7. Coqueteo peligroso

2172 Words
Capítulo 7: Coqueteo Peligroso.     «Tranquila, solo va a explicarte física». No se cuantas veces me lo había repetido ya, pero aun así no podía mantenerme tranquila. Bueno, pero ¿cómo podía estar tranquila si esto parecía un coqueteo peligroso? No podía estar tranquila, así de simple, estaba hecha una bola de nervios. Salí de la casa sintiendo el frio de la noche otra vez, tal vez debí cambiarme a algo más cubierto que mis cortos pantalones de jean y mi camisa de tirantes, pero la idea era seducirlo para que cayera… joder no me sentía tan segura ahora de esto. De repente cuando iba bajando las escaleras principales vi a mi abuela y a mi padre bajarse del carro cargando un montón de bolsas (en realidad mi padre era el que cargaba el montón de bolsas mientras mi abuela hablaba de algo que no alcancé a escuchar), mi abuela cuando me vio afuera frunció el ceño, aquí de seguro venía el interrogatorio. — ¿A dónde crees que vas? —dijo mi abuela observando los cuadernos que abrazaba contra mi pecho. Titubeé por un momento, debía de decirle las palabras adecuadas si no quería un regaño de su parte por andar saliendo a esta hora, mi abuela era muy estricta y un dolor de culo, pero era porque me amaba; de eso era muy consiente, siempre quería protegerme. —El vecino dijo que podía explicarme física —murmuré, mis ojos fueron a mi padre él entrecerró los ojos al mismo tiempo que fruncia el ceño, él sabía que yo era de las personas que preferían estudiar solas—. Es que voy muy mal en esa materia y él es físico. Omití decir el hecho de que él fuera mi profesor, después de todo mi padre sospecharía aun más de mis intenciones, él sabía que odiaba al profesor Novan.  —Solo ven antes de las 9 que serviré la cena y quiero que comamos todos juntos —dijo mi abuela restándole importancia—. Apúrate, Harold, tengo hambre, eres como tu padre... lento. Apreté los labios para omitir una sonrisa cuando mi padre le sacó la lengua a mi abuela cuando ella no veía, a veces mi abuela realmente era un dolor de culo. Caminé a la casa del vecino cerciorándome de esta bien peinada, mi respiración hecha un lio al igual que mis manos completamente temblorosas. «Cálmate, tú puedes con esto». Tenía que tranquilizarme, después de todo, si iba a hacer este loco plan necesitaba estar en control de mis emociones. Me detuve frente a la puerta alzando el puño para tocar la madera y anunciar mi llegada, pero dudé, maldición, no quería tocar, no estaba segura de poder hacer esto, es decir yo no era exactamente una mala persona, hacerle daño apropósito a alguien me ponía sensible, ¿y si estaba casado?, ¿si tenía hijos? Se veía muy joven como para tener una familia propia, pero… La puerta se abrió haciéndome salir de mis pensamientos y Raymon apareció, se había tomado la molestia de ponerse una camisa blanca, pero aun así se acoplaba perfectamente a sus músculos, su mirada fija en mi sin ninguna expresión haciéndome sentir otra vez nerviosa, él estaba bueno y lo sabía. —¿Qué pasó? ¿te comió la lengua el ratón? —preguntó, supuse que era una broma pero lo que más me intrigaba de él era que sus bromas eran en un tono tan neutro que no parecía broma, si no amenaza, ni siquiera sonreía. «De seguro lo ves así porque estás a la defensiva». Y lo seguiría viendo de esa forma hasta que aprobara los últimos exámenes y protegiera mi beca. —Que buena broma —mentí. —Ven, pasa —se limitó a decir echándose a un lado para dejarme pasar, le ofrecí una sonrisa de labios apretados mientras entraba a la casa quedándome deslumbrada, el piso era brillante, paredes blancas, candelabros colgaban dándole un aspecto completamente elegante y sofisticado al lugar, realmente jamás me hubiera imaginado al profesor Raymon Novan vivir en un sitio así. Él cerró la puerta y se dirigió a la mesa principal tomando asiento en la silla, yo lo seguí dejando los libros en la mesa y mirando a todos lados, casi temía que saliera alguien y me secuestrara, después de todo, no conocía completamente a Raymon y siempre se había comportado como un hombre misterioso y extraño. «Muy mal momento para pensar eso Eva». —Bien señorita Monserrat —murmuró el profesor colocando los brazos sobre la mesa con las manos entrelazadas e inclinándose hacia adelante para mirarme con esa extraña mirada que me ponía nerviosa e inquieta, solo él sabía cómo podía intimidar con una simple mirada, intenté fijar la mirada en uno de mis cuadernos abriéndolo, buscando la última clase para distraerme ante su escrutinio—, ¿Qué no entiende? Solté un bufido, ¿Qué no entendía? Pues al parecer nada, porque ya sentía que después de “creer” que entendía las clases y reprobar todos los anteriores exámenes, sentía que en realidad no entendía absolutamente nada de física, me sentía muy estúpida. —Pues, necesito que vuelva a darme la clase de principio a fin —admití—, porque me pasa que entiendo o creo entender y repruebo. El profesor Novan apretó los labios, pero pude ver una ligera sonrisa luchando en sus labios, maldición, ¿Cómo es que podía arreglárselas para ser tan atractivo ahora que lo detallaba más? Nunca lo vi de esa manera, pero ahora… «Basta Eva, no es tu tipo, a ti no te gustan los idiotas». Definitivamente, los idiotas no eran mi tipo y lo poco que conocía del profesor Novan es que era un idiota. —Vale, déjame ver tu cuaderno —dijo tomando mi cuaderno de clases y observando todo lo que había escrito y alzó ambas cejas—, santo Cristo, que letra tan fea. Sentí sonrojarme de vergüenza, mi letra era un desastre, era de las pocas cosas de mí que me avergonzaban, yo llenaba el cuaderno de notas y tips que usualmente me servían en todas las materias, menos en física. —Ya, no te burles —giré los ojos. —No me burlo, en realidad me sorprendí —dijo—, no hubiera imaginado que tu letra fuera así de fea siendo tan… Dejó de hablar dejando las palabras al aire, su mirada fija en el cuaderno. —¿Siendo tan qué…? —indagué con curiosidad. Noté que pareció ligeramente incomodo, pero su mirada siguió fija en el cuaderno. ¿Linda? ¿Era eso lo que iba a decir? —No, perdón —alzó la vista hacia mi con una ligera sonrisa bailando en sus labios—, quise decir que debí imaginar que tu letra era así, después de todo, eres un desastre en los exámenes. Al parecer el profesor Odioso sabía que no podía estar haciéndome cumplido de ningún tipo. —El procedimiento suele estar bien, pero me confundo en los resultados finales —me defendí sintiéndome ofendida, él incluso le regalaba punto a los demás por procedimientos, pero a mi no. Comenzaba a recordar el por qué lo odiaba. —Ni el procedimiento, haces un desastre en los exámenes —volvió a fijar la mirada en el cuaderno—, tu cuaderno explica tu desastrosa manera de pensar. Tomé una profunda respiración, pero mi intención era que cayera, ya ahora me valía mierda hundirlo, tenía que recordar que con las personas malas había que ser malo también. Hijo de puta. —No tienes por qué ofenderme —me limité a decir, él frunció el ceño y alzó la vista nuevamente hacia mí con desdén. —¿Crees que te ofendí? —dijo— Realmente no sabes lo que es un insulto mío. Definitivamente, el profesor Novan era un idiota despreciable, quería replicarle, realmente deseaba cerrarle la boca con otro insulto que lo ofendiera, pero no estaba aquí para volver a ser enemigos, estaba aquí para engañarlo y que lo botaran del instituto. —Tienes una casa muy bonita —comenté luego de unos segundos—, y muy grande, ¿Quiénes viven aquí? Si me decía que tenía hijos y estaba casado no sabía si iba a abortar el plan, después no podría con el cargo de conciencia… que tuviera familia era otro nivel de maldad que no estaba dispuesta a enfrentar. —Gracias —se limitó a decir por el cumplido de su casa ignorando deliberadamente mi pregunta. Que hijo de perra, ¿de verdad no podía establecer una conversación normal conmigo? Odiaba a las personas amargadas que tenían la necesidad de amargarle la existencia a las demás. «Ahora te jodes, porque haré que te expulsen». —Ajá —dijo enseñándome una hoja de mi cuaderno lleno de escritos y ecuaciones—, este es el objetivo que vimos la semana pesada y que reprobaste. —Ya sabemos que reprobé —refunfuñé entre dientes, definitivamente, ya no tenía ganas de seguir respirando el mismo aire que él. —Para la próxima estudia —refutó—, en vez de estar pendiente de hacer porras. No podía creer que hubiera dicho eso, ¿en qué le afectaba a él que fuera porrista? ¡Idiota!, ¡idiota!, ¡idiota! —¿Si sabes que eres el único profesor que me reprueba los exámenes? —repliqué— pregúntale a cualquiera, soy un ejemplo de alumna. Era una excelente alumna, todos los profesores me amaban, iba a estar en el cuadro de honor, no entendía su fijación con hacerme sentir como una escoria inservible. —¿Qué yo te los repruebo? —repitió pareciendo ofendido— yo no repruebo a nadie, ustedes mismos se reprueban… tu, específicamente, tu misma te repruebas al no estudiar. Solté una carcajada irónica, ¿Qué yo no estudiaba? Maldición, estaba que le soltaba un puño. —¿Quién carajos te dijo que no estudio? —solté enojada— ¡Si lo hago! —Claro —el sarcasmo brillando en su lengua. Me tenía harta. Me sentía completamente alterada y lo peor es que él parecía satisfecho de mi reacción, como si le diera tranquilidad verme así de enojada. —Me odias —comprendí. ¿Cómo no lo había visto antes? Es decir, antes lo creía como una forma irónica de justificar que fuera la única reprobada de la clase, pero ahora estando frente a frente, me daba cuanta que realmente él tenía algo personal contra mí, no media dos veces una razón para ofenderme. —¿Qué? —alzó una ceja de manera burlesca. —Me escuchaste —dije—, tú me odias, debe existir una razón por la que quieras reprobarme la materia apropósito. Alzó ambas cejas y soltó un raro bufido burlón. —Ya sabía que eras de esas niñas que creen que el mundo gira a su alrededor —dijo girando los ojos—, ¿y sabes qué? Vete, ya no quiero hacer caridad. Abrí la boca ofendida, quedándome en shock por varios segundos, joder, el muy desgraciado me estaba echando de su casa únicamente por hacerle frente. —Ah —expresé con ironía—, ahora me echas de tu casa. —No voy a aguantar faltas de respeto en mi propiedad —dijo—, menos de niñas malcriadas. No iba a aguantar sus pataletas, agarré mis cuadernos levantándome y comenzando a caminar a la salida, él se levantó también rápidamente yendo detrás de mí. —¿Falta de respeto? —repetí en burla sintiéndome indignada— ¿en qué momento te ofendí? —En el momento que entraste aquí siendo una tortura —replicó. Fruncí el ceño. —¿Una tortura? —repetí dándome media vuelta para encararlo, él se detuvo a un paso de mí, estando así de cerca sentí como si me hubiera quedado sin aliento y tuve que alzar la vista para poder mirarlo al rostro. —Eres mi tortura —afirmó apretando la quijada, no entendía a lo que se refería no parecía querer ser una ofensa sino una especie de martirio. De repente dio un paso hacia mí acortando la distancia entre los dos, automáticamente mi respiración fue un caos, nunca habíamos estado tan cerca, nuestros pechos rozaban—. Y una de las malas. ¿Yo era su tortura? ¿Por qué eso sonaba de repente como una insinuación? Al estar tan cerca podía diferenciar las manchas cafés de su nariz y mejillas, percibía su aroma fresco a embriagante perfume varonil, la tensión comenzaba a incrementarse entre ambos, lo odiaba y despreciaba de la misma manera que me atraía, mi corazón estaba desenfrenado y únicamente el deseo comenzó a nublarme la visión.  Noté como por medio segundo los ojos verdes del profesor Novan se fijaron en mis labios antes de volver a mis ojos y supe que era mi momento de ejecutar mi plan, tenía que besarlo, así que me alcé de puntillas comenzando a inclinarme hacia él…    
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