los campamentos que organizaba mi escuela por miedo a que algún monstruo viniera a comerme.
Me senté en mi escritorio deseando que ya fuera la hora del almuerzo, con el apuro que tuve en salir, había olvidado desayunar.
-¿Tienes hambre?-pregunto mi compañero Diego echándose a reír.
-¿Qué te hace pensar eso?
-Tu estomago ruge peor que un león.
-Voy a salir un momento.
-No puedes, ya es hora de abrir-dijo mostrándome su reloj.
-Que molestia.
Diego me regalo uno de sus panes que tenía guardado para el almuerzo y me lo comí rápidamente sin que nadie lo notara.
El resto del día trascurrió bastante tranquilo, vinieron unos clientes un poco odiosos, pero nada que no pudiera controlar.
En la hora del almuerzo fui a comer con Diego a una cafetería que se encontraba a unas pocas cuadras de la empresa. Nos sentamos en una de las mesas que estaban junto a la ventana y ordenamos una pizza grande.
-Esta noche habrá un maratón de películas de terror en el cine, ¿quieres ir?
Diego era alguien inmaduro para su edad, le encantaba asistir a convenciones de videojuegos, ver películas de superhéroes y coleccionar figuras de personajes animados.
-No creo poder, es que tengo que…
-¿Hasta cuándo seguirás dándome excusas?
-No son excusas.
-Si no te intereso ten la valentía para decírmelo de frente.