Capítulo 5: El vecino de mi abuela. Parte II
Entré a la casa aun con el corazón acelerado, dejé las maletas y los bolsos en la sala recuperando el aliento, ¿de verdad había acabado de ver al profesor Novan hace un momento?
Raymon.
Me gustaba su nombre, sonaba incluso como algo dulce y adictivo, definitivamente le iba perfecto, como un príncipe oscuro que…
«Hey Eva detente, ¿pero qué estás pensando? »
El profesor Novan era un hijo de puta, pero no podía ignorar la atracción que parecía haber entre nosotros, como si algo nos atrajera, ¿de amor al odio? No, yo no lo amaba, mucho menos me gustaba; tal vez me parecía atractivo; pero a los ojos de cualquier persona lo era, eso no estaba en discusión, él tenía una manera de ser sexy e intenso sin ni siquiera intentarlo…
Podía usar esa rara atracción a mi favor, esa idea que había estado teniendo los días anteriores, enamorarlo y ocasionar que lo sacaran del instituto para poder proteger mi beca…
Era un plan malvado, pero con la gente malvada no había que ser bueno.
—Pon eso en la habitación, Eva —me regañó mi abuela al ver que había dejado nuestras cosas en medio de la sala, ella era una obsesiva de la limpieza y el orden—, después toda la casa se vuelve un desorden, siempre que vienen es el mismo cuento…
Ella siguió hablando y quejándose como era muy común en ella, y yo crucé una mirada con mi papá de esas que decía: “aquí vamos otra vez” siempre decía cosas así, pero era mejor no replicarle nada, después de todo, mi abuela era así y no iba a cambiar, habíamos aprendido a amarla de esa manera. Llevé las maletas a la habitación donde se quedaba mi padre siempre que veníamos y luego mi bolso a la habitación donde me quedaría yo, la casa era grande y amplia; lujosa, mi abuela estaba enamorada de esta casa, era una mansión con todas las comodidades instaladas, obviamente por eso a ella no le gustaba salir.
Me acerqué a la ventana de la habitación, de pequeña me gustaba fingir que vivía aquí y era una especie de persona famosa, bajé el interruptor de luz pero el bombillo explotó con un ruido seco, me sobresalté solando un pequeño grito de la impresión, fruncí el ceño, joder, lo que faltaba.
Ahora mi abuela se iba a poner con que yo fui la que había roto el bombillo.
Genial.
Me gustaba la habitación oscura y la oscuridad en general, pero no cuando necesitaba organizar toda la ropa que traje para el fin de semana, mi abuela era un dolor de culo cuando no organizaba todo…
Como sea.
Me acerqué a la ventana y recogí la cortina observando la casa de al lado donde se suponía que vivía Raymon; mi profesor Novan, era una casa incluso más grande y hermosa, justo quedaba frente a una de las ventanas donde me imaginaba estaba una de las habitaciones ¿Quiénes serían sus padres para tener tanto dinero? ¿Viviría con ellos?
Maldición, ya debía de dejar de pensar tanto en el profesor Novan.
Salí de la habitación bajando las finas escaleras en forma de caracol hacia la cocina donde estaba mi papá y mi abuela hablando, cuando mi abuela me vio interrumpió lo que decía y me dedicó una ligera sonrisa, como si fuera primera vez que me veía, sí, así era mi abuela, a veces pensaba que era bipolar o que no sé… simplemente no sabía expresarse, porque en un momento actuaba como si les estorbara nuestra presencia y en otro como si fuéramos lo mejor del mundo.
—Mira eso, has crecido mucho el último tiempo —murmuró mi abuela acercándose para darme un abrazo—, ¿Qué edad es que vas a cumplir? ¿15?
Me dejé envolver en sus brazos, me gustaba cuando era cariñosa, no cuando era amargada.
—18 años Abuela —murmuré con una ligera sonrisa, faltaba poco menos de 4 semanas, estaba emocionada porque por fin sería mayor de edad, aunque no era como si hiciera tanta diferencia, solo podían meterme presa porque si era porque podía beber alcohol; soy diabética, no podía.
— ¡18! —mi abuela pareció sobresaltada agarrándome las mejillas en sus manos— Esto no pasaría si me visitaran más seguido…
Aquí le siguió un reclamo como de media hora de que nosotros la abandonábamos y no la visitábamos lo suficiente.
Así era mi abuela.
Mientras ella seguía su discurso de que debíamos visitarla más seguido, tomé asiento en el taburete de la mesa viendo por la ventana, se veía la plaza, y podía visualizar al profesor Novan entrenar, aunque claro, estaba tan distante que apenas diferenciaba su silueta, era jodidamente ardiente…
Basta.
¿Qué hacía yo viendo al profesor Raymon Novan otra vez?
No, esto estaba mal.
Me voltee hacia el frente observando como mi abuela buscaba en los estantes, ahora la conversación había cambiado a cosas de comida, mi padre le había traído unos calamares que eran los preferidos de mi abuela, sin embargo, ella parecía un poco enfurruñada buscando las salsas negras en el gabinete de arriba, murmurando que tenía tiempo queriendo arreglar las salsas para no tener que perder tiempo buscándolas pero que nunca tenía tiempo a pesar de que literalmente tenía todo el tiempo del mundo pero se ocupaba en otras cosas.
Sí, definitivamente mi abuela no cambiaba.
—Más con esos vecinos que se mudaron —continuó—, todas las mañanas se escucha una canción a todo volumen una música de mal gusto. Una mamá de una mamá o algo así…
Apreté los labios, ¿acaso esa era la clase de música que escuchaba el profesor Novan? Habría jurado que él era de escuchar más a Il Volo o a Mozart, o tal vez tenía un estereotipo de profesores de física en mi cabeza que eran aburridos... aunque definitivamente él no parecía aburrido…
Joder, aquí estaba yo pensando otra vez en él.
— ¿Quiénes son esos vecinos? —murmuró mi padre con curiosidad, esa casa de al lado había estado bastante tiempo abandonada, lo último que supimos eran que los antiguos dueños eran una pareja de personas mayores dueños de uno de los bancos más importantes del país.
—Por lo que sé son una familia de buen estatus —dijo mi abuela—, herederos de una empresa de autos deportivos o al menos es el rumor que me dijo la vecina Rose, ni siquiera se lo pregunté, ya saben lo chismosa que es.
Sí, la vecina Rose era la más chismosa de la urbanización, tenía fama de saber la vida de todas las personas de aquí y si no lo sabía, se lo inventaba.
—Ah —intervine como si le restara importancia—, pero ¿no sabe quienes viven ahí?
Mi abuela lo pensó por un momento sacando varias cosas del estante aun sin poder encontrar las salsas.
—No, solo he visto a 2 personas —dijo mi abuela—, un hombre joven bastante buenmozo, y una mujer que creo que es su esposa…
Un momento.
¡¿Su esposa?!
Joder.
El profesor Novan estaba casado.