Escuchar a las mujeres hablar lo hacía sentir como si se encontrara en una subasta, cada una de ellas tratando de agradarle y de mostrar lo mejor de sí, como si se hubieran puesto de acuerdo en una apuesta abierta para ver quién era la ganadora de su atención. —Déjeme que le presente a las chicas detective, a Nancy y a Daniela ya las conoce, ellas son las dueñas de la boutique del pueblo, Margaret, es una excelente maestra de idiomas; Sandy, es la bibliotecaria, Abigail, estudió diseño de modas, nadie mejor que ella para hacer trajes a la medida; Francine, a pesar de ser tan joven, es la directora de nuestro colegio. Cada una de las mujeres le dirigió su mejor sonrisa con coquetería al ir escuchando su nombre, logrando que el detective se sintiera intimidado con tantas atenciones, con in

