Habían pasado días desde que las señoritas habían partido finalmente de la mansión de los Armstrong, Esmeralda se sentía atrapada en su nuevo hogar, todo había cambiado en un abrir y cerrar de ojos para todas - ya baje al desayuno señorita Esmeralda - se escucho la suave voz de la señora Mildreth detrás de la puerta, Mildreth que era la encargada de organizar todo en la casa, la ama de llaves más buena del mundo penso Esmeralda - Mildreth, no tiene porqué subir por mi, debería descansar en la cocina mientras todos preparan y sirven el almuerzo... ¿No cree? - lo último lo dijo con un suave toque de dulzura, mientras caminaba hacía la puerta, encontrándose y dedicando una tierna sonrisa - ¿No se cansa de vivir en este hogar? siento que no respiro - - Señorita Esmeralda, la señora de

