Sushi, Traiciones y el EspĂritu de Graceland
Dante estaba decidido. Si querĂa recuperar un gramo de autoridad frente a Elena, tenĂa que jugar de local. Pero con el brazo en cabestrillo y el collarĂn cervical, cocinar era una misiĂłn imposible.
—Luca, mové los dedos y pedà algo decente por "PedidosYa". Y que sea algo caro, que no parezca que estamos derrotados —ordenó Dante, hundiéndose en su sillón de cuero con una bolsa de hielo en la cabeza.
—Ya pedĂ sushi premium, Dante. Relajate —dijo Luca, que todavĂa tenĂa una sonrisa residual en la cara.
Minutos después, Dante, con un esfuerzo sobrehumano, se puso una camisa de seda (que Luca tuvo que abotonarle entre risitas). Cruzó al 12A y golpeó la puerta. Cuando Elena abrió, lo miró de arriba abajo con una ceja levantada.
—¿Otra vez vos, Moretti? ÂżVenĂs a que te firme el collarĂn?
—Vengo a invitarlas a cenar. Una tregua —dijo Dante con voz solemne—. Pedimos comida. Sin escalones, sin cables, sin señoras mayores. Solo nosotros cuatro.
Elena y Micaela se miraron. La idea de ver a Dante tratando de comer sushi con un collarĂn era demasiado tentadora para dejarla pasar.
—Aceptamos. Pero si te caés de la silla, no te levantamos —advirtió Micaela.
La Cena del Desastre
Sentados a la mesa del apartamento de los Moretti, el ambiente era una mezcla de elegancia mafiosa y comedia involuntaria. Los barquitos de sushi estaban dispuestos sobre la mesa, pero el problema empezĂł cuando Dante intentĂł usar los palillos.
Al estar rĂgido por el collarĂn, no podĂa bajar la cabeza hacia el plato. TenĂa que levantar la mano hasta la boca, pero el brazo del cabestrillo no le respondĂa bien. En el primer intento, un Rolls de salmĂłn saliĂł disparado como un proyectil, rebotando en el pecho de Luca y terminando en el suelo.
—¡Es Ă©l! —gritĂł Dante de repente, señalando el rincĂłn oscuro del living—. ¡Es Elvis! ¡Me moviĂł el brazo! ¡Te juro que sentĂ el olor a sándwich de banana y manteca de manĂ!
Luca se quedĂł con el bocado a mitad de camino. MirĂł el rincĂłn, mirĂł a su hermano y estallĂł.
—¡JAJAJAJA! ¡Dante, por el amor de Dios! ¡Es un Rolls de Filadelfia, no un fantasma! —Luca se dobló sobre la mesa, golpeando la madera—. "El olor a banana", ¡no podés ser tan hdp! ¡JAJAJAJA!
Elena y Micaela lloraban de risa. Elena se apoyaba en la mesa, tratando de no escupir el vino.
—Dante, si el Rey te quisiera boicotear el sushi, te habrĂa tirado wasabi en el ojo sano —dijo Elena entre carcajadas.
—¡No se rĂan! —insistiĂł Dante, cuya paranoia ya era total—. Yo sĂ© lo que vi en la capilla. Él no quiere que estĂ© con vos, Elena. Me puso una marca. ¡Cada vez que intento ser sexy, aparece una fuerza invisible y me tira al piso! ¡Es Elvis, te lo digo yo!
Justo en ese momento, sonĂł el timbre. Era el repartidor de PedidosYa que se habĂa olvidado la bebida. Luca fue a abrir, todavĂa riĂ©ndose a los gritos. Cuando volviĂł, traĂa una botella de Coca-Cola y, por una extraña coincidencia del destino, el repartidor llevaba puesta una gorra vieja con el escudo de... Memphis, Tennessee
Dante se puso pálido. Se levantĂł de la silla con tal brusquedad que el collarĂn se le trabĂł con la barbilla.
—¿Vieron? ¡¿Vieron la gorra?! —gritó Dante, señalando la puerta—. ¡Me está siguiendo! ¡Elvis trabaja en PedidosYa ahora! ¡Es una señal!
Luca se tirĂł literalmente al suelo. Ya no podĂa más. Se revolcaba en la alfombra cara, agarrándose la panza, con la cara bañada en lágrimas de risa.
—¡ELVIS... TRABAJA... EN... PEDIDOSYAAA! —gritaba Luca entre espasmos—. ¡Dante, te pido por favor... hacete ver por un psiquiatra! ¡Es el mejor delivery de la historia!
Elena se levantĂł, caminĂł hacia Dante con su paso elegante y le acomodĂł el collarĂn, que le estaba apretando la garganta.
—Moretti, si Elvis es el que te trae la comida, entonces tenĂ©s que darle una buena propina —le susurrĂł al oĂdo, rozando su mejilla antes de estallar de risa otra vez.
La cena terminĂł con Dante convencido de que su apartamento estaba embrujado por el rock and roll, Luca llorando de felicidad por tener el hermano más ridĂculo del mundo, y las chicas confirmando que ganar ese sorteo no solo les dio un viaje, sino el mejor reality show de sus vidas.