— ¿Y qué niña servirá de acompañante? —preguntó con curiosidad Taddeo. —Alondra —respondió Anabella. —Madre si ese es un chiste, me parece muy malo. No tolero a esa niña, no quiero ir con ella ni a la esquina —comentó Taddeo. —Hijo, pero yo quiero mucho a Alondra. ¿Puedes hacerlo por mi? Por favor—le dijo en tono de súplica, pestañeando seguido y con una gran sonrisa. —Quién le dice que no a la mujer más bella del mundo —indicó Taddeo con una mirada de adoración mientras le tomaba la mano y se la besaba—, sabes que estoy en tus manos, ¡te adoro! el amor que siento por ti no se compara con nada. —Gracias mi príncipe —manifestó Anabella besándolo. —Como no soportas a Alondra los anillos los llevaré yo con ella—enfatizó Camillo. —Camillo serán los dos junto con Alondra y punto—informó

