— No debes de estar aquí
— No tengo a donde ir, déjenme quedarme aquí, no es la primera vez que lo hago.
El señor se rascó la barba y después de meditarlo un rato acepto.
— Mi compañero y yo estaremos afuera haciendo guardia, ¿tienes como cerrar la puerta?
Entre varios hicieron el intento de arreglarla y después de un rato, por fin, se pudo cerrar, claramente no quedo bien y se daría mi tío cuenta. Pero ya me preocuparía de eso más tarde. Cerré de nuevo todo, asegurándome que la policía, que se quedaría ahí, estuvieran ya en su coche, me dispuse a dormir de nuevo.
Esa mañana la primera en llegar al local fue Alejandra, una señora que tenía trabajando ahí mucho tiempo. Al verme ahí se asustó, pero platicándole casualmente lo sucedido, me ayudaba a abrir el negocio, en el que aproveche a buscar al señor Andrés para ver si podía apoyarme en arreglar el chistesito de Mariana.
Termine de arreglarme y me fui a la escuela, iba con un pantalón y una blusa de tirantes que guardaba recelosa
Ricardo se acercó a mí con la escusa de que mi prima le daba miedo, me cayó muy mal con sus escusas baratas, pero a decir verdad aún era mi única esperanza. Yo había visto como una de las chicas lo había detenido de levantarse, sí, quizás si tuvo la intención, pero no el valor.
Se me hacía tarde para llegar a la florería, Salí corriendo después de haberle platicado a Daniela lo que había pasado. Quedo en pasar por la tarde a la florería.
Al llegar vi la puerta, había quedado muy bien. Vi a Alejandra con cara compungida.
— Ale, ¿qué sucede?
— Tu tío, llego muy enojado, hizo corte de caja para ver cuanto té habías gastado y se llevó todo el dinero
— ¿Entro a la bodega?
— No, solo tomo el dinero y se fue
— Menos mal, no te preocupes, ve a casa, yo me hago cargo
—¿Estás segura?
— Claro, ve yo me hago cargo
Fue muy poca la clientela de esa tarde en la que hice tarea y comí a lado de mi amiga.
Después de ayudarme a barrer, su padre llego por ella.
Se fue temprano y yo me quede organizando y terminando de limpiar la mesa de trabajo. Pronto cerraría.
La campana de la entrada se hizo sonar cuando entro el mismo hombre del día anterior, con su traje de chofer.
—Buenas tardes, señorita
— Señor bienvenido
—A mi jefe le gustaron las flores, hoy tiene otra cita y me gustaría algo igual.
—Claro que sí, tome asiento ya se lo preparo
Era una lástima que la terminal de la caja, era a la cuenta directa de mi tío, de esas ventas yo no obtenía ni un centavo, solo la satisfacción del cliente, cuando me agradecía.
Las siguientes semanas se hizo común que el chofer particular llegara por las tardes a pedir el ramo de flores, con ciertas especificaciones. Ese tipo de clientes me agradaban mucho, ya que podía abrir el diario de mi padre y hacer sus modelos, sentía una conexión única con mi padre, en ese momento y era algo que nadie podías quitarme, el sentir que trabajaba lado a lado de mis padres.
Estaba trabajando en hacer mis propios modelos, inspirados en las características de las personas allegadas a mí,
Cree un lindo ramo con tulipanes rosados y blancos, ese primer modelo llevaría el nombre de Daniela. Era muy hermoso, y sabía que mi amiga era muy ruda, pero lo que ella era conmigo, era un ser muy valioso para mí.
Ella me regaló un diario parecido al de mi padre, ahí empecé a diseñar mis modelos. Lo que aprendí del diario de mi padre es el significado de cada flor, cuál debía regalar a una novia, a la madre o a la suegra. La diferencia de las flores funerarias, y las flores empresariales. Papa anotaba todo en el diario, incluso el pequeño modelo llamado Valery, en mi honor.
El modelo Valery se comercializaba en la otra tienda para una empresa grande, de ahí, esta pequeña florería se mantiene en pie.
Los días pasaron y las cosas estaban tranquilas, era cierto que ninguno me hablaba, pero tampoco me molestaban. Y era cuando más miedo dan, decidí trabajar un tiempo extra en la florería para evitar estar mucho tiempo en casa.
No era extrañar que cada día iba el chófer particular. Se recargaba en el mostrador a platicar conmigo, a veces me daba detalles para la dueña del ramo, así podía hacer algo único y especial.
En nuestras pláticas me pidió mi nombre, y así conocí el suyo, el señor Omar.
Pero un día, casi a la misma hora, apareció un joven alto y muy guapo, con un porte elegante y distinguido. Su cabello bien peinado, color cobrizo, relucía bajo la luz blanca del local.
Llevaba puesto un traje azul marino, con unos zapatos negros, aparentemente nuevos. Su vista viajaba de un lado a otro viendo las flores.
— Buenas noches, Joven, en que puedo ayudarle.
El joven puso atención cuando hable y al saludarme, mostró una sonrisa amable. En mi estómago sentí un hueco extraño.
— ¿Cómo, disculpe? — por estar mirándolo, no entendí lo que dijo.
— Perdón, hable muy rápido. Mi chófer siempre compra un ramo de flores, cada día, pero hoy me encuentro solo.
— ¿El señor Omar?
— Sí, necesito un ramo bonito.
— Bueno joven, tenemos muchos ramos, pero si usted me dice como es la persona, le puedo personalizar uno, así he estado trabajando con el señor Omar — El chico sonrió apenado
— No, no la conozco, normalmente cuando salgo del trabajo, Omar ya se hizo cargo de todo
— Bueno, vamos a diseñarlo por las expectativas que usted tiene.
Salí del mostrador, y camine al primer refrigerador, donde almaceno flores ya listas para la venta. Le hice señas al joven y de una a una le fui mostrando las flores, que es lo que significa regalar una flor en especifico. Él escuchó atentamente mientras caminábamos de un lado a otro.
— Está es bonita— dijo señalando una flor grande
— Es hermosa y si la huele, se dará cuenta de que es aromática, pero, estas las usamos la mayoría de las veces para las coronas de los finados — retiro rápidamente la mano mientras miraba asombrado.
— Bueno, se podría hacer un ramo con el fin de caer bien, pero no comprometerme mucho.
Realmente aún no me quiero casar.
— Que le parece un ramo de amistad
— Me parece perfecto.