Capitulo 9

1257 Words
Se afanaba por eliminar de la barra esa mancha que llevaría allí bastantes meses pero, ahora que necesitaba centrarse en algo, había tenido la mala fortuna de cruzarse con su mirada y estaba esforzándose a conciencia. Era una cuestión personal: o ella o la mancha. No había otra... Bueno, en realidad sí. Ir a por Uriel, empujarlo hasta tenerlo entre la espada y la pared y pedirle explicaciones acerca del beso. Él, el que no la quería ni en pintura, le había metido la lengua hasta la campanilla y, lejos de quejarse o apartarlo, ahora lo único que su cuerpo le pedía era más. Mucho más. Gruñó cabreada consigo misma por saber que, si lo tuviera delante, todo ese mal genio que tenía se esfumaría dejando sólo un mar de babas cuando posara sus ojos en ella. Era imposible resistirse. Estaban a punto de empezar el espectáculo y todas las mujeres se habían congregado cerca del escenario, algunas empujando de forma poco educada para tener un espacio óptimo desde el que obtener una buena vista de los cinco, una de las primeras veces que actuaban juntos. Vitoreaban los nombres de cada uno de sus favoritos, al menos sin pelearse entre ellas, por ahora. Ya la habían avisado de que, si la cosa se ponía mal, debía avisar a DJ para que entrara a mantener el orden; aparte, Jerôme estaba entre ellas... Claro que, teniendo en cuenta su carácter, hasta podía ser él —ella— quien iniciara el problema si veía que alguna ponía ojitos a Ithan. Ex suspiró tratando de calmarse. La pobre mancha no tenía culpa de nada y, a ese paso, iba a acabar con ella y con la barra entera como siguiera frotando así, pues terminaría provocando un buen incendio. Sabía de varias decenas de féminas que se encargarían de ella si hacía que se perdieran el espectáculo. Soltó el paño y se sentó en el taburete al lado de la caja registradora. No tenía nada que hacer mientras la gente estuviera más interesada en los cuerpos que iban a salir que en beber o tomar algo. No pudo evitar que su mano fuera a los labios, hinchados y seguramente rosados por lo que había hecho minutos antes. Por Dios, ¡era un beso! Ninguno de los otros había llegado a tanto y Uriel... Uriel no tenía freno. Había notado su erección al separarse y sus ojos no le habían quitado la vista de encima mientras se marchaba. Se revolvió el pelo en un intento de que su mente dejara de pensar, de imaginar montones de cosas que podían haber pasado por la cabeza de él para hacer algo así. ¿Cómo iba a mirarlo a partir de ahora? La luz empezó a descender en intensidad y la música fue bajando hasta que otro ritmo tomó su lugar. El griterío se intensificó y supo que iban a empezar. Salió de la barra con el taburete y se situó en una zona donde pudiera ver el escenario, aunque fuera un poco, y, al mismo tiempo, controlara el mostrador. Se había autoimpuesto no perderse ante la visión de cinco hombres hechos y derechos bailando de una forma sensual y sacándose la ropa hasta quedarse en calzoncillos (o quizá ni eso) para disfrute de su público. Lo que no sabía era si iba a cumplirlo o tendría que imponerse algún castigo después por haberse fallado a sí misma. Las telas que separaban a los chicos de su público empezaron a moverse dejando al descubierto un escenario oscuro donde no se veía a ninguno de ellos. Los murmullos y cuchicheos empezaron a crecer. ¿Dónde estaban? Un cambio en la música hizo que todas se callaran y pudo oírse el chasquido de varios dedos de fondo. La iluminación empezó a ser más clara sólo en el escenario, mostrando a los hombres, cada uno colocado en un lugar estratégico, con una pose que hacía contraer el vientre de anticipación. Ex pudo oír varios suspiros, gemidos e incluso algunas se tuvieron que agarrar a otras para mantenerse en pie. Y no era para menos. Teniendo de fondo una canción de Elvis Presley —una que provocaba fiebre —, alargada al principio, quizá para crear más ambiente, estaban manteniendo con la mirada la excitación de aquellas que los miraban, o mejor dicho, se los comían con los ojos. Todos ellos chascaban los dedos, en una postura... Uriel estaba en el centro del escenario mientras, un par de pasos atrás, Ithan a la izquierda, Axel a la derecha, como si fueran sus subalternos, hacían lo mismo, con las gorras de piloto un poco ladeadas y mirando con una sonrisa lobuna a sus... ¿presas? Bien podían serlo. Detrás, uno al lado del otro, apoyados en la espalda, los gemelos Euen y Owen parecían estar en una postura muy cómoda. Pasaban la mirada de las mujeres a ellos, cuchicheando y buscando esa complicidad en el otro para lo que más les gustaba, el ataque frontal a fin de desarmar a cualquiera... La voz de Elvis empezó a escucharse pero sólo Uriel avanzó unos pasos y empezó a contonearse ante todas, desabrochándose la chaqueta que llevaba. Cuando quiso darse cuenta, ya no estaba en su cuerpo sino descansando sobre el escenario. También los otros empezaron en ese momento a quitarse la suya. Lo siguiente fue la camisa pero, en lugar de ser él el protagonista, fue retrocediendo y la zona central la ocuparon Ithan y Axel, moviéndose de forma tan compenetrada que parecían uno solo. Iban desabrochándose botón a botón, lentamente, pero esa dolorosa espera hacía que una quisiera disfrutar mucho más de ello. Sin embargo, no llegaron a quitársela: cuando estaban a punto, se separaron para dar paso a Euen y Owen, que irrumpieron en escena aún con la prenda puesta, pero no por mucho tiempo, pues nada más llegar a un punto cumbre de la canción, todos ellos, de forma automática, se arrancaron la camisa y dejaron sus torsos desnudos, alineados en una fila, mostrando parte de esos atributos que tanto gustaban a las mujeres. Ex oyó exclamaciones, aspavientos y demás. Incluso ella misma estaba tan hipnotizada que no sabía si estaba respirando o se había vuelto gelatina ante ese baile. Y eso que no estaba en primera fila. Tuvo que replegar sus sentidos para cerciorarse de que, de verdad, entraba aire en sus pulmones y no iba a desmayarse delante de todos. La canción siguió y los chicos mantuvieron la posición que tenían. En el centro, Uriel, a su izquierda Ithan y, al lado de éste, Owen. Al otro lado, Axel y Euen completaban la fila creada, avanzando hacia delante para tentar un poco y dejarlas tocar; ellos también acariciando para después retroceder. Hubo un momento, cuando se volvieron y menearon sus traseros, en que sacaron algunas risas de sus espectadoras, incluida la de Ex. De hecho, ésta pensó que habría sido mejor que hubieran salido sin los pantalones cuando vio que todos ellos los arrancaban de un tirón y quedaban expuestas sus nalgas. Sin ropa. Desnudos. Como Dios los trajo al mundo... Bueno, técnicamente no, pues habían tenido unos años para formarlos. Y menuda creación habían conseguido... Ahora no tenían más que la gorra como accesorio, con la que empezaron a jugar, a cambiársela de un lado al otro del escenario, con una precisión tal que no dejaban ver nada que ellos no quisieran de sus «delanteras», aunque de vez en cuando se volvían lo suficiente como para insinuarse pero sin dejar ver esa parte que todas esperaban.
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