Charlotte se lavó las manos y los brazos con insistencia, con agua y abundante jabón una y otra vez, se revisó en el espejo sobre el lavabo en repetidas ocasiones para cerciorarse de que no tuviera rastros de sangre; aunque se veía serena y fría, su interior no mentía, sus manos temblaban ligeramente. Empuñó fuertes sus manos y miró fijamente su reflejo. —Es hora del acto final, tienes que controlarte Charlotte. —Se dijo frente al espejo. —Debes enfrentarte al monstruo. —Inhaló fuerte y soltó el aire. Ella se giró, recogió la falda y la cola de su vestido, dio unos pasos más, tomó el arma del piso y emprendió su salida del tocador pasando por encima del cuerpo con el rostro ensangrentado del guardia. En la habitación se colocó nuevamente el resto del vestido con dificultad, analizó el a

