Cerca de las seis de la tarde, contemplando la fila de féminas que esperaban a que se abriera el club, fue consciente de que esa noche iban a hacer una buena caja, más teniendo en cuenta la nueva actuación del grupo, un nuevo striptease que habían ensayado a menudo a su lado y que tendría el éxito que esperaban. Ella misma había esperado con ilusión el día fantaseando con tener las mismas sensaciones que tuvo con el primero que presenció —el que desencadenó que sus hormonas se revolucionaran y no prestara atención a lo que su mente le chillaba—. Sin embargo, ahora no tenía muchas ganas de verlos, prefería ir a su habitación y poder relajarse. Observó que algunas se la quedaban mirando, cuchicheando incluso, pero no se molestó por ello. Ya estaba acostumbrada a ser la comidilla del pueblo

