Su traición me dolió tanto como cualquier otra, si bien yo sabía que esa mujer era una bruja loca de remate en los últimos tiempos, por estúpido que parezca y aún después de lo sucedido el día de mi llegada, había comenzado a confiar en ella. Quizás fue la sobredosis de soledad lo que me arrastró a verla como una amiga o tal vez la inherente necesidad humana de ser escuchada... Sin embargo caí redondita en aquella trampa simple pero eficaz. Ahora sabía que tal relación amistosa no existía, que solo me había buscado por orden de mi marido enfermo de la mente y que jamás le importó de verdad establecer un vínculo conmigo. Salí de esa oficina decepcionada sintiendo como las lágrimas me escocían los ojos, no tarde mucho en comenzar a derramarlas. Me refugié en el jardín en una zona donde

