—¡Mierda! Golpeo con fuerza la puerta de mi casillero a falta de algo (o alguien) para descargar mi furia. Apenas pude controlarme o concentrarme el resto de la práctica, pendiente de la repentina aparición de Dylan en el campo. ¿Qué demonios? ¿Desde cuándo ese idiota anda asistiendo a nuestro entrenamiento? Pero no fue eso lo que causó que mi sangre hirviera por la ira, no señor. Fue ver la jodida cercanía que tenía con mi futuro chico y, además, percatarme de cómo dejaba su baba plasmada en su pequeña mano. Me dejó tan perplejo que fallé en el que iba a ser un perfecto pase, todo a partir de ese punto se volvió un caos con el Entrenador. Estoy enfurecido, agotado, hambriento y mi cerebro palpita con el dolor de cabeza. —Cálmate, hombre —Steve aparece detrás de mí y aprieta mis hombro

