Estaba terminando unos informes importantes, cuando Yolanda me dijo que Luiggi había venido. Me sorprendí. Siempre me llama para quedarnos en algún lugar, pero ahora se había aparecido de repente en la oficina. Qué raro. -Hazlo pasar, Yoli-, le pedí. Me peiné apurada, arreglé mi blusa, desabroché uno par de botones para que se me note el canalillo, revisé en un espejito si estaba bien pintada y crucé las piernas. Corrí la minifalda y con las rueditas de la silla, me alejé del escritorio para que me viera bien los muslos. Puse mi cara más sensual y erótica posible, mordiendo mi lengüita, con mis lentes puestos, mis pelos alborotados y un lapicero en mis manos. -Hola mi amor-, me saludó eufórico. Me miró y admiró las piernas y se entretuvo mirando el canalillo de mis pechos, apareciendo s

