Alexi Tal vez una hora después de que Matt se fuera, volví a la habitación de Alaia. Estaba dormida, pero no parecía tranquila, y eso me dolía. Mi ángel pensaba que la odiaba, y eso era lo más alejado de la verdad. La amaba con cada aliento de mi cuerpo. Me acerqué y le di un beso en la sien antes de acercar una silla y sentarme a su lado. Mi mano encontró instintivamente la suya y pronto me incliné sobre el borde de la cama con la cabeza apoyada junto a su vientre. No me di cuenta de que me había quedado dormido hasta que sentí su pequeña mano recorriendo mi pelo. Sólo habían pasado unas horas, pero había echado de menos estar tan cerca de ella. Había echado de menos su tacto. —Hola, ángel. ¿Cómo estás? —Estoy asustada, Alexi. Esa respuesta me hizo moverme inmediatam

