Sus dulces labios estaban a disposición de los míos, se dejaban lamer, se dejaban morder, se dejaban chupar. Y era exquisito. Con mi mano libre, lo acerqué tomándole de la cintura, el ya había pasado sus brazos a mi cuello. Solo cuando el aire comenzó a faltar, nos separamos a respirar, o mejor dicho, solo nuestras bocas se separaron. Nuestras frentes se juntaron, y nuestros ojos se conectaron. -Perdón.- me susurró.- por comportarme como un imbécil. -Supongo que ya te conocí imbécil, no te puedo cambiar. -Oh Will.- separó su frente de la mía y paso su cabeza por el costado hasta enterrar el rostro en mi cuello.- En serio lo siento. -Ya pasó.- le dije.- Solo no lo hagas otra vez. Se separó de un saltó y alzó el dedo meñique. -¿Promesa? Puse los ojos en blanco, ignoré su dedo y gi

