Ezra, termina de bajar la escalera, mirándonos con desconcierto, haciéndome pensar que es mala idea que mi madre esté aquí. Me cruzo de brazos, encarándola. ─Tienes que irte, Samantha ─espeto, en advertencia. Ella, arruga su cejo, terminando de entrar, me aparta, acercándose a Ezra, obteniendo una mejor vista de mi esposo. ─Con que él, es tu esposo…tienes buenos gustos, Ginebra, lo tenías muy bien guardado ─comenta ella, provocándome una punzada en la cabeza─. Además, no me digas: Samantha, soy tu madre ─agrega, quitándose los guantes de seda con elegancia, para apretar la mano de Ezra. ─Es un gusto conocerla, finalmente ─menciona, Ezra, de manera política. Aclaro mi garganta, observándolos. ─El gusto es mío, he escuchado de ti, eres el protagonista principal en las conversaciones

