JAMES Como era de suponerse, instantáneamente nos sacaron de la habitación de Steve, prácticamente a patadas, debido a las numerosas protestas que dimos. Sam fue el último en salir, tomándose un par de minutos extra, aprovechándose de su gran volumen para doblegar la voluntad del médico de turno. Afortunadamente, nuestros berrinches no trajeron problemas mayores y nos permitieron volver al día siguiente, sólo accediendo a la estadía de los padres de Steve en el hospital, en caso de que surgiera alguna novedad. El Entrenador fue el primero en marcharse, su esposa aparentemente lo había llamado, necesitando ayuda para controlar a sus hijos. Me sorprendió ver el rubor en su rostro al excusarse. El hombre muy pocas veces demuestra nada más que una actitud serena y controlada (a pesar de

