Capítulo 3
Habíamos ganado, como siempre, nuestro equipo era uno de los mejores de toda la ciudad y lo mejor de todo era que mi novio había anotado el último punto, estaba que explotaba de felicidad. Corrimos hacia camerinos donde estaba el equipo, los muchachos estaban echándose agua entre si y gritando de felicidad, amaba esta parte después de los partidos, todo era un triunfo.
Observé a mi novio con una enorme sonrisa adornando su rostro mientras celebraba, se había quitado el casco y tenía todo el cabello húmedo con mechones revoloteando y otros pegados a su frente, me encantaba verlo así de feliz, despreocupado, poderoso, como si el mundo estuviera a sus pies, como si tuviera miles de posibilidades. El alzó la vista y sus ojos ámbar se cruzaron con los míos, no dudó ni un segundo y corrió hacia mí abrazándome por la cintura y cargándome en el aire antes de darme un ligero beso en los labios y bajarme.
—Ven conmigo —me tomó de la mano y me guió hacia las duchas y estantes donde ellos siempre guardaban sus cosas, no había nadie, solo se escuchaban el sonido de nuestras pisadas.
— ¿Qué ocurre? —solté una carcajada, alguien más feliz que nosotros en ese momento, creo que era imposible.
Logan abrió su casillero y sacó una pequeña caja, me quedé sorprendida por un momento, pero él siempre me daba regalos, lo iba a tomar pero él lo alejó de mí para decir:
—Antes debo decirte algo —su sonrisa flaqueó un poco—, no podré ir a la cena de esta noche.
Ah, entonces me había traído un regalo para que no me molestara al cancelar nuestros planes. Mi sonrisa se borró de mi rostro con decepción, mi padre lo había invitado a cenar y se suponía que veríamos unas películas, pasaríamos un rato juntos, lo necesitábamos, teníamos bastante tiempo sin estar cerca disfrutando de nosotros.
— ¿Por qué? —murmuré conmocionada.
Él parecía ligeramente avergonzado, él sabía que odiaba que cancelara nuestros planes.
—Los muchachos se reunirán en la casa de Erik y luego me quedaré en la casa de Dexter a jugar con su nueva PS5 —murmuró suplicándome con los ojos que lo perdonara—. Espero lo entiendas.
¿Qué entendiera qué? ¿Qué prefería estar con sus amigos que conmigo? Me molestaba, pero obviamente siempre intentaba controlarme, no me gustaba formar escándalos ni ser toxica.
— ¿Me dejas por irte con tu equipo y jugar en la PS5? —dije intentado tomar una profunda respiración.
—Amor, sabes lo mucho que quiero una PS5 y la de él ya llegó.
—La tuya llega mañana —repliqué, él la había pedido y se suponía que la entregarían por la mañana. Bien, comprendía sus obsesiones por jugar en una nueva PlayStation, pero por Dios, teníamos planificando esta cena desde el mes pasado.
—Perdón —fue lo único que pudo decir, estaba a punto de replicar, pero él me colocó el regalo enfrente—, perdóname, esto es para ti, sabes que te amo muchísimo, Bubú.
Tomé una profunda respiración, odiaba que me cancelara por irse a jugar, pero al menos me había dado un regalo.
Supongo que debía darle su espacio.
Tomé la caja que me tendía y la abrí, era un chocolate sin azúcar.
—Amor —murmuré—, sabes que no puedo comer…
—Es sin azúcar —replicó antes de que dijera algo—, además sabemos que si tu dieta está controlada, un poco no te va a hacer daño.
Solo alguien enfermo sabía que un poco de algo podía ser muy dañino, en especial el chocolate, que siempre fue mi debilidad.
Mi diabetes inició a los 11 años cuando me desmayé luego de una fiesta donde me emborraché de helados y dulces, pero lo admito, ya llevaba toda una semana comiendo galletas que me hacia mi abuela, de ahí comenzaron los estudios y medicamentos, había heredado la diabetes por un familiar por parte de mi madre ─o al menos eso me había dicho mi papá─, yo tenía diabetes tipo 2, Siempre tenían que inyectarme insulina, tener una dieta moderada y cuidarme la piel (más que todo la de los pies porque tendía a resecarse y era jodidamente peligroso), tomar vitaminas y un cuidado excesivo si no quería perder la vista, un infarto o caer en coma.
Tenía mucho miedo por mi salud, nunca comía nada fuera de la dieta, mantenía mis uñas cortas, estaba pendiente de cualquier corte o herida en mi piel para que no se me infectara. No quería morir.
—Gracias. —sonreí aunque realmente no pensaba comerlo, como había mencionado antes, era obsesiva con el control y no iba a hacer algo que me causara daño, así fuera mínimo. Me amaba y me cuidaba mucho.
Logan sonrió complacido, no iba a arruinarle su momento, si él prefería irse con sus amigos en vez de pasar tiempo conmigo no podía obligarlo, todos tienen derecho a estar donde quieren estar sin fingir. Siempre habría más momentos.
—Sabía que te gustaría, amor —Logan me abrazó colocando sus manos un poco más abajo de mi cintura y acercó su rostro para pegar sus labios a los míos, me gustaba como me besaba, era la única persona que había besado en mi vida, sus labios eran muy suaves, envolví mis brazos alrededor de su cuello para acercarlo más a mí y él me aferró contra su pecho, esto era familiar, cómodo y amaba siempre que lo tenía así contra mí…
Porque solo existíamos nosotros dos.
De repente me jaló con él hasta que se dejó caer en una de las butacas, y no quiso soltarme.
Sabía lo que quería.
Me senté a horcajadas sobre sus piernas acomodándome, él me aferró de las caderas obligándome a que me moviera sobre su cremallera en un lento vaivén, su respiración comenzó a acelerarse y sentí como sus labios comenzaron a succionarme mi labio inferior mientras su respiración se descontrolaba un poco, no iba a mentir, habíamos mantenido relaciones sexuales desde el año pasado. Fue un día que fui a su casa y sus padres salieron, estábamos viendo películas y de repente comenzamos a besarnos, sus manos comenzaron a tocarme por debajo de la ropa hasta que permití que me la quitara, y cuando él estuvo desnudo se colocó un condón y me penetró, no fue planificado, pero sabía que en algún momento iba a pasar, lo admito, dolió demasiado, tal vez porque no estaba lo suficientemente lubricada o preparada, los nervios me tenían muy ansiosa, las demás veces solo fueron… normal, me gustaba su excitación, la manera en la que deseaba mi cuerpo, pero nunca sentía algún placer más que verlo a él tener placer…. Al menos ya no dolía tanto.
De igual forma, yo no sabía nada de sexo, antes de él yo era virgen, pensaba que así debía de ser el sexo; solo un momento íntimo, porque él ya había estado con otras mujeres antes que yo y tenía experiencia.
—Me encanta tu uniforme —murmuró Logan a mi oído, sabía que le encantaba, siempre le provocaba tocarme cuando me veía con él.
Sus manos se escabulleron debajo de mi minifalda y sus manos apretaron mis glúteos, solté un gemido mientras él me incitaba a seguir moviéndome sobre él, restregándome, sus labios succionando mi labio inferior y ocasionalmente el superior, se separó un poco para comenzar a besar mi cuello descendiendo en besos lentos hasta el pequeño escote de mi camisa eché mi cabeza hacia atrás para darle mejor acceso y…
—Les doy 4 segundos para que salgan de aquí.
Me separé tan bruscamente de Logan que caí de culo al piso soltando un grito de la impresión, Logan también se quedó de piedra observando al profesor Novan en la puerta con los brazos cruzados y una mirada desafiante.
Mierda.
Por algo así nos podían expulsar.
Era la primera vez que nos encontraban besándonos y completamente enrollados dentro de la escuela, nunca lo habíamos hecho en un lugar público, mucho menos en la escuela.
—Quedan 3 —replicó el profesor Novan al ver que nos habíamos quedado pasmados observándolo.
Logan fue el primero en reaccionar, me tendió la mano y me ayudó a levantarme para arrastrarme con él fuera del lugar, yo me arreglaba la falda con mi mano libre y el cabello sin poder ocultar mi vergüenza, sin embargo cuando pasamos junto al profesor Novan, él dijo:
—Un momento, señorita Monserrat, quiero hablar con usted.
Mierda.
¿Por qué yo?
Logan me miró por un momento, luego al profesor para volver a mirarme y decir:
—Te espero en el auto —Logan salió, al menos sabía que me llevaría a mi casa.
Aclaré mi garganta y arreglé mi falda un poco sin atreverme a ver al profesor a la cara, me sentía demasiado avergonzada.
—Dígame —dije intentando moderar mi tono de voz agudo, siempre que intentaba ocultar mi vergüenza agudizaba la voz, eso me delataba aún más.
—Voy a darle un consejo, señorita Monserrat —su tono de voz era tan bajo y tranquilo que tuve que alzar la vista, a veces me parecía escalofriante, él seguía con su rostro sin expresión, siempre pareciendo destilar odio.
Creo que era la primera vez que lo veía al rostro, no parecía tan mayor y de hecho debajo de esos lentes podía ver que era… atractivo, y hasta musculoso, dejando atrás toda su aura de satanás. Él se acomodó los lentes, su ceño fruncido, su mirada fija en mí, lo admitía, sentía una rara presión en el pecho de nervios y temor, eso automáticamente me hacía sentir a la defensiva, lista para sacar garras y puños si era necesario.
—En vez de estar pendiente de andar enrollándose y denigrándose en cualquier lado con cualquier chico —continuó—, aproveche ese tiempo para culturizarse, leer o aprobar alguna tarea.
Auch.
Mis mejillas comenzaron a arder, pero esta vez no era de vergüenza sino de rabia, él tenía esa manera de insultarme diplomáticamente. Estaba lista para replicar, yo era una mecha que cuando se encendía explotaba, pero me frené.
Espera Eva, espera.
Me mordí la lengua cuando las palabras de Rosmary vinieron a mi mente revoloteando por todos lados, si ambos nos odiábamos y ofendíamos, la única que iba a salir perjudicada era yo, la única que perdería su beca, sería yo y más cuando nos había encontrado a mí y a mi novio en una escena donde aseguraba la expulsión.
Respira profundo Eva.
Me tragué mis malas palabras y con un esfuerzo sobre natural afirmé con la cabeza fingiendo estar de acuerdo con él.
Hijo de puta.
—Tiene razón señor Novan —murmuré—, perdone, esto no volverá a pasar.
Joder, soy la madre de la hipocresía.
Pude ver como su rostro tenso y malhumorado pasó a uno levemente confundido, de seguro estaba preparado para una pelea verbal, solo esperaba que no viera que lo manipulaba.
—Eso espero —dijo el profesor Novan aun mirándome como si no creyera mucho en mi reacción pasiva, de seguro estaba preparado para otra pelea donde terminaría expulsándome.
Debía continuar con los elogios, necesitaba simpatizarle. Así es, yo era una perfecta mentirosa, manipuladora e hipócrita, pero necesitaba estar aprobada.
Coquetéale. Escuché la voz de Rosmary en mi cabeza.
Aclaré mi garganta ¿Cómo se coqueteaba con alguien? nunca lo había hecho. Improvisé tocando un mechón de mi cabello y sonreí, pude ver como su expresión algo confundida se contrajo a incredulidad, debía darle algún cumplido... ¿pero qué?
Su ropa.
Debía decirle algo de su ropa.
—Me gusta su ropa, luce muy sexy —las palabras salieron antes de que me detuviera a pensarlas y sentí como mi rostro comenzaba a sonrojarse de vergüenza por lo que acababa de decir.
¡¿Qué mierdas acabas de decir Eva?!
Le había dicho al profesor que lucía sexy. Qué horror.
Estaba segura que iba a expulsarme, castigarme o aplazarme definitivamente la materia…
Pero a diferencia de todo lo que creí, una de la comisura de sus labios se elevó, pero como su rostro de por sí era maléfico, parecía una sonrisa siniestra, como del mismísimo diablo a punto de llevar mil almas al infierno.
Joder, todo mi cuerpo tembló de una rara excitación de peligro y el ambiente de repente cambió a uno diferente, como si el aire se redujera y una extraña corriente me atrajera hacia él. El señor Novan pareció percibirlo también y aclaró su garganta antes de erguirse en toda su altura, su expresión enojada y distante volviendo a estar en su rostro, como una máscara.
¿De verdad lo había visto sonreír hacía apenas unos segundos atrás o fue mi imaginación?
—Eh… creo que el muchacho le está esperando señorita Monserrat —murmuró el señor Novan.
Interesante, él quería que me fuera probablemente porque se sentía incómodo… y lo admito, yo también me sentía algo incomoda.
¿Qué había cambiado?
Me gustaba este nuevo trato entre ambos, donde parecía haber algo más que asco y desprecio mutuo, así que dije:
—Puede llamarme Eva —le mostré otra sonrisa antes de dar un paso hacia atrás y decirle: — o al menos, cuando no estemos en clase.
Dejé que mi sonrisa permaneciera en mi rostro a medida que retrocedía en un obvio coqueteo, el señor Novan me sostuvo la mirada, sin mostrarme más expresión que su máscara malhumorada pero a la vez desafiante, como si la rara corriente que nos atraía se hiciera cada vez más tensa, estaba segura que mi corazón se saldría de mi pecho por el bombeo desenfrenado que empleaba, maldición, me faltaba el aire.
¡Uf!
Di media vuelta y salí de ahí sintiendo que todo mi cuerpo temblaba de nerviosismo y una extraña adrenalina.
Eso había sido completamente raro pero...
¿Quién diría que era tan divertido coquetear con el diablo?