La noche de Navidad no podemos evitar que nos salten unas lágrimas, pero la familia de Brais enseguida nos anima, ponen música, hablan, juegan. Y se hace menos triste.
Al levantarnos hay regalos debajo del árbol, hay una niña de cinco años que aún cree en papá noel y yo también le tengo un regalo.
El de mi padre y mi hermano, se los deje en casa, solemos abrirlos tomando una taza de chocolate y queremos hacerlo debajo de nuestro árbol.
Mi sorpresa es cuando Brais los saca del armario.
- Esos no eran para traer, te lo dije Brais. - Le digo enfadada.
- Estas aquí, tu padre y tu hermano también ¿porque no se lo vas a dar ahora?
- Brais. - grito más enfadada aún.
Tocan en la puerta y es Verónica.
- Vamos chicos, os estamos esperando a bajo. Luana tu padre ha hecho chocolate caliente y me ha dicho que no te gusta tomártelo frío.
Miro apenada a Brais, sé que hace todo para que me sienta bien. Me pongo de puntillas y le miro a los ojos.
- Lo siento.
- No te preocupes pequeña, se por lo que estas pasando y solamente necesito verte sonreír.
Que romántico es cuando quiere. ¡Un amor!
Nos sentamos alrededor del árbol con la taza de chocolate y la pequeña Avril va abriendo sus regalos emocionada.
Brais y yo le hemos comprado la barbie con el unicornio que había pedido y su cara al abrirlo me encanta.
Hay regalos para todos
Yo le doy los míos a papá y a Mathi, luego a la familia de Brais y como no a Brais.
Le he comprado unas nuevas botas de fútbol que su hermana me había dicho que quería y una pulsera de cuero con su nombre y por detrás la fecha en que nos conocimos.
Y yo también recibo regalos, Mathi me da un nuevo abalorio para mi Pandora en que pone "mum" lo miro con lágrimas en los ojos, y papá como siempre me da dinero, Brais me da un anillo, es igual a la pulsera que me regalaron en mi cumpleaños con un infinito y nuestras iniciales.
- Este era un regalo de cumpleaños, pero nunca encontré el momento para dártelo.
Y en otra caja hay un colgante con un infinito que por un lado pone "Te quiero" y por el otro pone "pequeña"
¡Precioso!
Después de abrir los regalos, me acerco a los grandes ventanales y miro como llueve, con mi chocolate en la mano, miro al cielo y felicito mentalmente las navidades a mi madre. Parece que incluso siento como me abraza, y sonrío.
- La nuestra se llamara Braiana. - me dice Brais mientras miro a Avril disfrutando sus regalos.
- ¿Brayana? - pregunto confusa.
- Nuestra hija se llamara así, porque es el conjunto de nuestros nombres.
- Sim apuros, hay tiempo - le digo sonriendo
- Esta noche te tengo una sorpresa. - susurra Brais en mi oído.
Se lo que quiere ¡Sexo!, y yo también lo quiero pero aquí no.
- Brais, sabes que aquí..
- Lo sé, se que te da miedo que aquí nos escuche tu padre o los míos y saldremos a las siete, cenaremos los dos solos y luego te llevaré a un sitio.
Decepción no es sexo lo que quiere, pero le sonrío y asiento.
Aprovecho para llamar a Lía y alas otras 3 locas. Como las quiero.
Por la tarde cojo el coche y salgo con Mathi y mi padre, aunque la familia de Brais nos atiende, y nos hacen sentir cómodos necesitamos estar los tres solos. Vamos a una iglesia y allí ponemos una vela a mamá, volvemos a llorar, nos abrazamos los tres, algún día dejará de doler pienso.
Volvemos a casa sobre las seis y subo a la habitación para prepararme para esa cena.
Al entrar encima de la cama hay un conjunto rojo de lencería. Lo toco es suave, y en ese instante siento como Brais me abraza por detrás.
- Póntelo para esta noche.
Esa es la voz de ordeno y mando que pone él a la hora del sexo. Me eriza la piel.
Me pongo guapa para él, visto lo visto habrá sexo.
En la cena se preocupa por como lo estamos pasando, si estamos cómodos en su casa. Y su familia lo hace todo muy fácil.
Cuando terminamos de cenar, mi cuerpo ya sabe lo que quiere, y quiere sexo.
Pero mi decepción es cuando llegamos a la entrada de lo que llamaria yo un bar.
Se llama PMS. Y al entrar me tengo que acostumbrar a la luz tenue de la sala, Brais me sujeta fuerte la mano para luego acomodarme entre sus brazos y entonces me susurra, me abraza con total posesión.
- Aquí vas a ver y a escuchar cosas que estoy seguro no esperas.
Miro a mi alrededor a ver si ya deslumbro a ver algo, hay gente besándose, nada de otro mundo.
Vuelvo a mirar a Brais. No entiendo muy bien lo que quiere decir.
- ¿Recuerdas esos libros que leíste que te regalo Lía?
Claro que los recuerdo aunque solo me he leído el primero, así que asiento.
- Este es tipo esos clubes que tu leías en el libro.
Un club de intercambio de pareja ¡¡¡está loco!!!
- Brais yo he aceptado todo lo que me has pedido en el sexo, pero no pienso...
No me deja terminar de hablar porque me besa y de que este beso es más posesivo que otros.
- No quiero que otro te toque.
- Ni yo que te toque otra así que no se que hacemos aquí.
De pronto escucho esa voz, su amiga Mirella.
- Ya sabía yo que tu vendrías aquí.
Lo abraza por la espalda y yo me quiero ir no estoy cómoda. Brais me aprieta contra él con más fuerza cuando se da cuenta.
- Mirella recuerda que las normas son si no te dejo que me toques no puedes hacerlo, sueltame.
Pero ella ni corta ni perezosa le suelta.
- Podríamos pasarlo bien los tres.
Madre mía, madre mía dame paciencia porque si me das fuerza la mato.
- Brais vámonos, no estoy cómoda con esto y no pienso hacer nada con más gente.
Brais niega con la cabeza me mira a los ojos y agarrandome bien mi mano se dirige al camarero.
- Tengo reservada la habitación azul, Brais Ermida.
El camarero le da una llave y él me guía entre la oscuridad, empiezo a escuchar más que besos, gemidos, gritos de placer, quiero huir.
Llegamos hasta el final de un pasillo puedo leer en letras neón sala azul. Brais abre la puerta y coge un cartel que hay de prohibido en la puerta y nos quedamos dentro.
Estoy enfadada, no pienso hacer ningún trío, ni con uno tío ni con una tía.
- ¡¡Eres un c*****o!! - Le grito enfadada. - No estoy cómoda aquí, no pienso hacer nada de eso Brais y si esta es tu naturaleza déjame decirte que la mía no y eso tendrías que tenerlo claro.
Él sonríe, su sonrisa eterna, pero esta vez no tengo ni mariposas ni nada en el estómago.
- Cariño, mira la sala en la que estamos.
Miro a mi alrededor, es azul mi color favorito en una paredes hay cristales desde el techo hasta el suelo, en el medio una cama enorme con sábanas de seda azul, en una esquina un jacuzzi, en el otro lado un columpio colgado del techo, y cuando Brais baja lo que parece ser una rejilla de hierro.
Quiere sexo lo sé, pero no voy a compartir ni quiero que me compartan.
- Brais no voy a compartirte, ni quiero que lo hagas tú, no pienso acostarme con nadie más.
A tomar por culo el sexo.