Brooklyn La tensión que se siente en la camioneta mientras regresamos a la mansión parece estar a punto de hacer estallar todo. De sentirme mal por su forma de tratarme pasé a estar molesta yo también, porque no fué mi culpa aunque él estuviera siendo un terco cegado por la rabia que se niega a escucharme y entenderme. Yo quería acatar la orden de Adamo, eso fué solo un accidente y ni siquiera tuvo en cuenta mi explicación. Bajo de la camioneta por mi cuenta cuando un hombre me abre la puerta y paso por al lado de Adamo directo a la mansión. Los tacones me impiden caminar rápido así que me los quito maldiciendo y continúo mi camino hacia las escaleras cuando escucho la voz del italiano, —Detente. No lo hago. —¡Brooklyn! Me vuelvo hacia él hecha una furia, —¿QUÉ? Adamo se planta fre

