Capitulo 02

1031 Words
El sol de la tarde calentaba la sala de la casa familiar, donde todos se habían reunido como hacían todos los domingos desde que Larissa recibió el diagnóstico. Las sillas estaban dispuestas en círculo, como si estuvieran esperando una sesión de terapia más que una comida familiar. Melissa se sentó a un lado de su hermana, sosteniéndole la mano con fuerza mientras veía cómo sus padres ajustaban nerviosamente los manteles, cómo su abuela colocaba los platos con más cuidado del habitual, como si cualquier movimiento brusco pudiera romper el frágil equilibrio que habían mantenido durante años. —Todos están aquí —dijo Larissa en voz baja, y su tono hizo que el murmullo suave de la conversación se callara de golpe. Sus ojos recorrieron cada rostro conocido: la preocupación en los ojos de sus padres, la ternura en la mirada de su abuela, la esperanza contenida en la de Melissa. Al fondo, Mateo se había quedado de pie cerca de la ventana, con las manos en los bolsillos y la mirada fija en ella. Pero en esos segundos, sus ojos se desviaron por un instante hacia Melissa —un gesto rápido, casi imperceptible, que ella captó y que hizo que su corazón se contrajera con una tristeza que conocía demasiado bien. Larissa se levantó lentamente, apoyándose en la mesa para estabilizarse —un hábito que aún no había perdido, aunque ya no lo necesitara. Sentía cómo su corazón latía fuerte en su pecho, no de miedo esta vez, sino de una emoción que le quemaba por dentro. —Hace cinco años, en esta misma sala, les contamos que tenía cáncer —empezó a decir, y vio cómo sus padres apretaron las manos entre sí. La voz de su madre se quebró un poco cuando intentó hablar: —Mija, no hace falta que recuerdes eso ahora... —Sí, hace falta —interrumpió Larissa con una sonrisa suave. Y luego, por primera vez en mucho tiempo, su rostro se iluminó con la misma luz que tenían sus ojos cuando era niña. —Porque hoy, exactamente cinco años después, les puedo decir que ya no estoy enferma. Los médicos confirmaron que no hay rastro de la enfermedad en mi cuerpo. Estoy curada. El silencio que siguió duró solo un instante, pero se sintió como una eternidad. Luego, la madre de Larissa soltó un llanto que se convirtió en una carcajada de alegría, lanzándose a abrazarla con fuerza. Su padre la siguió, y aunque intentó mantener la compostura, las lágrimas corrían libremente por sus mejillas. La abuela se tapó la boca con las manos, llorando mientras reía, y Melissa la sujetó por los hombros, sin poder decir nada más que repetir una y otra vez: "Lo lograste, lo lograste..." Mientras la familia se abrazaba y celebraba, Larissa levantó la vista hacia Mateo, quien seguía en su lugar cerca de la ventana, pero ahora sus ojos brillaban como nunca antes. Se deslizó entre los abrazos y se acercó a él, sintiendo cómo sus piernas temblaban un poco de emoción. —Mateo... —empezó a decir, pero él la cortó con un gesto suave, sacando algo de su bolsillo. En ese momento, su mirada se encontró con la de Melissa por un breve instante, y en ella reflejaba una pena profunda, un amor callado que había guardado en silencio durante años. Porque nadie sabía que cuando Larissa le había contado su enfermedad, ella también le había revelado su mayor temor: que nunca podría ser madre ni casarse con el hombre que amaba. Y Mateo, con el corazón partido en dos, le había prometido que se casaría con ella —no por piedad, sino porque la quería, aunque su alma pertenecía a otra. —Yo debería ser el que hable —dijo Mateo, arrodillándose ante ella en medio de la sala. La familia se calló de golpe, todos mirándolos con la boca abierta. —Larissa, te conocí cuando éramos niños y te prometí que algún día te casaría. Cuando te enteramos de la enfermedad, pensé que ese día nunca llegaría. Pero tú fuiste la más fuerte persona que he conocido en mi vida: luchaste cada día, nunca perdiste la fe y seguiste amándome como si el mundo no tuviera fin. Sacó una caja pequeña de cuero n***o y la abrió, mostrando un anillo de diamantes con un diseño sencillo pero hermoso. —Ya no tienes cáncer, y nuestro futuro ya no está en pausa. Larissa Volkova , ¿quieres casarte conmigo y construir una familia junto a mí? Larissa sintió cómo las lágrimas de felicidad corrían por sus mejillas, mezclándose con las sonrisas que no paraban de salir. —Sí, Mateo, sí —dijo entre sollozos, y él la ayudó a ponerse el anillo antes de levantarse y abrazarla con fuerza, girándola en el aire mientras la familia aplaudía y gritaba de alegría. Mientras la sostenía en sus brazos, su mirada buscó de nuevo a Melissa, que ya se había alejado un poco, con la cabeza baja para ocultar las lágrimas que no pudo contener. Ella sabía. Siempre lo había sabido, pero ahora, con la promesa de matrimonio en el aire, el peso de ese secreto compartido se hizo más pesado que nunca. Mientras todos celebraban juntos, Melissa se quedó un paso atrás, observando a su hermana con el corazón lleno. Había cumplido la primera parte de su promesa: ayudarla a vencer la enfermedad. Y ahora, con la noticia del matrimonio y el deseo de Larissa de ser madre, sabía que era hora de prepararse para la segunda parte. Pero en ese momento, solo quería disfrutar de la alegría de la familia, de ver a la persona que amaba más en el mundo feliz de nuevo —incluso si esa felicidad costara el corazón de todos ellos. —¡Ahora sí que vamos a tener que preparar una boda! —gritó la abuela, haciendo reír a todos, mientras Mateo besaba la frente de Larissa y ella miraba a su hermana con una mirada llena de gratitud y amor. Ninguno de los dos dijo nada sobre el secreto que guardaban, pero en el aire flotaba la certeza de que ese compromiso cambiaría para siempre el rumbo de sus vidas.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD