Capítulo 1

1095 Words
~Jasmine~ Desde que era pequeña, mi madre solía decirme que siempre debía estar atenta a ese tipo de amor que me hiciera vibrar como el sonido de la campana cuando termina una ronda de boxeo. Mi madre siempre creyó en el amor verdadero y puro... yo no tanto. Tiendes a renunciar a buscar el amor verdadero cuando pasas de una relación fallida a otra. El rugido del público me devuelve al momento y me doy cuenta de que la octava ronda acaba de terminar con un boxeador noqueado en seco. Me cuelo entre la multitud de paparazzi para conseguir una buena foto de Vincenzo. Cuando estoy lo bastante cerca del boxeador, que me dobla en estatura, mi cámara tira su flash. Miro la foto en mi cámara y pongo una cara de asco al ver la imagen del rostro ensangrentado de Vincenzo. El equipo de Vincenzo lo sujeta y empieza a limpiarle la sangre lo mejor que puede antes, mientras que el árbitro está contando desde 10, dándole 10 segundos al otro boxeador de pararse y seguir el combate. Pero por la sonrisa que lleva Vincenzo en el rostro, no creo que el otro boxeador se valla a levantar. Luego de que el oponente de Vincenzo no se recuperara dentro de los 10 segundos, el árbitro se sitúa en el centro del ring sujetando a Vincenzo por la muñeca. Cuando el público se calma, el árbitro levanta la muñeca de Vincenzo, y el flash de mi cámara vuelve a dispararse. Miro hacia abajo para analizar la imagen y pongo los ojos en blanco. La vida a través del objetivo de una cámara es más fácil de leer. Vincenzo D'Angelo es el mejor boxeador de la Cooperativa Joshua. Su cuerpo es magnífico, como si hubiese sido esculpido por los dioses griegos, sus brazos son grandes y tonificados con músculos y están cubiertos de tatuajes, pero mi tatuaje favorito por excelencia está en su espalda, "El Rey de Reyes" que se puede leer en su amplia espalda. Vincenzo tiene los ojos verde claros, el pelo n***o y la piel bronceada por el sol. El físico de Vincenzo es lo único bueno del hombre. Su sonrisa es arrogante, su ego es ridículamente enorme, sus ojos brillan de orgullo y de no hablar de cómo piensa que el mundo gira a su alrededor. La única otra cosa buena que puedo decir sobre el tipo es que es un chico de familia, siempre esta alrededor de sus 3 hermanos menores, pero aparte de eso, es un completo imbécil. - "Una foto de familia chicos" grita el mánager del J.C. dentro del vestuario de Vincenzo. Milo me dedica una simple sonrisa y yo le saludo asintiendo con la cabeza. Milo se acomoda a mi lado mientras todos los hermanos de Vincenzo aceptan alegremente la foto, mientras Vincenzo gime y pone los ojos en blanco. Me contengo de poner los ojos en blanco ante su reacción. Créeme, Vincenzo, si pudiera elegir, yo tampoco estaría aquí, pero te guste o no, formo parte de tu equipo de patrocinadores. "Hazme ver guapo, Jasmine", dice Elías con una sonrisa encantadora en la cara y yo le hago un gesto con el pulgar hacia arriba. "No es justo, hazme ver a mi guapo" Joaquín es el que habla ahora empujando un poco a Elías hacia el lado. "Vamos hermanos todos sabemos que ella me va a hacer ver el más guapo a mi", dice Rafael y le da una palmada a Joaquín detrás de la cabeza. "Vale chicos yo no puedo poneros guapos a todos, pero puedo trabajar con una sonrisa, ¿qué os parece?". Les digo con una sonrisa propia y los tres chicos se acomodan, felices con mi propuesta, rodean con sus brazos al hermano que tenían al lado y sonríen alegremente. Hago la foto, pero cuando la examino, arrugo la nariz ante ella. Le doy un ligero codazo a Milo en las costillas y él baja la vista hacia mi cámara. Suspira decepcionado y entrecierra los ojos, mirando fijamente hacia Vincenzo. "Vincenzo, tienes que sonreír para la foto", le pide Milo, Vincenzo pone los ojos en blanco y sonríe. Es una sonrisa pequeña, pero me conformo con ella. Hago la foto antes de que desaparezca, miro a mi cámara y sonrío un poco. "Esta sí que me gusta", digo en tono alegre a los hermanos. Los tres chicos se empujan para ver quién llega antes a mí. Elías gana la carrera y le enseño la foto. Silba ante la foto y luego me mira. "Tienes un talento bello". Dice y procede a dejar un poco de espacio para que sus hermanos también echen un vistazo a la foto. Me encojo de hombros ante su comentario. "Yo sólo pulso un botón, vosotros hacéis todo el trabajo duro", le digo con una sonrisa amable. "Vale, todos fuera, quiero darme una ducha" gruñe Vincenzo, desviando toda nuestra atención de la foto para mirarle a él. "¿No quieres ver la foto?", pregunta Joaquín. "Estamos todos muy guapos" mira una vez más la foto y le hace una mueca. "Bueno, todos menos Rafael", dice Joaquín encogiéndose de hombros y Rafael no pierde tiempo y agarra a su hermano por el cuello para estrangularlo y demostrarle quién es el hermano más fuerte. Empiezan a jugar agresivamente y Rafael choca conmigo sin querer y casi hace que se me caiga la cámara. "Basta ya de peleas de niñitas" sisea Milo a los chicos mientras junta las manos para llamar su atención. "Vincenzo métete en la ducha, hermanos recoged vuestras pertenencias, no os dejéis nada como la última vez", dice Milo mientras se frota las sienes. Los cuatro hermanos se ponen a trabajar en lo que se les habían dicho. Milo me saca del vestuario y suspira. "¿Estás bien?" le pregunto mientras le pongo la mano en el hombro. "Te juro que cada día son más sinvergüenzas", me dice y me río un poco por su comentario. "Estoy deseando que llegue el día en que una mujer domestique a cada uno de ellos", dice suspirando. "Como si eso fuera a ocurrir alguna vez", le digo y él se ríe ante mis palabras. Milo tiene 31 años, es joven pero no demasiado para trabajar con un grupo de chicos que actúan como adolescentes hormonales e irresponsables. Milo tiene los ojos verdes y el pelo rubio, que es uno de los rasgos que le fascinan a su esposa. "¿Cómo está tu niña?" le pregunto, intentando sacarle de la cabeza a los 4 hermanos que no saben comportarse.
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