El príncipe tenía un anillo que tenía un hermoso zafiro azul, al igual que los ojos de la princesa, con esto quería pedirle que se casara con él, pero por miedo a que lo rechazara nunca se atrevió a hacerlo; sin embargo, siempre lo traía consigo.
Esa noche el príncipe sacó el anillo y lo colocó en el dedo anular de la princesa.
—Esto es símbolo de mi amor y promesa — abrazándola dijo — Te amo para siempre.
Con su magia logró conservar el cuerpo de Anneliese dentro de un ataúd de cristal.
La princesa siempre pensó en Danton como un buen amigo, pero lo que no sabía era que el príncipe siempre la acechó, sabía las fechas y horas cuando salía del palacio, sus comidas y flores favoritas, que lugares frecuentaba y más cosas que hacía. Él en más de una ocasión quiso hablarle pero no se atrevió.
Danton anhelaba que ella lo amara tanto como él a ella, aunque sea un poco y que no solo lo viera como un amigo, pero él no quería que Anneliese lo odiara por eso ocultó sus verdaderos sentimientos.
Son muy pocas personas las que nacen con maná, ellos eran llamados magos, pero el precio que pagaban a cambio era llevar una vida donde nunca habría alguien quien los amara de verdad, por ello desesperadamente buscaban amar y ser amados, algunos magos encontraron momentáneamente aquella felicidad pero no duraba por mucho tiempo, eso se debía a su forma de amar.
La forma en que amaban los magos era muy distinto a lo que uno pensaría, una vez que encontraban a esa persona especial la amarían de por vida, protegiéndolos como su único tesoro, llegando a tener una profunda obsesión, celos y d***o de monopolizarlos, aunque nunca lastimarían a sus parejas, no pasaba lo mismo con las personas que amenazaban de apartarlas de sus lados. Estaban dispuestos a hacer hasta lo impensable por ellos.
Como era de esperarse sus parejas no podían tolerar tales actos por eso sus relaciones siempre terminaban. Los magos devastados no podrían dejar de amarlos por el resto de sus vidas y tampoco dejarlos ir.
Sería muy complicado tener una pareja con tal personalidad, ¿verdad?.
Danton de rencor asesinó al emperador del Occidente y convirtiéndose en tirano llevó el imperio a la destrucción, torturando a todas las personas que lo habitaban.
Nada podía calmar su sufrimiento y desesperación, recordaba constantemente todos los momentos felices que había tenido con Anneliese, ese hecho lo hacía sufrir aún más, pensar que nunca volvería a sentir aquella mirada y escuchar su dulce voz.
Cada noche sin falta iba a la torre más alta del castillo, donde nadie podía entrar, solo él, ahí yacía el cuerpo de Anneliese, quien siempre se veía tan hermosa, al mirarla no podía evitar dejar caer las lágrimas hasta que sus ojos quedaran secos.
La única razón de su existencia era vengar la muerte de su amada hasta el final de sus días.
¡No lo puedo creer!, me convertí en la princesa Anneliese. ¿qué falta? ¿qué las vacas vuelen?, pero en estos momentos hay algo que me está preocupando, si todo fluye como en la novela seré asesinada a los 18 años, ¿acaso estoy condenada a fallecer prematuramente en todas mis vidas?
Ahora que conozco el rumbo de esta novela, puedo usarlo a mi favor, eso es ¡cambiaré el destino de mi personaje!, pero para ello necesito pensar qué haré a partir de ahora.
"Pequeña princesa, ¿me está escuchando?"
Necesito preparar un plan, así que estar sola, fingiré tener sueño.
"Princesa veo que tiene sueño, mejor la voy a llevar de nuevo a su cuna para que tenga dulces sueños."
(La mucama la deja en su cuna y sale discretamente de la habitación)
Muy bien, ahora a pensar en el plan.
Primero, necesito salir de este palacio, si me quedo aquí estaría siguiendo la novela original.
Entonces, necesitaría recaudar mucho dinero, he visto que aquí hay objetos muy lujosos, hechos de oro, plata y piedras hermosas, lo esconderé en un lugar secreto, poco a poco para que no se den cuenta y cuando cumpla los dieciséis años, renunciaré a mi estatus como princesa y con lo recaudado comprare un gran complejo de habitación en un pueblo lejano, donde los alquilaré y así viviré felizmente por el resto de mis días ¡el dinero no será n problema!
No voy a robar a nadie, después de todo soy la hija del emperador, y el teniendo muchas riquezas no creo que sea un problema para el darme una pequeña manutención.
Después de irme de aquí, viviré una nueva vida, no quiero dejar rastro de mi existencia, así que no quiero que los personajes de esta novela me recuerden, sinceramente no creo que sea un problema, ya que no tengo mayor importancia en sus vidas, pero en cuanto a Danton, sí sería un gran problema, como él es el personaje masculino principal con un amor obsesivo estoy segura que me perseguiría hasta e fin del mundo y el más allá si se vuelve a enamorar de Anneliese, debo evitar ese encuentro a toda costa.
Bueno, ahora debo pensar en los maltratos que recibía Anneliese.
Debo mantener una presencia neutral, la verdad es que no me gustaría pasar en carne propia todas las horribles cosas que le hacían a la princesa, así que seré una persona fría con las mucamas, debería aprender a dar miradas intimidantes, eso me sería de mucha ayuda, porque a pesar de que no tengo el favor del emperador, no quita el hecho de que tengo mucha riqueza que está a mi entera disposición y puedo hacer muchas cosas con eso.. Debería ser muy cuidadosa en cuanto a eso, un paso en falso y quién sabe que trampa me tenderían ellas.
Bueno, estaré siguiendo este plan en general; salir de este palacio la más antes posible, tratar de no conocer a Danton a toda costa y evitar los maltratos de las mucamas.
Eso bastará por el momento, según se presente la situación pensaré que medidas debo tomar.
A decir verdad, aquella mucama de ahora me trataba muy bien, haré que ella sea mi aliada porque al parecer es la única que me haría caso en este mundo.
Ahora que soy una bebé no puedo hacer mucho, los maltratos físicos empezaron cuando Anneliese tenía cinco años, así que por el momento solo debo esperar y ser una linda niña, ir cayéndoles bien, ¡no podrán resistirse a mi encanto de bebé!, tal vez el método de ser fría podría cambiar.
Y así fue como pasaron cinco años.