Llego a casa de mi padre, y al entrar vuelvo a hecharla de menos, parece que su olor aún está en el aire y suspiro, mi hermano que viene detrás me abraza, se que los dos la hechamos de menos, cojo su brazo donde está la cicatriz quince puntos le dieron en el brazo y es una cicatriz medianamente grande.
- Ya está curado Lu.
- Falta que se cure el corazón, ¿como pasaremos las primeras navidades sin mamá? La hecho tanto de menos, incluso sus llamadas que agobiaba, aún espero abrir esta puerta y encontrarla sentada en el sillón viendo esas telenovelas.
- Recordandola así pasaremos las navidades y deberíamos intentar hacer esa tarta que ella hacía aunque no nos salga igual.
Sonrío y abrazo a mi hermano.
¡Como lo quiero!
Tocan el timbre, y abro la puerta.
- Brais. - digo sorprendida por lo rápido que ha sido - acompáñame pequeña.
Me sujeta de un brazo y me lleva hasta fuera.
- Súbete al coche. - dice al abrir la puerta del copiloto.
Miro Al coche su hermana y su amiga están allí.
- Brais. - digo sorprendida.
- Recuerda pequeña como a ti no he querido a ninguna. - Susurra y sonriendo dice. - Venga sube.
Y antes de subir le doy un beso, y le sonrío.
Llegamos a casa de su madre y Brais me da la mano, entrelaza sus dedos con los míos se lo lleva a la boca y les deja un beso.
- Luana, que alegría verte. - dice Verónica desde que entro por la puerta.
- Lo mismo digo. - Le contesto mientras me abraza.
Entonces me mira seria. Se que ahora saldrá la psicóloga que hay en ella.
- ¿Necesitas hablar? ¿Cómo lo llevas?
Balanceo mi cabeza pensando la mejor respuesta, pero como nunca me ha gustado mentir.
- Lo voy llevando.
- Me ha dicho Brais que te has ido a vivir a un piso. ¿Tu padre y tu hermano también?
- No, ellos se han quedado en la casa.
Entonces se dirige a Brais que está a mi lado y vuelve a darme la mano.
- Ya le has dicho lo de mañana.
- ¿Qué es lo de mañana? - pregunto desconfiada.
- Para que vengan a almorzar, mi hijo se ha mudado contigo a ese piso sin previo aviso - Dice sonriendo - y no lo he visto, dile a tu padre y a tu hermano que vengan.
Asiento con la cabeza, aunque dudo que me padre quiera.
- ¿Brais se ha mudado conmigo? Ni me había fijado. - Sonrío. - Me hace compañía y ha sido de gran ayuda.
Ella me sonríe y se que no me reprocha que le haya robado a su hijo de un dia para el otro.
Justo en ese momento escuchamos la pequeña Avril bajando las escaleras como un cohete.
- Brais. - Grita.
Solo ahí me suelta Brais otra coger a su hermana en brazos.
¡Qué monos!
¡Qué tierno!
Brais me mira y me sonríe.
- Dentro de unos años quiero una así, pero que en vez que me diga Brais, me diga papá.
Yo le sonrío, se que será un gran padre.
- Y a ti te dirá mamá. - susurra a mi oído - Tendrá tus ojos verdes, y tus labios rojos, será igual de guapa que tu.
- Relájate con eso. - me pongo sería. - Parece eso falta más que unos años.
- Unos cuantos. - dice su madre en tono de reprobación.
Nos vamos al salón y mientras Brais juega con Avril se que Verónica quiere saber como estoy de verdad, me hace muchas preguntas y ya cuando me empiezo a sentir incomoda.
- Verónica, espero que no se enfade, pero como le dije a Brais aún no estoy preparada para hablar de ella.
- Solo tienes que perdonarte a ti misma, tu madre ya lo sabía hacía más de un mes, me llamó y me lo dijo y ella estaba feliz por ti.
Yo asiento, no puedo evitar llorar y pido permiso para ir al baño.
Me lavi la cara y cuando me siento para hacer pis me doy cuenta que me ha bajado mi regla, dos días antes de lo previsto, dentro de unas horas estaré insoportable por los dolores.
Al llegar al salón, la amiga de Brais está allí sentada a su lado.
- ¿Todo bien? - pregunta Brais al ver mi cara.
- Si, pero me tengo que ir marchando, si quieres quédate un ratito más la casa de mi padre está cerca y ahí cojo mi coche.
- ¿No cenábamos en casa de tu padre?
Momento incomodo, con la regla solo quiero acostarme y no saber del mundo, primera vez que tengo que decirle a un chico que me ha bajado la regla y no se ni como hacerlo. ¡Que mosca!
- Tengo que cambiar los planes necesito ir a mi casa.
- Voy contigo. - dice levantándose.
Pero la pequeña Avril se pone a llorar, hecha de menos a su hermano y yo la entiendo, hecho de menos yo al mío y no tengo cinco años.
- Brais no te preocupes quédate un ratito más con tu familia.
Pero cuando miro la cara de satisfacción de la tipa esa me dan ganas de decirle que me acompañe, pero por la pequeña Avril me como mis palabras cuento hasta veinte por con diez ya no me alcanza.
- Te acompaño a la puerta al menos.
Yo asiento claro por lo menos le dejaré la advertencia.
- ¿Estás bien? ¿Porqué cambiaste los planes así?
Miro a los lados como si fuera a contarle un secreto de estado y nadie más puede saberlo.
- Me ha bajado. - susurro.
Pero noto en la cara de Brais que no entiende nada.
- Digamos que tenemos que aplazar tu castigo unos cinco días. - Brais sigue sin entender - me vino la regla Brais.
- ¿Y por eso no cenas en casa de tu padre?
¡Me lo como! Pero en plan carnívoro, como se nota que es hombre y no sabe lo mal que lo puede pasar una mujer con la regla.
- Mis reglas son muy dolorosas Brais solo quiero estirarme en el sofá con kilos y kilos de helado de chocolate.
Él asiente me da un beso en los labios.
- No tardaré en llegar, llevo la cena ¿vale?
- Brais... que esa chica no se te acerque.
Pero antes de que me conteste le doy un beso y me voy.
Por el camino a casa ya los dolores son horrorosos, desde que llego me tomo un paracetamol, me pongo mi pijama gordito cojo una manta y me estiro en el sillón viendo una película, de la cual solo veo diez minutos, el dolor se va quitando y yo me quedo dormida.
Me despierto, y al mirar la hora son las diez de la noche, la tele ya se ha apagado y todo en casa está a oscuras.
Brais tampoco ha vuelto.
Lo llamo porque no quiero ese sentimiento que solo conozco desde que estoy con él vuelva a salir.
Un tono, dos tonos, descuelga.
- Bombom, venga vamos de fiesta lo pasaremos bien. - Escucho la tipeja.
- Brais, Brais... - Lo llamo pero no contesta.