EL ENCUENTRO DE DOS ALMAS SOLITARIAS

1341 Words
Aquel 23 de setiembre, Anneliese cumplía dieciocho años, para ella era un día triste ya que representaba el día que su madre falleció, por lo que año tras año, con un ramo de flores, ese mismo día iba a la cima de una montaña al anochecer, ella al igual que yo, pensaba que las estrellas eran nuestros seres queridos fallecidos, siempre se disculpaba con su madre arrodillándose.   —Madre hoy se cumplen dieciocho años de tu fallecimiento te traje un ramo de lirios, escuché que eran tus flores favoritas, sé que no merezco dirigirte la palabra ya que si no hubiera nacido tú no hubieras fallecido, perdóname, madre. No soy feliz, todos me maltratan y me llaman asesina, ese es mi castigo por el imperdonable pecado que cometí. No merezco ir en contra de ese destino, sé que te molesta ver a la persona que te quitó la vida, perdóname también por ser egoísta al venir aquí, pero por favor permíteme seguir viniendo, hablar contigo y mentirme por un momento pensando que eres la única que me ama, me consuela y me alienta a seguir viviendo, aunque ya no sé para qué vivo — dejando el ramo de flores juntó sus manos para rezar por el alma de Canaria.   Anneliese siempre se castigó, nunca se quejó de su miserable vida, ni intentó ir contra ella. Mientras leía la novela, me llenaba de impotencia. ¡Ella no tenía la culpa!, entonces ¡¿Por qué castigarse de tal manera y tener tan miserable vida?!. Después de decir aquellas palabras mientras rezaba, sintió una presencia extraña entre los árboles, así que se levantó para irse corriendo lo más rápido que pudiera.   —Espere señorita, es de noche, es peligroso que ande sola por este lugar, déjeme acompañarla.— le dijo de repente una voz masculina sosteniendo la mano de la princesa.   —No, gracias, ya me iba, suélteme, por favor — dijo Anneliese con la suave voz que la caracterizaba.   Ante la actitud de aquella mujer sabía que nada la haría cambiar de opinión así que se propuso a dejarla ir, pero claro él la seguiría discretamente para asegurarse que no le pasara nada malo, por alguna razón sintió la necesidad de protegerla.   — Disculpe, las molestias señorita — le soltó lentamente la mano.   Ella no volteaba la cara para ver quien la había reteniendo, solo pensaba en irse lo más rápido posible.   — Agradezco su preocupación pero estaré bien — le dijo rápidamente mientras se iba alejando del lugar.   En ese mismo instante un oso se dirigía corriendo hacia ella, pero gracias a la presencia del extraño que portaba una espada, pudo salvarla. Ella en muestra de gratitud pensó que lo menos que podía hacer era darle las gracias por haberla salvado, miró directamente a los ojos de aquel extraño.   —Gracias por salvarme — le dijo desconfiadamente.   Al verse directamente a los ojos, Danton se quedó petrificado ante la mirada penetrante de Anneliese durante varios segundos.   —Qué hermosos ojos y dulce voz — pensó mientras la miraba.   —Bueno, ya me voy, adiós — le dijo dándose la vuelta.   Ella tenía miedo de relacionarse con más personas que la hiciera daño. A los diecisiete años había decidido nunca entablar una relación que involucrase sus sentimientos, el dolor que sufría constantemente por la muerte de su madre y el m******o era suficiente para ella, el llegar a querer a alguien como un amigo o algo más podría herirla en un futuro si algo malo le pasara, ella ya no quería sufrir más.   —Hasta que la vida nos vuelva a encontrar — le dijo mientras la miraba alejarse, hasta que recordó algo —No, espera, me olvidé preguntarte. ¿Cómo se llama? — le dijo con voz alta.   Ella no lo logró escuchar.    Después de ello, Anneliese nunca más pensó en volver a verlo, ese encuentro no significó nada más en su vida, pero Danton no pensaba lo mismo. El octavo príncipe, no era muy conocido gracias a que lo evitado usando sus poderes psíquicos, así que pasar desapercibido en otro imperio era fácil, él no había utilizado su magia en ella ya que aquel control mental tenía efectos secundarios provocando pérdida de memoria, cuanto más veces se ejecute la magia en una persona, mayores serían las consecuencias, así que solo lo usaba cuando era necesario. Él quería volver a verla, así que empezó a investigarla. Así fue como se enteró que ella siempre iba todos los sábados a las seis de la tarde en un bosque en la orilla del lago, parecía un lugar secreto ya que grandes plantas hacían difícil encontrar ese lugar, así que el también empezó a ir a aquel lugar al mismo tiempo que Annneliese.  Al principio ella pensó que era coincidencia, pero después de unas cuantas semanas ya no lo hizo, aquel hombre que la había salvado la anterior vez siempre la hablaba, con el tiempo se volvieron más cercanos y sin darse cuenta ya eran amigos. Ella, quien se había comprometido a no volverse cercana con nadie, olvidaba esa promesa cada vez que se encontraba con él. Aquel joven tímido pero divertido a la vez hacía sentir su corazón cálido. Aunque el principio ella era distante con él, al conocer su personalidad comenzó a abrir su corazón a Danton, al fin podía sentirse ella misma, poniéndose alegre y risueña cada vez que se encontraban. Así transcurrieron siete meses, cuando Anneliese dejó de venir al lago, el príncipe estaba preocupado, no tardó en enterarse que ella tenía problemas de salud, los médicos no lograban determinar de qué enfermedad se trataba, lo único que sabían era que le había le surgido marcas negras en su piel. Danton se dió cuenta que era una maldición, él sabía cómo curarla pero necesitaba de una h****a mágica llamada Erbithria, encontrarla era demasiado difícil, ya que solo los magos oscuros sabían como obtenerla, sin más deparo emprendió la búsqueda de la h****a. Cuando la obtuvo, fue lo más rápido posible donde Anneliese. Al llegar al pueblo se enteró que ella había fallecido y no por la enfermedad, ella había sido ejecutada. Su prima Charlotte la había inculpado de intentar asesinarla, mintiendo desvergonzadamente que cuando fue a visitarla porque estaba preocupada por la salud de Anneliese, la princesa había enviado a uno de sus sirvientes servirle una taza de té envenenada, su familia exigió su ejecución aduciendo que sería un peligro para los demás nobles, esto les convenía ya que siendo ejecutada no habría otro heredero al trono por lo que la siguiente persona más cercana a la sangre real sería Charlotte, la hija ilegítima del primer príncipe producto de un amorío con una noble. El emperador del Imperio de Occidente, quien tenía ganas de asesinar a su propia hija desde siempre, debido al rencor que le tenía, aceptó su solicitud de ejecución sin pensarlo dos veces, era una excusa para cumplir por fin con su venganza, aunque él sabía que Charlotte y su familia estaban mintiendo. Danton, al llegar al pueblo un día después de su ejecuación, escuchó los rumores.   —Pobre "La rosa del imperio", su presencia y ausencia ni se nota jajaja — decía una señorita al paso con su grupo de amigas riéndose.   —La princesa sin poder falleció, se existencia era tan miserable, encerrada siempre en el palacio, no quisiera ser ella —  murmuraban unos vendedores.   —¿Ana?¿Amy? ¿Cómo se llamaba? a nadie le importe si está muerta o viva  — decía un señor noble.   —Tienes razón, tengo unos conocidos que servían en su palacio, me contaron que lo único bueno era su rostro jojojo — dijo la acompañante del noble   A el pueblo del imperio no le importaba la situación de la princesa, solo se entretenían de los chismes sobre ella.   Danton pudo presenciar está situación en primera persona, pero en ese momento lo que más le importaba era ver a Anneliese, deseaba fuertemente que aquellos rumores sobre su muerte fueran mentira. Así que decidió ir a comprobarlo él mismo.
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