Capítulo 2

1159 Words
~Jasmine~ "Estas fotos han quedado increíbles, Jasmine", me dice Gabriela cuando le enseño las fotos de la pelea de boxeo. Han pasado dos días desde la increíble noche de Vincenzo dentro del ring, lo que significa que he tenido todo el fin de semana para editar las fotos tranquilamente y sin prisas. Las fotos han quedado increíbles, que es una de las razones por las que se las estoy enseñando a Gabriela. Su pelo oscuro y rizado le cae sobre la cara cuando llega a la foto de los 4 hermanos en el vestuario. "Madre mía, qué guapos son", jadea y pone una mano en la pantalla de mi computadora. "Vale, ya basta", le aparté la mano cuando empezó a babear por todo el teclado. "Son preciosos", se pone una mano en la cadera y yo pongo los ojos en blanco. "Yo hice todo el trabajo duro", resoplo y oigo una risita de Gabriela. Gabriela tiene 24 años y es mi mejor amiga en el trabajo. Nos conocimos un día en la cafetería de la empresa y conectamos al instante. Es la segunda asistente de Joshua, no la veo mucho, ya que trabaja en el piso de arriba, pero esta chica siempre se las arregla para escabullirse de nuestro jefe de vez en cuando. "Mañana por la noche todo el mundo va a salir a celebrar la décima victoria consecutiva de Vincenzo. ¿Vas a estar allí?", me pregunta, su tono es insistente, pero le regalo una sonrisa incómoda. "Ya sabes que las fiestas no son lo mío", le digo encogiéndome de hombros, pero ella me mira irritada. "Chica, tienes que salir más", me dice poniéndome sus dos manos en mis hombros y sacudiéndome un poco de un lado a otro. Siseo ante el repentino movimiento y entrecierro los ojos mirándola. Abro la boca para protestar, pero ella me tapa la boca con la mano y me hace callar. "Sin peros", me advierte. La miro con ojos suplicantes, pero ella sólo responde con una dulce sonrisa. Esta chica tiene un don para conseguir que la gente haga justo lo que ella quiere sin apenas algún tipo de esfuerzo. "Ni siquiera tengo nada que ponerme", le digo frunciendo el ceño. "Déjamelo a mí", me dice sonriendo. Ya odio esto y ni siquiera ha empezado. - "Deja de moverte", me regaña Gabriela y aparta con un manotazo, mi mano que empieza a bajarme los shorts apretados que llevo puesta. Gimo y entrecierro los ojos. Jamás en mis veinticuatro años de vida habría salido de casa vestida así. El crop top naranja neón es sin hombros y los shorts blancos se me suben por la raja del culo. El conjunto es obra de Gabriela, que al menos me ha dejado alisarme mi pelo rubio platino claro. Camino detrás de Gabriela mientras el portero nos deja entrar. La música suena un reggaetón de la vieja escuela, las luces láser bailan por todas partes y el local apesta a alcohol y sudor. Gabriela me agarra con fuerza el brazo y me da un apretón. "Nena, cambiad esa cara de asco que tenéis, estáis espantando a los tíos buenos", me susurra al oído. "Relájate", tira de mí en dirección al bar y nos pide una ronda de tequila. Los shots no tardan en llegar y nos los tomamos de un solo tiro. "Eso sabe a puro culo", gimo mientras la sustancia caliente se desliza por mi garganta y me quema. "Créeme, unos cuantos shots más y ni siquiera podrás saborearlo", me promete Gabriela con una sonrisa y no puedo evitar reírme de ella. Miro a mi alrededor y el local está abarrotado, aunque no me sorprende. Vincenzo es el rey de nuestra empresa, así que celebrarlo es una de las cosas que más disfruta la compañía. "¿Buscas a alguien?" me pregunta Gabriela y vuelvo a centrar mi atención en ella. "No encuentro a Vincenzo, lo cual es raro teniendo en cuenta que es una fiesta dedicada a él", digo poniendo los ojos en blanco. "Oh, no te preocupes por él, probablemente esté en la sección VIP con sus hermanos", me dice encogiéndose de hombros. "Vamos a bailar", grita entusiasmada y me arrastra a la pista. Conseguimos abrirnos paso hasta la pista de baile y una vez que empezamos a bailar, consigo relajarme. Sorprendentemente estar fuera de mi apartamento puede ser divertido, especialmente cuando tienes a una chica como Gabriela contigo, esta chica puede hacer que cualquiera se divierta. Después de unos minutos de baile, empezaba a sentirme seca en alcohol. "Voy a por otro trago", le grito a Gabriela para que pudiera oírme por encima de la música alta. "¡Esa es mi chica!", predica Gabriela y yo me río de sus expresiones dramáticas. Empujo a mi alrededor, tratando de abrirme paso hasta el bar, pero era casi imposible. Tras unos minutos abriéndome paso entre la multitud, llego al bar. Miro a mi alrededor en busca del camarero, pero no está por ninguna parte. Espero pacientemente a que vuelva cuando, de repente, siento una mano en mi cintura. Me doy la vuelta rápidamente y empujo a quienquiera que me esté tocando. "Oye, no hace falta que seas una niña peleona", me dice el tipo que tengo delante y yo arrugo la nariz con disgusto. "¿Qué tal si te invito a un trago?". murmura inclinándose hacia mí y yo doy un paso hacia atrás, intentando distanciarme lo más posible de él. Era más grande que yo, así que luchar contra él no es una opción imposible, ahora correr parecía la opción más favorable. "No, gracias", le digo educadamente y vuelvo a centrar mi atención en la barra, ¿dónde está el camarero? "No seas así, muñeca", el hombre me agarra del brazo y yo le aparto la mano de un manotazo. "¡No me toques, joder!" grito enfadada por sus acciones. "¿Qué hay que no entiendes que he dicho que no? ¡No puedo ponerlo en palabras más sencillas para que tu pequeño cerebro lo entienda!" con cada palabra que le escupía a este hombre, su cara empezaba a distorsionarse aún más por la ira. Trago saliva y me arrepiento de mi arrebato cuando veo que su boca se convierte en una fina línea. "Escúchame bien, chiquilla" me agarra de los dos brazos y me acerca más a él. "¿Qué tal si te relajas y dejas de montar una escena delante de todo el mundo?", me gruñe y cuando miro a mi alrededor unas cuantas personas miran hacia nosotros. Pero solo miran, nadie ayuda. Un puto clásico. "Ahora sé una buena chica y bébete algo conmigo, quizá más tarde pueda recompensarte por tu buen comportamiento" me susurra las palabras al oído y yo cierro los ojos ante su proximidad. Esto no me puede estar pasando ahora mismo. Gimo cuando su agarre empieza a dolerme, pero entonces, por encima de la música alta, una voz áspera habla.
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