8. Lo que sucedio

1295 Words
Capítulo 8: Lo que sucedió.   El profesor Novan dio un paso atrás empujándome por los hombros como reflejo antes de que siquiera mis labios rozaran los suyos, di un traspié y mi espalda chocó contra la pared. ¿What that f**k…? ¡¿En serio me había empujado?! No, no… ¿en serio yo lo iba a besar? Tenia una mezcla de emociones en mi mente y en mi pecho, él parecía en estado de shock, como si no comprendiera tampoco lo que había acabado de pasar. —¿Qué mierdas crees que haces? —preguntó. ¿Que qué hacía? Quería besarlo, hacerlo caer, vengarme, eso hacía. Pero no contaba con que iba a rechazarme… ¿acaso yo había sido la única que había sentido esa atracción entre ambos? ¿Para qué me invitó a su casa? ¿con la intención de explicarme física únicamente? No entendía las señales. Mi rostro comenzó a sonrojarse al igual que mis orejas comenzaron a calentarse de vergüenza, mi corazón latiendo completamente desenfrenado. —Yo… —dije sintiendo que necesitaba una especie de varita mágica que me hiciera desaparecer en un abrir y cerrar de ojos. De repente un ruido nos distrajo, se escuchaban como pasos fuertes bajando las escaleras, ¿acaso esa era su esposa? —Shh… —susurró el profesor Novan para que me callara mientras me tomaba del brazo abriendo la puerta— Solo vete. Prácticamente me empujó fuera de su casa y me cerró la puerta en mis narices, ¿Qué mier…? Literalmente me había echado de su casa, ¿pero por qué? Bueno, además de casi haberlo besado y luego de nuestra discusión parecía lo más lógico, pero ¿Quién más estaba en su casa? Definitivamente, ahora me sentía completamente confundida.   ***   Llegué nuevamente a la casa de la abuela sintiéndome completamente aturdida por todo lo que había acabado de pasar, definitivamente yo sola me había quedado confundida, el profesor no tenía doble intensiones conmigo porque de lo contrario no me hubiera comenzado a insultar y no me hubiera rechazado el beso… Joder, me sentía como una regalada, más aún cuando tenía novio, ¿Qué pensaría el profesor de mí? De seguro que era una puta resbalosa, pero entonces… ¿a qué se refería cuando dijo que yo era su tormento? El profesor Novan era la persona más confusa que conocía, nunca desee tanto leer la mente. —¿Qué tal? —dijo mi padre cuando entré a la cocina— ¿ya el vecino terminó de explicarte física? Ni siquiera llegó a explicarme nada. —Sí —mentí—, me duele el cerebro. Lo de que me dolía el cerebro no era precisamente mentira, estaba tan aturdida y cansada que solo quería desaparecer en la habitación, no sabía como iba poder mirar al profesor a la cara otra vez después de esto. Ya debía de dar física como materia reprobada, ahora tendría que ir a clases de verano y no iría a la graduación. Maldita sea, lo odiaba. —¿Vas a comer? —preguntó mi abuela. Ni siquiera tenía hambre. —¿Me vas a dar de lo que tu preparaste? —pregunté confusa tomando asiento en uno de los taburetes de la mesa, no tenía hambre, pero olía y se veía delicioso. —Un poco no creo que te haga daño… —comentó mi abuela, pero los calamares como ella los preparaba estaban repletos de salsas y eso era algo que no podía comer por mi diabetes. —No, ¿Cómo vas a comer eso? —dijo mi padre—, te preparé un poco aparte con vegetales. Realmente odiaba como sabía el calamar con vegetales, no tenía ni gusto; mucho menos cuando tenía poca sal. —Ni modo —suspiré, tenía hambre y no podía esperar que mi vida cambiara de la noche a la mañana. Después de comer aún seguía pensando en lo que había pasado con el profesor, pero intenté con todas mis fuerzas distraerme, estaba que entraba en caos por la metida de pata que hice, ¿por qué iba a besarlo? Aunque él parecía querer hacerlo, así que no lo comprendía. Maldita sea. Subí a la habitación donde siempre me quedaba cuando venía a visitar a la abuela, encendiendo mi laptop para adelantar algo de tarea cuando de repente mi teléfono sonó en un mensaje, lo tomé frunciendo el ceño, era de un número desconocido, lo abrí sin comprender. Desconocido: ¿Qué traes puesto? Alcé una ceja, usualmente no me llegaban este tipo de mensajes porque nunca deba mi número a nadie, así que simplemente lo ignoré poniendo el teléfono a un lado y comenzando a investigar la tarea que tenía pendiente, era una forma de distraerme del tema del profesor Novan, me daba ansiedad porque no sabía si me iba a reprobar o como me iba a tratar después de lo que pasó. Mi teléfono sonó en otro mensaje, tomé el teléfono observando que era del mismo número desconocido. Desconocido: Apuesto a que no traes bragas. ¿Qué mier…? No quería responder, pero ¿Cómo tenía mi número? Apreté los labios y respondí: Eva: ¿Quién eres? El desconocido respondió casi enseguida. Desconocido: Puedo ser el amor de tu vida. Fruncí el ceño, ¿y si era mi novio Logan intentando ver qué respondería ante un desconocido? A lo mejor tenía un número nuevo y estaba bromeando conmigo. Eva: Ya tengo un amor de mi vida. Casi enseguida respondió. Desconocido: Bueno, pero yo soy el amor de tu vida que aún no conoces. ¿No lo conocía? Escribí rápidamente una respuesta. Eva: Tampoco me interesa conocerte. Esperé viendo la pantalla, pero tardó un poco más en responder. Desconocido: Igual lo harás. Misterioso, que extraño.  Dejé el teléfono a un lado, realmente no me interesaba saber quién era o qué quería, ya tenía mucho pensando en lo que había pasado con el profesor Novan y el remordimiento por casi haber engañado a mi novio.  Sentí nuevamente mi teléfono sonar pero estaba vez en una llamada, fruncí el ceño dispuesta a colgar, pero al tomar el teléfono me di cuenta de que era Logan. Mi novio. Remordimiento. El casi beso con mi profesor… Joder. —Hey —murmuré al contestar pasando una mano por mi cuello. —Hola mi amor —dijo, su voz siempre me calmaba, era como estar en casa—, ¿Cómo estás? Amaba estas llamadas, en especial cuando su voz estaba ronca. —Bien mi amor hermoso, ¿Qué hiciste hoy? Él comenzó a decirme todo lo que había hecho hoy, o al menos algunas cosas como entrenar e ir a jugar a la casa de su mejor amigo, sin embargo, nuestra conversación comenzó a subir de tono cuando comenzó a decirme que extrañaba mi cuerpo de la forma en la que gemía cuando me besaba… amaba cuando me decía esas cosas, me hacía calentar y desear estar con él, que me llenara de besos… solo pensar eso era completamente placentero. —Ven mi amor, ¿Qué llevas puesto? —susurró. —Si quieres, ya me desnudo —respondí en coquetería quitándome la camisa dejando mis pechos al descubierto y desabrochando mi pantalón comenzando a bajarlo—, ¿Aló? Miré el teléfono, la pantalla estaba oscura, intenté encenderlo, pero era inútil, se me había acabado la batería. Joder, y en el mejor momento. Ahora me había quedado caliente y semidesnuda en mi cama, pasé una mano por mi cabello y me levanté de la cama acomodando mi pantalón volviendo a abrocharlo buscando mi camisa, cuando de repente, mi mirada fue hacia la ventana y vi al profesor Novan observándome desde el otro lado. Mierda.  
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