Capitulo 8 "Confusión"

1500 Words
Aprender aquello que los chicos querían enseñarle se convirtió en una odisea según quién se lo explicara. Axel e Ithan eran pacientes a la hora de explicarle cómo servir, hacer las bebidas o vigilar desde la barra atenta a posibles llamadas de ellos o del exterior. Ninguno se enfadaba o pasaba en sus atenciones más de lo necesario, aunque ambos solían aprovecharse de su cercanía para con ella y, a menudo, se quedaba sin aliento cuando la elogiaban con un beso en alguna parte de su piel desnuda. De hecho, los principales lugares que recibían la atención de ambos eran su cuello, nuca o mejillas, siempre cerca de la comisura de sus labios. En cuanto a Euen y Owen, ese par eran hombres de cuidado. Los dos aprovechaban cualquier momento para escaparse donde ella estuviera y ponerla en un compromiso por los temas de conversación que sacaban. Parecía que les gustara ver aparecer el rubor en su cara y ponerla en aprietos para ocuparse de lo que tenía entre manos. Pero el peor de todos era Uriel. Ex temblaba de los pies a la cabeza en el momento en que tenía que llevar bebidas a la mesa donde estuviera porque, hiciera lo que hiciese, una sola mirada de esos ojos tostados la estremecía sin remedio y la bandeja se tambaleaba hasta el punto de caer y los vasos estallaban en pedazos. Y a pesar del estruendo que provocaba y de la ayuda de los otros cuatro, no podía despegar sus ojos de la penetrante mirada de Uriel hasta que alguno la hacía volverse para examinarla en busca de heridas. No se daba cuenta del efecto que tenía en ella, ni de la forma con la que él se mostraba, como un rey, caminando por el pasillo hasta su sofá, tumbándose para hacer que las mujeres lo acicalaran, tocaran y agasajaran como si de un sultán o un dios se tratara. Se suponía que eran ellos los que debían hacerlo y, en cambio, ese demonio de pura tentación le ponía las cosas más difíciles al presentarse de ese modo y hacer que Ex no pudiera respirar ni apartarse de su imagen, sintiendo que la llamaba a postrarse a sus pies, como las demás. Oh... Cómo odiaba esos momentos... Las mujeres cuchicheaban entre ellas y las risitas la encendían lo suficiente para querer replicarles, aunque siempre acababa mordiéndose la lengua. Pero ella sabía por qué reaccionaban de ese modo. Ya varias le habían intentado sonsacar información sobre los chicos o habían tratado de hacerse amiga suya para que las invitara a subir al final de la noche. Ilusas... se creían que era tonta... O que lo eran ellos. Habían estado pendientes los primeros días optando por la verdad y dejando bien claro la relación de caseros e inquilina, además de jefes y empleada. Además, tampoco es que ella durmiera con ellos; cada uno tenía su habitación y al finalizar en el club estaban tan cansados que sólo querían llegar a sus camas. No era hasta el mediodía que empezaban a emerger y se pasaban las horas limpiando el club o preparándose. Ex ya les había preguntado por sus vidas «privadas» más allá del club, pero todos ellos —y les había preguntado a solas— contestaron lo mismo: su vida «privada» era ella. —¿Has terminado, preciosa? —preguntó Axel clavando sus ojos en el rostro de Ex, concentrada en hacer bien, sin que se notara el temblor de las manos, el nudo de la corbata. —Casi... —contestó mordiéndose la mejilla interna por la forma en que había salido su voz, como si fuera un gemido—. No me metas prisa. La risa de él y el movimiento en su pecho casi le hicieron soltar la corbata y perder los avances que ya tenía. —Axel, no la pongas nerviosa... —ronroneó a su espalda Owen rodeándola con sus brazos para encerrar las manos entre las suyas—. ¿Por qué diablos no te atas tú solo la corbata? —preguntó dirigiendo las manos de Ex con presteza a pesar del cosquilleo y el calor que las de él le provocaban en todo el cuerpo. —Es más divertido si Ex lo hace —dijo con una sonrisa tentadora pendiente de las dificultades que ella tenía al notar su cuerpo por delante y el de Owen presionando en su espalda. —Terminad de una vez —gruñó otra voz sacándolos a los tres de ese sueño. Se giraron para ver a Uriel, con su pantalón azul oscuro, una camisa blanca, corbata negra y una chaqueta. En la mano aún tenía la gorra de piloto y llevaba recogido el pelo en una coleta. El traje le quedaba... No había palabras para describirlo. Las manos de Owen desaparecieron dejándola vacía sin su contacto y a punto estuvo de soltar un sollozo por esa pérdida. A punto. —¿Cómo estamos, diosa? —preguntó Owen colocándose con los demás. Era noche de espectáculo y habían dedicado los últimos días a crear una coreografía para el club. Iban a hacer un striptease para las chicas, los cinco vestidos como pilotos de avión. Y teniendo en cuenta cómo les quedaba de ceñida la ropa, cualquiera estaría más que deseosa de volar con ellos, en medio de los cinco. Ex se aclaró la garganta bajando de las nubes donde esos hombres la llevaban. —Es... Estáis bien. Seguro que a las mujeres les gustáis. —Tú ya sabes que DJ estará pendiente en la puerta de que no entre nadie, así que no pasará nada, ¿vale? —aclaró Ithan, preocupado por su seguridad. —Sí, no te preocupes. —Le sonrió para tranquilizarlo. —Vale, entonces mejor empezar, que las féminas se vuelven ariscas si tardamos demasiado en salir y no quiero la marca de sus uñas otra vez en mi pierna. La última picó —apuró Axel. —Eso te pasa por hacerlas esperar —replicó Euen. —La próxima de uñas largas te la tiro a ti —contraatacó Axel. Todos ellos se fueron hacia la zona del escenario mientras Ex se quedaba atrás escuchándolos pelearse como niños pequeños. Sonrió ladeando la cabeza ante esa visión. En verdad eran hombres increíbles, cada uno con su personalidad y temperamento, pero todos ellos atentos y entregados. Había encontrado un buen lugar donde quedarse, si no fuera por Uriel... Él era el único con quien aún, a pesar de las semanas que llevaba viviendo con ellos, no lograba congeniar. Y no porque no lo hubiera intentado, no. Cerró los ojos soltando un gran suspiro de resignación. Los otros le habían dicho que lo dejara pero le dolía que Uriel no quisiera ni hablar ni estar cerca de ella. Cuando los abrió de nuevo, casi gritó por encontrarse delante de ella a Uriel. —¿Que... Qué pasa? —titubeó. Los ojos de él se centraron en los de ella. Dio un paso hacia atrás pero fue el detonante para que se abalanzase sobre ella. Rodeó con uno de sus brazos su cintura fijándola donde estaba. Las pupilas de Uriel se oscurecieron varios tonos mientras las de ella lo miraban llena de dudas y preguntas que su mente no era capaz de formular con palabras. Y entonces todo estalló. En el momento en que los labios de él presionaron, con temor al principio, después con seguridad, sobre los de ella, dejó de existir el club, el pueblo, la ciudad y el país mismo porque sólo tenía sentido ese beso, y el hombre que estaba abrazándola, la besaba con tal dulzura que apenas daba crédito que fuera el mismo Uriel gruñón y ermitaño de siempre. Gimió al notar la lengua de él lamiéndole los labios con suavidad, incitándola a abrir la boca, a darle un solo resquicio por el que invadir su castillo y presentar batalla. Incapaz de negarse, Ex entreabrió un poco la boca, lo suficiente para que Uriel arremetiera contra ella empujándola más hacia sí mientras su lengua la deleitaba con el más dulce de los manjares. Sus húmedos músculos se entremezclaron en un baile, como si ninguno quisiera vencer al otro, únicamente compenetrarse. Los dos se bebían los gemidos del otro, ajenos a lo que les rodeaba. Las manos de Ex se posaron sobre su pecho cerrándose en torno a la chaqueta, necesitando de ese agarre para saber que no era un sueño y tener algo en lo que sostenerse. Uriel se apartó de ella abriendo los ojos. Parecía furioso, temblaba lleno de pasión, como si no hubiera querido separarse de sus labios. Aligeró el agarre de su brazo, probando que pudiera mantenerse en pie por sí misma y haciendo que Ex le soltara la chaqueta. Lo miró indecisa por lo que acababa de ocurrir entre ellos. ¿Cómo debía tomarse eso? ¿Ya la aceptaba? ¿Lo había hecho porque estaba caliente? ¡¡Odiaba no saber qué estaba pasando!! Él le dio la espalda y se marchó dejándola sin palabras.
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