El juez no quiso darme una nueva fecha. Me acusó de indolente y que si yo no podía asistir hubiera, entonces, mandado a mi asistente. Presenté una apelación pero la rechazó de inmediato. Petrozzi me llamó furioso. -Lo malograste todo-, me increpó con furia. Yo traté de explicarle pero no entendía razones. -Resuelve eso o no te pago nada-, se insolentó conmigo y me colgó. Me tiré a mi silla frustrada, enojada. Le había dado una semana de descanso a Yoli y, como imaginarán, estaba perdida en mi oficina, naufragando en mis dudas e incertidumbre. Timbró mi móvil. -Perdiste tarada-, se divirtió alguien y me colgó. Arrugué mi nariz. -Perdida pero no rendida-, me molesté. Me puse mis zapatos, tomé mi maletín y me fui, de nuevo, a palacio de justicia. Encontré al juez, justo cuando se marchab

