No podían ser ciertas las palabras que acababa de escuchar. ¿Le estaban ofreciendo trabajo y lugar donde quedarse? ¿Ellos? ¿Los... los... acompañantes? Ex no salía de su asombro mientras miraba cómo Owen volvía la cabeza para seguir comiendo y Euen empezaba también con su plato. Podía sentir la mirada de Ithan en su espalda y la de Axel clavada en su cara, analizándola. ¿Ellos estarían de acuerdo?
—Yo...
—Nos vendría bien un poco de ayuda en la barra —interrumpió Ithan separándose de ella para sentarse en otro taburete. Frente a él, Axel dejaba las tortitas antes de que se quemaran.
—¿Y las tías? —inquirió Axel.
—Es una trabajadora, no una clienta. Además, ¿qué les importa? Nos tendrían a nosotros e incluso, si aprende rápido, estaríamos los cinco, no sólo cuatro. Ex podría hacerse cargo de las bebidas y demás mientras nosotros nos encargamos de las clientas. Seguro que eso lo ven bien —respondió Owen robándole una tortita a su hermano a pesar de los gruñidos de enfado de éste.
—Ahí tiene un punto. Y no tendríamos a las chicas en el mostrador sólo porque uno está ahí — coincidió Ithan.
—Sí, pero... —replicó Ex.
La mano de Axel extendida hacia ella con la palma vertical impidió que siguiera.
—¿Y qué hay con lo de quedarse? Una cosa es que las tías la acepten trabajando abajo, pero, ¿subir con nosotros y convivir aquí? —preguntó él.
—Eso sería un problema —convino Euen.
—Sí, porque serían capaces de sacarle los ojos, y más si piensan que duerme con uno de nosotros —añadió Axel.
—¿Y si adaptamos la habitación de abajo? —propuso Ithan.
—Ni hablar —contestó Owen—. Ella no se queda sola mientras los demás estamos arriba. No pegaría ojo pensando en que podría pasarle algo.
—¿Y si no lo supieran? —Todos miraron a Ithan—. Puedo pedirle a Jerôme que, si preguntan, diga que vive en su casa. Nadie pondrá en duda la palabra de un jefe de policía.
—¿Y las consecuencias de pedirle ese favor, Ithan? —inquirió Euen sonriendo ladino—. A este paso se te mete en la cama... contigo dentro.
—¡No digas eso ni en broma, c*****o! —exclamó—. Joder, no había pensado en eso.
—Yo se lo puedo pedir —comentó Axel—. Me debe un par de favores y así mantenemos intacta la masculinidad de Ithan. —Las risas de los otros dos inundaron la habitación mientras el aludido entrecerraba los ojos, molesto por esa acusación—. Sólo nos queda saber si ella aceptará, ¿no, gatita? — añadió mirando a Ex. Los otros también se volvieron hacia ella.
Le estaban hablando en serio... En cuestión de minutos acababan de solucionar el problema de trabajar en el club y el de dormir. ¡Y sin pedir su opinión! ¿Qué podía decir ahora si era precisamente eso lo que quería? Pensando de forma objetiva, le estaban ofreciendo la solución a sus problemas y allí dudaba de que alguien fuera a buscarla, más si ese pueblo no era conocido (cosa dudosa con semejante club de acompañantes); incluso si así fuera jamás irían a ese lugar. Ella no entraría por su propio pie allí, menos aún a trabajar o vivir. Pero ahora que los conocía...
—¿Te quedarás con nosotros y trabajarás aquí? —preguntó Euen.
Ex abrió la boca para responder cuando salió otra voz potente, grave y seductora; no la suya precisamente.
—¿De qué coño hablas?
Detrás de ella, el cuerpo moreno de Uriel ocupaba toda la anchura de la puerta. Tenía el pelo despeinado y... Los ojos de Ex no sabían si enfocar a su pecho desnudo, tostado por el sol y con unos músculos envidiables, o bien unos centímetros más abajo, donde sus bóxers negros no dejaban ninguna duda del tamaño y virilidad del contenido. E iba descalzo.
—¡Joder, Uriel, ponte algo! —gritó Ithan quitándose su camisa para lanzársela por encima de una Ex incapaz de cerrar los ojos por miedo a parpadear y perder la visión del dios de dioses.
Uriel la atrapó al vuelo sin hacer uso de ella, sólo cubriéndose la pierna derecha.
—¿Qué está pasando aquí?
—Hmw mwm jmham...
—Traga antes de hablar, Owen —reprendió Axel dándole una colleja.
Owen refunfuñó pero hizo lo que le pedía y volvió a meterse otro bocado de tortita con chocolate sin responderle a Uriel.
—¿Y bien? —apremió éste sin, al parecer, reparar en la mirada de Ex, fija en sus cuatro compañeros de casa y trabajo.
—Sólo le ofrecíamos un sitio a la chica donde quedarse y trabajar. No es nada malo —contestó Euen.
—Ella se larga. Quedamos en eso anoche. ¿Has llamado a Jerôme? —preguntó con el ceño fruncido hacia Ithan.
—Resulta que lo conoció ayer, no sabía nada, ni dónde estaba.
—¡Y a mí qué mierda me importa eso! —estalló haciendo que Ex diera un respingo y retrocediera, chocando con el pecho desnudo de Ithan... Y caliente... Miedo le daba moverse por si el pelo le molestaba o con su cabeza rozaba alguna parte especial que pudiera calificarse de erógena. Las manos de él en sus hombros la entibiaron de un frío que no creía tener, pero que en contraste con la temperatura de Ithan era más que evidente, y ese contacto la maravillaba.
—Controla esa lengua, tío —intervino Axel—. Estás ante una dama.
—¡Por eso mismo! No se le ha perdido nada aquí. —Los ojos encendidos en fuego se centraron en Ex, quien olvidó respirar—. Vuelve a casa, muchacha.
—¡Oye! Que no es una chiquilla para que la llames así, ¿verdad, diosa? —protestó Owen de pronto al lado de ella, inclinando la cabeza, tan cerca que no fue consciente de que la besaba en la comisura de los labios, retirándose rápidamente tras el gruñido lanzado por Uriel.
—Uriel, vamos. Llevábamos tiempo planeando contratar a alguien —intentó apaciguar Ithan. Los otros los miraban como si fueran meros espectadores y no formaran parte del asunto—. Ella necesita un trabajo y un sitio donde quedarse. No quiero ni pensar dónde puede acabar si dejamos que se vaya.
—No es nuestro problema —siseó él.
—Siempre hemos votado —argumentó Axel dejando las sartenes un momento—. Votemos esto.
—Eso no tiene...
—Yo digo sí —cortó Euen.
—Sí —convino su hermano.
—Sí —repitió Ithan.
Uriel miró a Axel, que lo observaba con algo de pena.
—Lo siento, tío, yo fui quien inició esto. Digo sí.
Ex miró con cuidado el rostro de Uriel antes de que éste se diera la vuelta y enfilara el pasillo.
—¡Iros al puñetero infierno! —gritó seguido por el tremendo golpe al cerrar la puerta de su habitación.
Ella cerró los ojos escuchando aún en sus oídos la vibración por la fuerza ejercida para cerrar con tal intensidad. ¿No se rompía nada con ese golpe? ¿La puerta había quedado intacta?
—Joder, pensaba que iba a liarse a hostias —exclamó Euen primero—. ¿Qué bicho le ha picado con ella?
—A mí no me preguntes —contestó Ithan—. Axel es quien lo conoce desde hace más tiempo.
—Dejadlo estar. El señor está molesto por no salirse con la suya. Se le pasará —respondió su amigo—. ¿Alguien quiere más tortitas o puedo cerrar ya la cocina?
—Yo no debería... —murmuró Ex dándose la vuelta para mirarlos a todos. Algo caliente y húmedo le rozó la cara seguido de una caricia. Se giró para ver a Ithan relamerse y llevarse el dedo a la boca, metiéndolo y chupando.
—Owen te ha dejado chocolate —se explicó.
Chocolate... La visión de ella cubierta por ese dulce manjar mientras ellos se la comían le hizo arder como fuego. Sus piernas se volvieron de goma y sólo los fuertes brazos de uno de ellos la mantuvieron en pie.
—Diosa, vuelve con nosotros —susurró Owen en el oído de Ex dejando que el aire de su boca la hiciera estremecerse. El resto reía con alegría.
Cogió lentamente el aire sin saber que había dejado de respirar y sus ojos pronto volvieron a enfocar la realidad: tres hombres mirándola con pícaras sonrisas y un cuarto a su espalda, cuyo calor sentía a través de la ropa.
—¿Te quedas con nosotros? —preguntó Axel.
Incapaz de articular palabra, Ex asintió. Ni por todo el oro del mundo la iba a sacar nadie de ese lugar ahora que los conocía.