La Bendición del "Rey" y el Púlsar de Risas
Dante estaba convencido. Ya no era una cuestión de mala suerte, ni de coincidencia: era una guerra espiritual. Con la marca del carterazo roja en la frente y el orgullo hecho jirones, arrastró a Luca hacia "The Heartbreak Chapel", una capilla de bodas exprés donde un imitador de Elvis de unos 150 kilos oficiaba ceremonias las 24 horas.
—¡Tengo que limpiar mi aura, Luca! ¡Ese viejo de abajo, Jorge, tenía razón! ¡Me echaron un gualicho! —gritaba Dante, entrando a la capilla con paso errático.
Luca lo seguía, pero ya no caminaba erguido; caminaba encorvado, agarrándose las costillas porque el dolor de tanto reír se le había vuelto crónico. Tenía la cara hinchada y roja.
—Dante, por favor... —jadeó Luca—, no podés entrar ahí... ¡Parecés un extra de una película de terror barata!
En el altar de plástico brillante, un Elvis con un traje blanco lleno de lentejuelas amarillentas y una peluca que parecía un gato muerto los miró con extrañeza.
—Bienvenidos al templo del amor, hermanos —dijo el Elvis con voz gangosa—. ¿Vienen a unir sus vidas en sagrado matrimonio rockero?
—¡No! —rugió Dante, golpeando un atril de madera que, por supuesto, estaba flojo—. ¡Vengo a que me saques esta maldición! ¡Elvis me persigue! ¡Me hizo besar el suelo, me hizo desnudar a una anciana! ¡Necesito que el espíritu del Rey me deje en paz para encontrar a mi mujer!
El imitador parpadeó, miró a Luca —que en ese momento se dejó caer en un banco de madera soltando un gemido de risa agónica— y suspiró.
—Está bien, hijo. Arrodillate. Te voy a hacer la "Imposición de las Patillas".
Dante se arrodilló con una solemnidad ridícula. El imitador sacó una botella de agua mineral, le echó un chorro en la cabeza (mojando por completo el poco peinado que le quedaba a Dante) y empezó a cantar a capela una versión desafinada de “Are You Lonesome Tonight?”
Justo en ese momento, Dante intentó levantarse para agradecer, pero el agua mineral había hecho que el suelo de linóleo fuera una pista de hielo. Sus pies salieron volando hacia atrás, y para no caerse, manoteó lo primero que tuvo a mano: "el cable del micrófono del imitador"
¡ZAS!
No solo se cayó Dante de espaldas por cuarta vez en el día, sino que tiró al imitador de Elvis encima de él. Los 150 kilos de lentejuelas y sudor aterrizaron directamente sobre el pecho de Dante, y la peluca del imitador salió volando, aterrizando perfectamente sobre la cabeza de Luca, que estaba tirado en el banco.
Luca, al sentir el "gato muerto" sobre su cabeza y ver a su hermano aplastado por un Elvis gigante que gritaba "¡Ay, mi ciática!", llegó a un nivel de risa que la ciencia no ha documentado. No emitía sonido; solo abría la boca, agitaba las manos y golpeaba los pies contra el suelo mientras las lágrimas le saltaban de los ojos.
—¡ELVIS TE... ELVIS TE APLASTÓ! —logró articular Luca después de un minuto de asfixia—. ¡ES UN MENSAJE DEL MÁS ALLÁ! ¡TE DIJO QUE TE QUEDES QUIETO! ¡JAJAJAJA!
Dante, con la cara hundida en el traje de lentejuelas del imitador, solo pudo emitir un sonido de derrota.
—Luca... —dijo Dante con voz ahogada—. Creo que me rompió una costilla.
—¡VALIÓ LA PENA! —gritó Luca, revolcándose con la peluca puesta—. ¡ES LO MEJOR QUE VI EN MI VIDA!
Lo que ellos no sabían era que, en la puerta de la capilla, ocultas tras las cortinas de terciopelo, Elena y Micaela lo habían visto todo. Habían seguido a los "acosadores" para ver qué tramaban, y terminaron presenciando el exorcismo más patético de la historia.
Micaela tenía que apretarse el estómago para no gritar. Elena, apoyada en su bastón, temblaba de risa silenciosa, viendo al "mafioso peligroso" atrapado bajo un imitador de Elvis.
—Mica... —susurró Elena, con lágrimas de risa en los ojos—, no puedo más. Si esto es lo que nos espera en Montevideo, quiero volver mañana mismo solo para verlo tropezar con el cordón de la vereda.
—Es un payaso, Elena. Un payaso con mucha plata y muy mala suerte —rio Micaela—. Vámonos antes de que el Elvis lo asfixie del todo.
Salieron de la capilla como dos sombras, felices, libres y convencidas de que, hicieran lo que hicieran los Moretti, el universo (y el fantasma del Rey) estaba de su lado.