En Londres, las calles, no solían ser las mismas que hace días atrás, a raíz de la llegada de Abalam y la bestia, que cabalgaba por toda la ciudad, con la que convirtió cada espacio de paz, en un caos infinito. Habían pasado, alrededor de dos semanas, desde lo sucedido, algunos transeúntes, lo habían olvidado, mientras que otros, quizás, los más afectados, mantenían el recuerdo de ese momento, presente cada nuevo amanecer. Vivían con temor, imaginando que, en cualquier momento, aparecería de nuevo la bestia y arrasaría con ellos y con todo lo que se le atravesara a su paso. Por su parte, en cada uno de los empleos de Las Luces, todo seguía normal, claro que, notaban su ausencia, pero, todo continuaba su curso. En el condominio donde laboraba Regina, las doñas del mismo, se paseaban todas

