Al amanecer, justo antes que el sol se asome a las cordilleras, Agatha, despierta, enciende la lámpara, busca su móvil, el cual, hubo colocado la noche anterior en la mesilla, justo al lado de la cama y se dispone a enviarle un mensaje a Denisse, para que, al despertar, lo lea de manera inmediata, nadie mejor que ella, conoce a Denisse, y sabe que, es capaz de ir adelantando un poco, lo que sabe, pero, aunque es la idea, necesitan estar juntas para llevar a cabo, la revelación. Por lo que, escribe:
“Buenos días, mi querida Denisse, espero tengas un lindo amanecer. Te escribo, porque necesito que conversemos algo de carácter urgente. De ser posible, lo más temprano que puedas. Envíame un mensaje, por favor, si puedes pasar por la tienda antes de dirigirte al periódico, quedo a la espera”.
Luego de enviar el mensaje, Agatha, se levanta de su cálida cama, dirigiéndose al baño, a asearse, conecta el calentador y, mientras el agua va tomando temperatura, cepilla sus dientes y su cabello, se coloca un gorrito para no mojar su cabellera de tonos fríos, se lava la cara y al darse cuenta que el agua, está tibia, entra a la ducha a disfrutar de un baño con aceites esenciales de naranja para activar sus energías. Al salir de la ducha, seca su cuerpo con una toalla de algodón marroquí, unta crema de coco en su piel, se coloca la toalla y sale a su habitación, enciende el radio reproductor que tiene en el estante, coloca una canción titulada Irish Heartbeat que la mueve y le recuerda que es una hermosa hada, en el mundo de los terrícolas.
“Oh won't you stay
Stay a while with your own ones
Don't ever stray
Stray so far from your own ones
Cause the world is so cold
Don't care nothing for your soul
That you share with your own ones”
Mientras escucha y canta la canción, con toda la energía que le brinda sus aceites esenciales, busca en el armario, la ropa que lucirá el día de hoy; un jean de color violeta, con un suéter blanco estilo cuello de tortuga, un sobre todo del mismo tono que el jean y unas botas blancas altas, a la altura de la rodilla. Mientras se va vistiendo, sigue cantando y bailando la melodía:
“Don't rush away
Rush away from your own ones
Just one more day
One more day with your own ones
Cause the world is so cold
Don't care nothing 'bout your soul
That you share with your own ones
There's a stranger
And he's standing at your door
Might be your best friend, might be your brother
You may never know”
Ya habiéndose vestido, cepilla de nuevo su cabello de tonos fríos, se maquilla con tonos muy suaves y antes de pintarse los labios, va a la cocina, a hacer el café de rigor, para comenzar el día tal y como mandan los Dioses de ésta y todas las dimensiones existentes y palpables en el mundo y su constelación.
Mientras hace el café, suena el móvil, se devuelve a su habitación, lo toma nuevamente de la mesilla donde lo había dejado, luego de enviar el mensaje a Denisse, dándose cuenta que es ella, quien le ha escrito, respondiendo a su pregunta:
“Buenos días, mi hermosa amiga, sin duda he tenido un lindo amanecer, pues, he despertado con el pensamiento de Bruno, entre mis sienes, me siento más enamorada que nunca. Me puedes adelantar, ¿Qué es eso, que tienes tanta urgencia en decirme?”
A lo que Agatha, responde:
“Veo que el amor ha tocado a tu puerta y no sabes, cómo me alegro, pero, no, no puedo adelantarte nada por esta vía, ¿irás a la tienda?, debe ser a primera hora, ya que más tarde, se me haría imposible atenderte”
Mientras va sirviendo el café que ya estaba terminándose de colar, recibe otro mensaje:
“Sí, si no hay de otra, allá estaré a eso de las siete, ¿estará bien?”
Mientras Agatha, toma el primer sorbo de su café, con poca azúcar, le responde:
“Es una hora perfecta, nos veremos allá, hasta entonces”.
Deja el teléfono de un lado, y, continúa disfrutando de su delicioso elixir para comenzar el día a todo dar.
Entretanto, Regina, se levanta con mucha energía, saluda a Tarada, quien estuvo en su habitación acompañándola, mientras ésta dormía. La saca de su oasis y le da un besito en su cabecita, que se esconde tímida en su caparazón, vuelve a colocarla en su lugar y se dispone a asearse y a buscar qué ponerse el día de hoy. En ese momento, recibe un mensaje de Sebastián:
“Mi Limoncito agrio, deseo que tengas un hermoso amanecer, pensaré en ti, todo el día, nos vemos en el mercadillo donde nos conocimos, a mediodía, muero de ganas por verte y estrecharte entre mis brazos, tengo una sorpresa para ti”
Más emocionada que nunca, Regina, se estruja los ojos, releyendo el mensaje de buenos días que le envía su amado, a lo que contesta:
“Muy buenos días a mi chef predilecto, el mejor amanecer del mundo ha sido éste, pues, con tus palabras me doy por servida. De acuerdo, nos vemos ahí, te escribiré al ir saliendo para allá, que tengas un productivo día. Te quiero”
Bip, Bip. - Recibe un nuevo mensaje:
“Yo te quiero mucho más, mi Limoncito de amaneceres”
Regina, termina de despabilarse, para ducharse, arreglarse, desayunar algo muy ligero, pues de desayunar completo, no se comerá los pastelillos, con que siempre la esperan “Las Doñas del Edificio”.
Por otra parte, Caridad, se levanta somnolienta, pues entre tanto soñar con su Capitán, casi no durmió bien. Hace su rutina de las mañanas como siempre, aunque con una variante y, es la permanencia de Robert en sus pensamientos y en cada latido de su corazón.
Constanza, se levanta con la misma sonrisa, con la que se quedó dormida la noche anterior. Imaginando a Fabián, despertando a su lado, como siempre debió ser. Ahora que está de nuevo en su vida, los días, despertarán con otra tonalidad, y, con una gran alegría, ya que no permitirá que nada ni nadie, ensombrezca su emoción.
Una vez más, hace su rutina diaria de las mañanas, y, como despertó a buena hora, entrena un poco en el mini-gimnasio que tiene en el salón. Luego, se dirige al tocador, se lava la cara, los dientes, cepilla su cabello, solo como su amada abuela solía hacerlo, mientras piensa en ella y en que le gustaría volverla a ver para sentir el calor de sus abrazos, ahora que estaba tan feliz, le habría gustado compartirlo con ella.
Buscando en el vestidor, su atuendo de hoy para impactar a Fabián, cuando se encontraran para almorzar, tal y como lo habían planeado junto al Támesis, encuentra una cajita, que ha guardado por muchos años, con gran recelo, al abrirla, se encuentra con cientos de cartas que nunca pudo entregarles a Fabián y que le gustaría, ir mostrando a medida que fuesen quedando para verse.
Sacó una, de la que leyó solo un poema corto, que escribió alguna vez a la espera de su amado:
“Tarde azul
las palmeras envejecen
el sol se esconde
tras la colina
nubes
marfil enmudecido
se desplazan
en el éter
Tarde
se hace tarde
se calienta la comida
y los sentidos
vibran las manos
a través del tacto
de sus ojos en mi piel
Tarde que...
huele a café
a chocolate
a momentos taciturnos
a pensamientos volátiles
como la dinamita
a abrazos
que esperan en el alma
impacientes labios
por ser besados”.
- Si, Fabián supiera, cuánto lo añoré por tantos años, si tan sólo supiera, todas las cartas que alguna vez le escribí con tanto amor y tanta tristeza, por no estar juntos, como lo habíamos soñado y lo habíamos escrito en aquel cedro, del jardín de casa. Ojalá pudiera dárselas algún día, aunque los sentimientos, estén a destiempo.
Se decía, Constanza, mientras volvía a colocar la hojita dentro del sobre y luego en la caja, la volvía a guardar.
- En algún momento, se la daré, no sólo ésta, sino todas las que le escribí y que guardo con tanto amor. Por lo pronto, me voy a vestir, me espera un día atareado en la Agencia. Ojalá, las modelos colaboren ésta vez.
Por lo que Constanza, luego de guardar en el sitio de siempre, su cajita de madera junto con sus recuerdos, busca el atuendo del día.
- Me pondré ésta falda gris de tubo, éstos tacones “Vic Totie” plateados, ummm, ésta blusa negra de “Bershka” y creo que éste abrigo, también gris, se me verá fenomenal. Espero que Fabián y yo, podamos vernos nuevamente.
Mientras Constanza, se dispone a vestirse, suena su móvil con un mensaje de buenos días, que le envía su amado Fabián, como si lo hubiera llamado con sus pensamientos.
“Mi princesita, aún no amanece del todo, pero te deseo un dulce amanecer, tanto como la miel de nuestros besos, así que buenos días, espero que tengas un productivo día en la Agencia, te estaré escribiendo para quedar, una vez más, te quiero, nunca lo olvides”.
Constanza, lee el mensaje y sonríe, feliz, por lo que está viviendo. Le contesta el mensaje, diciendo:
“Mi Adorado Fabián, muy buenos días, he despertado, emocionada, contigo en mis pensamientos. Ahora, que me has escrito, estoy más feliz que nunca, espero tú también tengas un lindo día y, que me escribas para vernos o al almorzar o al terminar el día, también te quiero, pero con toda mi alma”.
Las cinco luces, se preparan para salir, cada una a sus respectivos empleos. Sus salidas, fueron calmadas, no hubo nadie que llegara de la oscuridad a nublar, el éxtasis del sentimiento que ahora las embriagaba. Por su parte, Denisse, hace lo que le indicó Agatha, al salir de su casa, toma la dirección contraria al periódico, dirigiéndose hacia la tienda de Agatha, pero, pasa antes por un kiosko, al que le gusta visitar, a comprar algunas revistas y unas golosinas, pues, le gusta tener en la gaveta de su cubículo, ciertas chuches para matar la ansiedad, por si el día, cambia de color. Recuerda, que, de paso, está también el café de Don Alvaro, le gustaría pasar a saludarle, pero, al ver su reloj, se da cuenta que tiene el tiempo justo para llegar a donde su amiga y continuar, hacia su oficina, de manera que, lo deja sin efecto.
- Buenos días, señora, ¿sería usted tan amable de darme éstas revistas de aventura, ésta de cultura maya y éste calendario lunar?, así como también, cinco turrones de ajonjolí, cuatro de guayaba con arequipe, uno de ciruelas pasas con dulce de leche amargo, dos yogurts de piña y coco y, éstos platanitos semi-dulces, ah, y, veinte caramelos de menta helada.
- Buenos días, sí, señorita, ¿desea algo más?
- Ummm, no veo otra cosa que me provoque, ¿qué podría recomendarme?
- Por acá tenemos unos dulces que llaman sorpresa de la luz, no los he probado, pero, dicen los clientes que tienen chocolate blanco por dentro y unas tarjetitas, tipo las galletas de la fortuna, que le hacen conocer, lo que le depara el destino. ¿Le gustaría llevar uno?
- ¿Que me depara el destino?, suena interesante, deme cinco o no, mejor diez.
- De acuerdo, señorita, y, disculpe que le pregunte, ¿tanta curiosidad tiene de saber qué le deparará el destino?
- ¡Oh, no!, o bueno, sí, pero, no todos son para mí. Los obsequiaré a mis amigas y a sus parejas. Nunca está demás, saber un poco más de lo que ven nuestros ojos, ¿no cree usted?
- Totalmente de acuerdo, aquí tiene su compra, señorita, que la disfrute.
- Muchas gracias, señora. Ha sido usted, muy amable. Hasta luego.
- Hasta luego, señorita. Vuelva pronto.
Luego de despedirse, Denisse, sigue su camino hacia la tienda de Agatha. Al llegar, ya su amiga, ha llegado y ha hecho la limpieza diaria en su espacio de trabajo, para alinear las energías.
- Buen día, Agatha, ya estoy aquí. ¿Cómo estuvo tu amanecer?
- Buen día, Denisse, sí, ya te veo. Me alegra que hayas sido puntual. Pues, mi amanecer, estuvo muy tranquilo, gracias a la diosa ¿y el tuyo?
- Mejor imposible, puedo decir con toda seguridad. Por cierto, cuando venía para acá, me he encontrado con un kiosko y he comprado algunas cositas, para matar el aburrimiento y la ansiedad, que me da a veces.
- ¡Oh, qué maravilla!, tú siempre malgastando el dinero en tonterías, seguro.
- Claro que no, además, me he acordado de ti y te he traído un dulce sorpresa, me ha dicho la señora del kiosko, que trae un papelito, que te dice lo que te depara el destino.
- ¿Me vienes a hablar de destino a mí?
- ¡Oh!, olvidaba, que tú eres la Reina de las Premoniciones (Risas)
- Pues tanto como la Reina, no, pero sí conozco el destino y lo que nos puede ir deparando, sobre todo ahora.
- Oye, con respecto a eso, ¿Qué haremos con lo que ya sabemos?, ¿Para cuándo enteraremos a las demás?
- Justo de eso es que te tengo que hablar, es decir, para eso te cité aquí.
- Bien, puedes decirme, soy toda oídos.
- Pasa para acá, es un tema delicado y en cualquier momento puede llegar Diana o alguna cliente.
- Vale, vale, me sentaré por aquí.
- ¿Quieres café?
- ¿Café?, ¿Alguien dijo café?
- ¡Tonta!, ¿quieres o no?
- Sí, por supuesto que sí, ese es mi elixir de vida, ya lo sabías.
- Vale, vale, listo, servido, ya tiene azúcar.
- ¡Wow!, ¡Qué eficiencia!, Ahora sí, cuéntame, ¿Cuándo vamos a abordar a las chicas y contarles, quienes somos realmente?
- Bien, comenzaré por decirte que, Aine o Danu, La Reina de las Hadas, ha hablado conmigo ayer por la noche, es necesario, que, las demás estén tan enteradas como nosotras de todo, de quienes somos y qué venimos a hacer en éste mundo, claro que, de la mejor manera posible, ya que, debemos recordar y tener presentes que Caridad, no es muy amiga de éste tipo de creencias y hay que ir por debajito, como quién dice. Además, cada uno de los hombres, que han aparecido en nuestras vidas, incluyendo tu Bruno, está implicado en el asunto.
- ¿Qué tendrían que ver ellos en esto?
- Según Danu, ellos forman parte del ejército de los Guerreros de la Luz, ya que vienen siendo partes de nuestra vida sentimental, o los extremos de nuestros hilos traslúcidos del amor.
- Pues, desde que Bruno y yo, coincidimos en la Fuente Mágica, sentí que hubo una conexión diferente, a la que tuve en algún momento, con otro hombre. Ahora lo entiendo, era por eso.
- Tal cual, además aparte de lo que ya sabemos, hay algo más, que aún no nos revelan y que lo harán, sólo cuando todas estén enteradas, que son mitad hadas, mitad humanas.
- Y ¿cómo se lo diremos?, para que nos crean. Porque capaz y no nos prestan atención porque como tú eres media bruja y yo ando siempre, buscando historias mágicas para el periódico, dirán que son mentiras.
- He pensado que hoy, quedemos una vez más para vernos, pero, ésta vez sin nuestros enamorados. Creo que podríamos decirles que, hablaremos acerca de los temas de ayer, que quedaron pendientes, luego de ver el ocaso.
- Me parece buena idea, y, como tú eres la bruja, y tienes mayor conocimiento del tema, pues, tú comienzas y yo te voy apoyando.
- ¿Ah, ahora sí soy bruja?, pues hace un momento, me dijiste que era medio bruja.
- (Risas), - No te molestes, Agathica, tú sabes que eres la mejor de las mejores.
- Es que, si no lo dices, sabes que me molesto, ¿no? (Risas)
- Sí, sí, lo sé, por eso, te lo digo y lo sostengo.
- Bueno, bueno, dejemos de hablar tantas tonterías, que ya estarán por llegar mis clientes agendadas, quedamos así, debemos cuadrar con las demás. Lo mejor, es vernos en el bar-café de Don Álvaro, ya que ellos, también saben del asunto y si hay algún problema, ellos nos podrían ayudar.
- Me parece muy buena idea, así yo también veo a Bruno.
- Denisse, quedamos en que sólo nosotras, ustedes podrían quedar en verse después. Ya sabes que, es tu otra parte, y, nadie les impide que se amen o que se vean. Pongámonos serias en el asunto, por favor.
- Está bien, le escribiré a Constanza y a Caridad; tú, ocúpate de Regina.
- No, creo que lo mejor es que hagamos un grupo de w******p, y, así, hablamos todas a la vez, en conferencia.
- Mucho mejor. Ya estaba pensando en cómo abordar a Caridad.
- Okey, le diremos entonces que tuve una premonición, que yo te la comenté y luego, la confirmamos con Don Alvaro.
- Eso es decir mentiras, no creo que sea conveniente, vayamos con la verdad.
- Yo no estoy mintiendo, tuve esa premonición hace algunos días, de hecho, un poco antes de reencontrarnos en el bar de Don Alvaro.
- Vale, si es así, pues, hagámoslo. Formas el grupo por w******p y nos comunicamos por ahí. Ahora, debo irme, se me hace tarde para llegar al periódico.
- Perfecto, ya me pongo en eso. Hoy tengo bastante trabajo, espero terminar a tiempo, para encontrarnos a eso de las cinco y treinta en el bar-café.
Las amigas, quedando de acuerdo, se despiden para ocuparse cada una de sus asuntos laborales. Denisse, toma su casco, se monta en su bici-moto y arranca, por su parte, Agatha, toma su móvil y forma el grupo, para salir de ese asunto, antes que, por alguna razón, se le olvide hacerlo. En ese instante, llega Diana, su asistente, poniéndose manos a la obra con sus quehaceres en la tienda y más atrás, la primera cliente del día.
Por otro lado, Constanza, llega a la agencia, saluda a Esperanza y entra inmediatamente a su oficina. Ve en su móvil, que ha sido agregada a un grupo llamado “Las Cinco Luces”, nombre que, le parece muy apropiado para ella y sus cuatro amigas, pues, como decía su abuela, eran y serían siempre, estrellitas y soles, brillando eternamente en el firmamento.
Mientras tanto, Regina, ya en el condominio, y, compartiendo unas donitas de crema de cerezas con Tamara, que le hubo dejado, Doña Belén, con antelación, revisa su móvil, al recibir una notificación:
- ¿“Las Cinco Luces” ?, un nombre no muy original, para un grupo de amigas, creo que debió ponerle, algo así como, La Fraternidad, suena mejor y trae muy buenos recuerdos. Pero, mejor me ocupo de mi desayu-rienda (desayuno con merienda).
- Jefa, ¿me decía algo?
- No, no, aquí hablando como los locos; sola. Descuida, yo me entiendo. Más bien, comámonos esto y vamos a trabajar, que las cuentas, no se pagan solas.
Mientras tanto, Caridad en la fundación, saluda a Liliana, que la espera para hacer la visita a los abuelitos en el geriátrico y llevarles un poco de alegría, con el grupo de colaboradores que laboran en ese organismo. Escucha su móvil, pensando que es Robert, quien le escribe, se fija que, ha sido incluida en un grupo de amigas, con un lindo nombre “Las Cinco Luces”, mientras piensa que, es un nombre que las describe por completo.
- Somos cinco luces dispuestas a iluminar el cielo y el mundo entero con nuestro brillo, ¡¡Me encanta!
Así pasan, su tarde, cada una en sus ocupaciones, entregadas al máximo en lo que eligieron hacer en su vida, en la misión, que ellas pensaban que era por la que habían llegado al mundo, sin saber que, el destino, le deparaba algo más que eso.
A media mañana, Constanza, se comunica por el grupo, saludando a sus queridas amigas y deseándoles un lindo día.
“Buenos casi mediodías mis queridas luces, ¿cómo va su mañana?, les quería contar que me encanta éste grupo, ¿De quién fue la idea?”
A lo que Agatha, responde:
“Fue mía, mi querida Constanza”. Aparte que, ésta es una muy buena manera de comunicarnos, también lo hice, porque quiero hacerles una invitación a todas, para ésta tarde”.
Caridad escribe:
“¿De nuevo?, tengo varios días sin llegar temprano a casa. Pensaba descansar”.
Denisse, deja lo que está haciendo en su escritorio y responde:
“Bueno mi querida Cari, descansas mañana, ya casi llega el fin de semana, además es necesario vernos ésta tarde”.
Regina dice:
“¿Tú también piensas que debemos vernos hoy?, no sé qué piensen las demás, pero aquí hay gato encerrado.”
Caridad, responde:
“Dígannos, qué es lo que está pasando, ¿por qué es tan urgente que nos veamos hoy?”.
Constanza, escribe:
“Ustedes tienen un misterio, todo raro, desde anoche en “Mi Talismán”, tenían una observadera hacia nosotras, como si, nos quisieran decir algo. ¿Qué pasa?”.
Agatha, les dice:
“Chicas, de verdad necesito que nos reunamos en el bar-café de Don Alvaro ésta noche, de hoy no puede pasar, debo decirles algo de vida o muerte, no quería decirlo de ésta manera, pero, no me dejaron opción, tienen que ir, sí o sí.”
Regina, comenta:
“¿Vida o muerte?, esas son palabras mayores, pues, siendo así, avisen la hora en la que nos veremos, espero también nos digan la razón por la que le pusieron ese nombre tan cursi al grupo”.
Caridad, vuelve a escribir:
“Quería descansar, pero, ni modo, será que descanse mañana o el fin de semana, podrían adelantar, ¿cuál es el tema que tanto les urge? (Agatha y Denisse)”.
“Por cierto Regina, ese nombre está hermoso, a mí me encantó”.
Responde Denisse:
“Sólo puedo decirles que nos harán cambiar de opinión, respecto a algunos aspectos de nuestras vidas, no puedo decir más, mis luces”
Agatha, les dice:
“Y, deben creer lo que le vamos a decir, porque, es sumamente importante, por el bien de nosotras y de muchas almas. Ya no le diremos nada más, así que no escriban por privado a preguntar, que las conozco. Nos vemos en el bar-café a las cinco y media de la tarde, procuren ser puntuales”.
“Ah, y no lleven a sus enamorados, la reunión solo nos compete a nosotras cinco, por ahora, sin excepción”.
Constanza, envía una nota de voz:
“Habló la jefecita, así que hagan caso, nada de chicos, yo mejor obedezco, (Risas), y, el nombre del grupo me recordó a mi abuelita, ella decía que éramos como las estrellitas y soles del cielo, siempre brillando”.
Regina, contesta:
“Si es con ese carácter, yo también obedezco, nos veremos ahí a la hora pautada, ahora las dejo, estoy ocupadita y ustedes me están atrasando”.
Caridad, responde:
“Yo también estoy en mis asuntos, nos veremos a las cinco y treinta, puntuales por favor, puntualesssssss”
Denisse, escribe:
“Ahí estaremos puntuales mi querida Cari, don't worry, be happy, mi lucecita”
Todas quedan de acuerdo en encontrarse, en el lugar pautado, de lo que no se dieron cuenta fue, que, en el momento en que hablaban de la información que tendrían que darle Denisse y Agatha, fue que, el brazalete, que ésta última, les regaló al hacer el pacto, se encendió en sus muñecas. Así pasaron la tarde, envueltas en sus propios asuntos, hasta que llegó el momento en el que debían encontrarse. Fueron llegando poco a poco, una por una, al bar-café de Don Alvaro, dónde éste, las recibió con el mismo cariño de siempre, desde que iban ahí, luego de la universidad. Aunque, estaba un poco confundido, no pensaba que las volvería a ver, sino hasta que Danu y los Dioses de la Dimensión Perdida, lo decidieran, cosa que, a él, también debían informarle, para saber a qué atenerse, a la hora que surgiera alguna pregunta.
A medida que las luces, iban entrando al bar-café, la Fuente Mágica, en la parte trasera, se iba encendiendo, lentamente, las almas cautivas, bailaban al son de mágicas melodías que escuchaban en la lejanía y la escarcha, comenzaba a condensarse para aflorar, en cualquier momento; momento que llegaría en pocas horas o tal vez en minutos y aunque, las hadas, no tenían ni idea de contar el tiempo, con las luces que se iban mostrando, lo sabían.
Tilin, dong, dong
- Buenas tardes, Don Alvaro, ¿cómo está?
- Buenas tardes, hermosa señorita Constanza, muy bien, ¿y usted?
- Muy bien, gracias a Dios, no pensé que lo vería tan pronto, pero, mis amigas y yo, hemos quedado aquí para conversar unas cositas importantes.
- Sí, lo sé, pase adelante que ya han llegado la mayoría, sólo faltaba usted y la señorita Denisse, que supongo, debe estar por llegar.
- Denisse, ¿no ha llegado?, cuando no... Ella siempre, llegando tarde, aunque, conociendo su posición, debe estar peleando todavía con su jefe para escaparse de la oficina.
- No le ha ido muy bien con el señor, ¿no? Hace unos días cuando estuvo aquí, me comentó que era muy exigente, que no se la llevaban muy bien que se diga.
- Pues sí, pero, ojalá las cosas cambien. Por cierto, Don Alvaro, éste lugar sigue irradiando una energía dulce como la miel, inyectándonos la magia, en los poros. Lo felicito por ello.
- Siempre, para servirle, señorita Constanza, hacemos lo que mejor podemos para que tengan un espacio digno del disfrute individual o colectivo. Pero, no se quede ahí, siga adelante, sus amigas están en la mesa del fondo.
- Gracias, Don Alvaro. Ehh, algo más, ¿ya pidieron de beber?
- No, tengo entendido que solo beberán agua gasificada de frutas, por los momentos, luego que conversen, será que vayan por algo más picante.
- ¡Ah, Caramba!, algo delicado debe ser. En ese caso, tráigame por favor una agüita de toronja, gracias.
- Enseguida, se la llevo.
Constanza, sigue hacia la mesa donde la esperan sus amigas, coloca sus pertenencias en el perchero personal que, el dueño del bar-café, les ha colocado allí, se saludan con todo el mismo cariño de siempre, se abrazan, preguntándose, ¿Cuál será el misterio?
Conversan de sus cosas, de su día y de cómo les ha ido con cada uno de sus enamorados. Caridad, les comenta que había quedado con Robert, pero, tuvo que dejarlo para después, al igual que Regina y Constanza. En ese ínterin, llega Denisse, corriendo, la ven desde su mesa, que entra como una ráfaga o como alma que lleva el diablo, tal y como dirían en los pueblos aledaños.
- Don Alvaro, ¿Cómo le va?
- Muy bien, Denisse, vienes muy apurada, respira.
- Sí, llegué tarde a la reunión, las chicas me van a matar por la demora.
- No se preocupe por eso.
- ¿Cómo va todo por aquí? ¿La fuente?
- Todo va bien, y, la fuente, a la espera. No sabía que se reunirían aquí, ¿ha pasado algo de lo que deba enterarme?
- Venga, es calladito, hoy, Regina, Constanza y Caridad, sabrán que son hadas. Por eso, escogimos éste lugar y necesitaremos de su ayuda. Danu, nos encomendó hacerlo.
- ¡Oh, claro!, comprendo, ya era hora, no se preocupe, cuente conmigo. Y ¿Agatha?, ¿ya lo sabe?
- Sí, Danu se lo dijo personalmente.
- En ese caso, cuenten conmigo, estoy a la orden. ¿Algo para beber?
- Sí, un agua gasificada de manzana verde y aloe, por favor.
- Ah, ya sabía que sólo agua por los momentos.
- Sí, así lo decidimos, aunque, creo que lo mejor es algo fuerte para soltarles esa bomba, ya veremos que va pasando. Me voy a la mesa, ya Agatha, debe sospechar de que hablamos (Risas).
- Vaya, vaya, ya le llevo el agua. Por cierto, Bruno, llega más tarde, está terminando unos asuntos personales.
- ¿Cómo sabía que le iba a preguntar por él?
- Soy parte de los Guerreros, ¿lo olvidaste?, también sé cosas.
Denisse, se acercó a la mesa de sus amigas, las saludó y comenzaron a conversar, excusándose por haber llegado tarde.
- Chicas, disculpen la demora, tuve inconvenientes para salir del periódico, Don Argimiro, me llamó a una reunión de última hora y a pesar que le dije que tenía asuntos que atender, no me permitió salir.
- No te preocupes, Denisse, ya estamos acostumbradas con ese señor, tan insoportable, de hecho, no sé a ustedes, pero a mí, particularmente ya me cae pesado. Exclama, Regina.
- Sí, la verdad que, cae muy mal con sus actitudes. Manifiesta, Caridad.
- Bien, chicas, ya que estamos todas, y que, Don Alvaro, está por traerle la agüita a las chicas, voy a ir entrando en materia. Comenta Agatha.
En ese momento, llega Don Alvaro, con el pedido, lo coloca frente a cada una de las chicas y antes de retirarse, Agatha le dice:
- Gracias, Don Alvaro, por favor esté pendiente que posiblemente, le llame.
- Por supuesto, señorita, estaré atento.
El dueño del establecimiento se retira, y, mientras lo hace, introduce su mano en el bolsillo, aprieta la piedra de cuarzo rosa que mantiene en él y continua su camino, elevando su plegaria eterna.