César no lograba entender la agresividad de Marcus, parecía sentir un profundo coraje hacia él, al grado que sentía que estaba a punto de golpearlo. —Le tendré su auto mañana y espero que se largue de una buena vez de éste pueblo, en Ambrosía, no son bienvenidos los extraños — dijo y se alejó a toda prisa dejando sus flores tiradas en el piso. César recogió el ramo y lo colocó sobre la cripta, supuso que ese era su destino. Regresó al pueblo totalmente confundido, nada de lo que había pasado tenía ningún sentido. Comenzó a pensar que estaba enfermo, estaba teniendo alucinaciones muy recurrentes y no era normal en él, nunca antes le había pasado algo así, estaba seguro de que la lluvia era real, igual que la mujer que desapareció en la barranca, pero pensándolo fríamente, eso era imposib

