Capitulo 03

868 Words
Mateo se quedó solo en el patio trasero de la casa de las gemelas, apoyado en el mismo muro de piedra donde todo había empezado. La luz de la luna dibujaba sombras largas sobre el césped, igual que hacía hace siete años, cuando la noche que cambió su vida por completo. En su mano sostenía el anillo de compromiso que acababa de colocar en el dedo de Larissa, pero su mente estaba en otra parte —en el recuerdo de ese verano en el que todo se había vuelto un torbellino de emociones y confusiones. *Hace siete años* El calor del agosto envolvía el patio cuando Mateo llegó a buscar a Melissa. Había pasado semanas dudando, acumulando palabras en su corazón que no lograba pronunciar, hasta que esa noche decidió que ya no podía esperar más. Había preparado un pequeño ramo de margaritas blancas —las flores que ella siempre decía que le gustaban— y había escrito una carta donde le contaba todo: cómo la había amado desde que eran adolescentes, cómo cada vez que la veía sonreír sentía que el mundo tenía sentido. Cuando la vio salir por la puerta trasera, su corazón se detuvo. Llevaba una falda clara y una blusa de encaje, y su cabellera roja —que Melissa siempre lucía suelta sobre sus hombros— caía en rizos hasta la cintura. Se acercó con paso firme, extendiendo las flores sin mirar bien su rostro, tan nervioso que apenas podía respirar. —dijo con voz temblorosa—, tengo que decirte algo. He estado esperando tanto tiempo, y no puedo seguir callándolo. Te amo. Te amo más que nada en este mundo, y quiero estar contigo todos los días de mi vida. La chica se quedó inmóvil por un instante, luego sonrió con una ternura que le partió el corazón. Tomó las flores con manos temblorosas y bajó la vista. —Mateo... yo también te he querido por mucho tiempo —respondió, y su voz sonó un poco más grave de lo que él esperaba, pero en su nerviosismo no le dio importancia. —Siempre has sido el hombre de mis sueños. Él la abrazó con fuerza, besándola en la frente, convencido de que había encontrado la felicidad. Fue solo hasta semanas después, cuando vio a Melissa en la plaza con el cabello suelto como siempre, mientras Larissa pasaba junto a ellas con el pelo recogido en un moño perfecto, que se dio cuenta del error. Se sintió como si le hubieran roto el corazón con las manos: había declarado su amor a la hermana equivocada. Quiso explicarlo, quería decir la verdad, pero cuando se acercó a Larissa para hablar, ella le contó lo que el médico le había dicho unos días antes: tenía cáncer. La miró a los ojos, llenos de miedo y de la esperanza que su confesión le había dado, y las palabras se le quedaron atascadas en la garganta. En ese momento, vio la fragilidad de la mujer que creía haber sido Melissa, y decidió que no podía hacerle más daño. Le prometió que la cuidaría, que la amaría y que algún día se casaría con ella —un compromiso que nació del remordimiento, pero que con el tiempo se convirtió en un amor profundo, aunque diferente al que sentía por Melissa. El presente Mateo cerró los ojos, sintiendo cómo el peso de ese pasado lo aplastaba. Ahora Larissa estaba sana, y la promesa que le había hecho estaba a punto de cumplirse. Pero su obsesión, el amor por Melissa no había desaparecido: cada vez que la veía, sentía cómo su corazón latía más rápido, cómo su mirada buscaba la suya en cualquier reunión, cómo anhelaba escuchar su risa y sentir su mano en la suya. Escuchó pasos detrás de él y se giró: era Larissa con el cabello recogido como siempre, reflejándose en la luz de la luna. —Sabía que estarías aquí —dijo ella en voz baja. Estás arrepentido ? Mateo no comprendía a qué se refería. __De que podría arrepentirme? Estás sana, aún somos jóvenes para seguir y muy pronto nos casaremos. Dijo qlcon pesar en su pecho que saco con un suspiro, dejándole ver a Larissa que mentía sin darse cuenta. __De nosotros? De esto? De la promesa que me hiciste hace años? Larissa sabía que la salida de Mateo al patio trasero no era porque si, salía a despedirse tal vez de alguna esperanza hacia su hermana gemela y aún que Larissa amaba a su hermana eso le molestaba. Se sentía traicionada, que a pesar de tantos años Mateo a un no pueda dejar de pensar en ella a pesar que son tan parecidas. Incluso copio comportamiento de su hermana solo para llamar más la atención de el, su manera de vestir, su perfume y hasta en ocasiones dejando su cabellera suelta. Pero parece que ni así podía ganarle a su gemela. Mateo tomo aire por la boca y paso ambas manos por cu cabello. __Claro que no! Serás mi esposa y eso nadie podrá cambiarlo... Formaremos una familia Larissa apoyo su cabeza en el pecho de Mateo escuchando su corazón tranquilo, aferrándose a su cintura como si soltarlo fuera a caer al Vacío.
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