El Ataque de los Felinos y el Karma Uruguayo La maƱana en Pocitos amaneció con ese brillo especial que solo tiene la costa montevideana, pero para Dante Moretti, la luz del sol era un recordatorio de que seguĆa vivo y, por ende, seguĆa siendo el blanco favorito del destino. DespuĆ©s de haber visto a Elena la noche anterior en ese pijama de seda que no lo dejaba pegar un ojo, Dante decidió que era el momento del gran gesto. QuerĆa demostrarle que era un hombre de mundo, un italiano con clase que ya vivĆa en Uruguay lo suficiente como para saber que aquĆ las cosas se ganan con paciencia. āLuca, las gardenias. Ahora āordenó Dante, que milagrosamente se habĆa quitado el parche del ojo, aunque todavĆa lucĆa un poco rĆgido. Salieron al pasillo con un ramo inmenso, tan grande que Dante casi no

