CAPĂŤTULO 22

786 Words
Sushi, Traiciones y el Espíritu de Graceland Dante estaba decidido. Si quería recuperar un gramo de autoridad frente a Elena, tenía que jugar de local. Pero con el brazo en cabestrillo y el collarín cervical, cocinar era una misión imposible. —Luca, mové los dedos y pedí algo decente por "PedidosYa". Y que sea algo caro, que no parezca que estamos derrotados —ordenó Dante, hundiéndose en su sillón de cuero con una bolsa de hielo en la cabeza. —Ya pedí sushi premium, Dante. Relajate —dijo Luca, que todavía tenía una sonrisa residual en la cara. Minutos después, Dante, con un esfuerzo sobrehumano, se puso una camisa de seda (que Luca tuvo que abotonarle entre risitas). Cruzó al 12A y golpeó la puerta. Cuando Elena abrió, lo miró de arriba abajo con una ceja levantada. —¿Otra vez vos, Moretti? ¿Venís a que te firme el collarín? —Vengo a invitarlas a cenar. Una tregua —dijo Dante con voz solemne—. Pedimos comida. Sin escalones, sin cables, sin señoras mayores. Solo nosotros cuatro. Elena y Micaela se miraron. La idea de ver a Dante tratando de comer sushi con un collarín era demasiado tentadora para dejarla pasar. —Aceptamos. Pero si te caés de la silla, no te levantamos —advirtió Micaela. La Cena del Desastre Sentados a la mesa del apartamento de los Moretti, el ambiente era una mezcla de elegancia mafiosa y comedia involuntaria. Los barquitos de sushi estaban dispuestos sobre la mesa, pero el problema empezó cuando Dante intentó usar los palillos. Al estar rígido por el collarín, no podía bajar la cabeza hacia el plato. Tenía que levantar la mano hasta la boca, pero el brazo del cabestrillo no le respondía bien. En el primer intento, un Rolls de salmón salió disparado como un proyectil, rebotando en el pecho de Luca y terminando en el suelo. —¡Es él! —gritó Dante de repente, señalando el rincón oscuro del living—. ¡Es Elvis! ¡Me movió el brazo! ¡Te juro que sentí el olor a sándwich de banana y manteca de maní! Luca se quedó con el bocado a mitad de camino. Miró el rincón, miró a su hermano y estalló. —¡JAJAJAJA! ¡Dante, por el amor de Dios! ¡Es un Rolls de Filadelfia, no un fantasma! —Luca se dobló sobre la mesa, golpeando la madera—. "El olor a banana", ¡no podés ser tan hdp! ¡JAJAJAJA! Elena y Micaela lloraban de risa. Elena se apoyaba en la mesa, tratando de no escupir el vino. —Dante, si el Rey te quisiera boicotear el sushi, te habría tirado wasabi en el ojo sano —dijo Elena entre carcajadas. —¡No se rían! —insistió Dante, cuya paranoia ya era total—. Yo sé lo que vi en la capilla. Él no quiere que esté con vos, Elena. Me puso una marca. ¡Cada vez que intento ser sexy, aparece una fuerza invisible y me tira al piso! ¡Es Elvis, te lo digo yo! Justo en ese momento, sonó el timbre. Era el repartidor de PedidosYa que se había olvidado la bebida. Luca fue a abrir, todavía riéndose a los gritos. Cuando volvió, traía una botella de Coca-Cola y, por una extraña coincidencia del destino, el repartidor llevaba puesta una gorra vieja con el escudo de... Memphis, Tennessee Dante se puso pálido. Se levantó de la silla con tal brusquedad que el collarín se le trabó con la barbilla. —¿Vieron? ¡¿Vieron la gorra?! —gritó Dante, señalando la puerta—. ¡Me está siguiendo! ¡Elvis trabaja en PedidosYa ahora! ¡Es una señal! Luca se tiró literalmente al suelo. Ya no podía más. Se revolcaba en la alfombra cara, agarrándose la panza, con la cara bañada en lágrimas de risa. —¡ELVIS... TRABAJA... EN... PEDIDOSYAAA! —gritaba Luca entre espasmos—. ¡Dante, te pido por favor... hacete ver por un psiquiatra! ¡Es el mejor delivery de la historia! Elena se levantó, caminó hacia Dante con su paso elegante y le acomodó el collarín, que le estaba apretando la garganta. —Moretti, si Elvis es el que te trae la comida, entonces tenés que darle una buena propina —le susurró al oído, rozando su mejilla antes de estallar de risa otra vez. La cena terminó con Dante convencido de que su apartamento estaba embrujado por el rock and roll, Luca llorando de felicidad por tener el hermano más ridículo del mundo, y las chicas confirmando que ganar ese sorteo no solo les dio un viaje, sino el mejor reality show de sus vidas.
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