Capítulo 4: El vecino de mi abuela. Parte I
Era fin de semana, casi siempre mi padre y yo íbamos a la casa de mi abuela a pasar el día con ella y luego nos íbamos el domingo en la tarde a nuestra casa. No quedaba tan lejos, de hecho quedaba a 10 minutos de nuestra casa en carro, en la misma ciudad, pero era como una tradición y teníamos casi dos semanas sin ir, así que hoy nos tocaba acompañarla.
La casa de mis abuelos era una casa muy grande, mi abuelo fue dueño de varias embarcaciones y propiedades en la ciudad, cuando murió hace casi 4 años todo se lo dejó a mi abuela y algunas cosas a mi padre, desde entonces mi abuela se volvió un poco gruñona y algo pretenciosa porque aparecieron hijos de donde ni siquiera teníamos idea de su existencia a reclamar herencia, pero el único hijo legal era mi padre. Desde ese momento el hermoso recuerdo que mi abuela tenía de mi abuelo se desmoronó y solo quedó odio porque él siempre le fue infiel.
Ahora mi abuela era esa típica abuela gruñona que se aferraba y cuidaba con exceso todo lo que era suyo.
Por eso casi no veníamos a visitarla, hasta con nosotras era así de gruñona y en esta urbanización donde vivía solo le subía los humos porque solo vivía gente rica.
Al llegar, mi abuela nos recibió con una leve sonrisa y dejó las puertas abiertas para que bajáramos nuestras cosas, parecía emocionada, al menos no lucía amargada.
─Baja los bolso, Eva y cierra el carro ─murmuró mi papá agarrando del maletero varias bolsas que le había traído a mi abuela, yo tomé nuestros bolsos, creo que habíamos traído demasiadas cosas como para pasar apenas un fin de semana, pero siempre debíamos traer ropa extra porque a veces a mi abuela le daba por salir a pasear.
Me monté un bolso en la espalda y otro en un brazo, sin embargo no podía cerrar el maletero, así que alcé una pierna en un fabuloso split, al menos para algo útil debía servir ser flexible, sin embargo al cerrar el maletero, uno de los bolsos cayó al suelo y gruñí de frustración.
Odiaba ser tan torpe.
Cuando me voltee para tomarlo, observé que en la plaza del frente o la plaza de los niños mimado —como a mí me gustaba decir porque siempre eran niños ricos de mami y papi— habían unos hombres haciendo ejercicio en las maquinas, había llamado la atención de algunos que me observaron sin disimulo, pero lo que a mí me llamó la atención fue el hombre que estaba con el cuerpo al revés suspendido en el aire únicamente aguantado de dos aros, no es que me sorprendiera su musculatura ─aunque también era sorprendente─ si no su destreza, nunca había visto eso fuera de las áreas de la gimnasia, y eso requería mucha concentración y fuerza, siempre quise hacer eso, pero nunca tuve tanta fuerza en los brazos.
Recogí mi bolso y lo acomodé en mi espalda preparándome para entrar a mi casa, pero volví a voltear a ver al hombre con esa fuerza en su cuerpo, sus músculos se contraían y el sudor se escurría de su espalda descubierta y su cabello, desde aquí podía ver el leve temblar en las manos por la resistencia, hasta que finalmente se dejó caer dando una semi vuelta donde cayó de pie en la grama y soltó un suspiro de satisfacción.
Admirable, atractivo y atlético, tenía mis respetos.
Y era jodidamente ardiente.
Fruncí débilmente el ceño cuando se me hizo familiar su rostro, solo que no podía saber de dónde… hasta que el sujeto pareció sentir mi mirada sobre él y alzó su rostro fijando sus penetrantes ojos verdes en mí, tan fijamente que casi me sentí descubierta…
Maldita sea.
Era el diablo.
No podía creer que estuve observando al profesor Novan como toda una acosadora cuando ayer le coquetee descaradamente, ¿Qué iba a pensar de mí? Obviamente que andaba de ofrecida o que tenía un ridículo enamoramiento y que andaba de acosadora.
Me voltee tan bruscamente queriendo huir o desaparecer que no vi el desnivel que dividía la calle de la carretera y caí de boca al piso tendida en el suelo.
Puta vida.
Me apoyé de mis manos intentando levantarme con rapidez, solo esperaba que el profesor no me reconociera sin el uniforme de la escuela, mis rodillas ardían, joder, como tenía un pantalón corto de seguro me las había raspado, eso no era bueno.
— ¿Estás bien?
Me tensé en mi lugar escuchando esa voz profunda que venía desde atrás de mí, mi corazón comenzó a latir desenfrenado, voltee el cuello y alcé la vista sin acostumbrarme aun a su altura, como lo supuse, era el profesor Novan y… joder, estaba sin camisa mostrando todo un deslumbrante torso musculoso y húmedo por el ejercicio, vestía únicamente un pantalón deportivo n***o que colgaba de sus caderas y unos ligeros zapatos deportivos.
Sentí que mi garganta se secó, es decir mi novio Logan estaba bueno, pero el profesor Novan estaba jodidamente podrido de bueno posiblemente porque ya era un hombre, como si hubiera salido de un comercial de dioses inexistentes, no llevaba lentes lo que hacía ver sus ojos verdes más amplios y su expresión seria lucía condenadamente tentadora y sexy, mi pecho sintió esa rara presión de peligro que me hacía querer acercarme a él… jamás me había provocado tanto alguien.
Joder, ¿qué pasaba conmigo? Tenía novio y el profesor era muchísimo mayor que yo… o puede que de veintitantos, tenía entendido que se graduó joven de la universidad.
No fue hasta ese instante que él alzó una ceja que me di cuenta que me había quedado pasmada viéndolo como toda una descerebrada y lo peor era que seguía apoyada de mis manos y mis rodillas enseñándole el culo aun el piso. Aclaré mi garganta y me levanté sin atreverme a mirarlo al rostro mientras me sacudía las piernas y me acomodaba un bolso en la espalda, ¿Dónde estaba el otro bolso? Bueno, en ese momento ni siquiera le di importancia.
—Pro…prof… profe —tartamudeé—, no esperaba verlo por aquí.
Ni de asomo esperé verlo a él cerca de la casa de mi abuela donde vivían puros ricachones.
—Vivo aquí —murmuró señalando con la mano la casa al lado izquierdo de la de mi abuela—, me mudé hace una semana.
Alcé las cejas, ¡¿Era el vecino de mi abuela?!
Nosotros teníamos mucho tiempo sin venir a visitar a mi abuela, con razón no lo sabía.
Esto sí era todo un shock.
—Nosotros… mi papá y yo, estamos visitando a mi abuela —murmuré señalando con mi pulgar la casa de mi abuela aun sin atreverme a mirarlo—, bueno, profe, fue un gusto verlo, adiós.
Di media vuelta rápidamente para poder entrar y alejarme de él como toda la cobarde nerviosa que me volví por no aguantar la vergüenza de haberme caído mientras lo desnudaba con la mirada y encima ayer haberle coqueteado cuando me encontró enrollada con mi novio.
Que puta me sentía.
Solo necesitaba desaparecer.
Pero de repente, me sujetó de la muñeca con firmeza deteniéndome, me tensé por completo y aguanté la respiración al sentir un extraño toque eléctrico que vibró por todo mi cuerpo, mis mejillas se sonrojaron y sentí un raro cosquilleo en el vientre, tragué pesadamente saliva cuando me voltee alzando un poco el rostro para poder mirarlo, sin los lentes podía ver que realmente era atractivo, sus labios con una forma provocativa, espesas pestañas adornando sus ojos y una mirada tan fija sobre la mía que casi me sentí desnuda ante él haciendo que el sonrojo me cubriera aún más todo el rostro y temblara débilmente.
Joder Eva, ¿Qué pasa contigo?
Él parecía analizarme, sus ojos paseando por mi rostro con detenimiento, podía sentir como ese raro sentimiento de ayer volvía, como una corriente que nos reducía el espacio y nos atraía el uno al otro, noté como sus ojos se enfocaron por medio segundo en mis labios y yo relamí mi labio inferior, su simple toque en mi muñeca se sentía caliente en todo mi cuerpo.
De repente me soltó y me tendió el otro bolso que no había recogido.
—Se te cayó —dijo, lo que me ponía más nerviosa era que él no titubeaba su mirada, se mantenía firme, sus ojos queriendo entrar en mi alma y traspasarme, ni siquiera temblaba, parecía tener mucho control de sí mismo...
Tomé el bolso, maldición, la vista de su torso sudado volvió a distraerme por medio segundo. Tragué pesadamente saliva, me habló sin formalismo, y todavía mi mente estaba revuelta en las cosas raras que sentí cuando apenas me tocó, al igual que ayer sentía que algo me atraía hacia él, ¿Pero qué estaba pasando conmigo? ¿Por qué sentía que me faltaba el aire y que mi corazón estaba acelerado?
Ni siquiera con Logan me pasaba esto, creo que nunca me pasó.
Sabía que estaba muy mal.
─Gracias, eh… yo, ya me excité. ─murmuré, abrí la boca al notar lo que dije y agregué rápidamente atropellándome con las palabras: ─ Es decir, me voy, a entrar, a la casa… voy a entrar a la casa. Uhm, chao profesor.
Me voltee comenzando a caminar recriminando mi torpeza, es decir yo no era tan torpe, un poco sí, pero usualmente no, ¿Qué estaba ocurriéndome?
—Oye, Eva —me detuve y casi me atraganté con mi saliva al escuchar que no me llamó por mi apellido sino por mi nombre, y me voltee para verlo, él tenía esa mirada penetrante y la malévola sonrisa se manifestó cuando alzó una de las comisuras de sus labios.
Maldita sea, me iba a dar un infarto.
—Puedes llamarme Raymon —continuó—, no estamos en clase.
Me observó por medio segundo más antes de darse media vuelta y caminar de regreso a la plaza donde hacia ejercicio. Me quedé como toda una estúpida mirándole el culo redondo y bien ejercitado hasta que reaccioné y continué mi camino dentro de la casa de mi abuela.
¿Qué acababa de pasar?
Hace unos días lo odiaba a muerte, pero ahora sentía un raro deseo de que me arrancara la ropa y enviciaba tocar su torso desnudo y musculoso, él parecía saber exactamente qué hacer y cómo hacerlo, después de todo mi amiga Rosmary decía que los hombres mayores sabían dar más placer y complacer más a las mujeres, por eso ella siempre salía con cuarentones.
Maldición, aquí estaba ya pensando tonterías, se suponía que solo le iba a coquetear para simpatizarle, tenía que mantenerme enfocada.
Mi beca.
Lo odiaba.
Yo solo estaba actuando, necesitaba sacarlo del instituto, pero…
¿Acaso Raymon Novan sentiría el mismo deseo que yo hacia él?