Aquellos hombres salían uno tras otro del cuarto de Kayn. Magnolia no quería ser demasiado imprudente, pero realmente quería saber cómo se encontraba el chico. Dudó unos segundos si golpear la puerta, pero finalmente lo hizo. Pasaron unos largos segundos hasta que la puerta se entreabrió y dejó ver al chico sin camisa y con la mirada baja. Magnolia dio un par de pasos para atrás. Kayn tenía algunas heridas en sus hombros y brazos. Magnolia pensó que aquel día que se fue de casa simplemente iba a resolver un asunto simple, no que se vería implicado en alguna pelea o algo por el estilo, pero si realmente iba a hacer un ajuste de cuentas, ¿por qué Sylas no fue también? Al ser hermanos y herederos directos de los Collins deberían ser ambos representantes. Claramente Raiven aún era muy pequeño, no podía estar entrometido en ese tipo de cosas, pero Sylas tenía la edad y la suficiente fuerza como para poder ser parte de este tipo de situaciones.
—Sylas no está aquí, tampoco sé dónde está—
Fueron las únicas palabras que el chico dijo mientras volvía a cerrar la puerta lentamente.
—No vine a preguntar por él, quería saber... quería saber cómo estabas tú—
Magnolia puso su mano en la puerta para evitar que el chico la cerrara. Vio cómo el chico abrió los ojos, al parecer aquellas palabras habían sorprendido al mayor. No mentiría si dijera que ella no se hubiese sorprendido, la verdad aquellas palabras salieron de lo más profundo de su corazón.
—Ah... pues estoy bien, muchas gracias por preguntar, Magnolia—
Nuevamente intentó cerrar la puerta, sin embargo Magnolia se opuso. Finalmente la chica entró y cerró la puerta tras de ella. Fue ahí cuando cayó en cuenta de que Kayn realmente estaba maltratado, como si se hubiese peleado con quinientos lobos más.
—¿Por qué fuiste tú solo? Entiendo que lleven esto de ser alfas y omegas, pero ir a pelear tú solo no es la mejor idea. Debiste decirle a Sylas que fuera contigo, aunque no se lleven muy bien—
Magnolia se dirigió al baño de la habitación para poder buscar algo con qué curar las pequeñas heridas que el chico tenía. Estaba molesta, pero no sabía por qué.
—No fue eso, Sylas no podía ayudar—
Kayn miraba atento las acciones que realizaba la chica. Al estar nuevamente en casa se sentía más cómodo, pero sobre todo el ver que Magnolia se había preocupado de él le llenaba el corazón con una sensación tan cálida que no sabría exactamente qué era.
—Entonces yo pude ayudarte, quizás no tengo súper olfato u orejas grandes y peludas, ni colmillos ni garras, pero Diana me está ayudando a entrenar y ahora sí puedo defenderme sola, quizás pude haberte ayudado—
La chica caminaba con un botiquín en sus manos mientras lo abría. Realmente no estaba al pendiente de lo que Kayn dijera, estaba nublada por su enojo y su única prioridad ahora era que él estuviera bien y que sus heridas no fueran tan graves.
—Sé que tú puedes curarte solo, pero mira todo tu cuerpo, estás lleno de rasguños—
La chica levantó su mano para llevarla al brazo del chico y poder curarlo, pero la mano del chico la detuvo suavemente.
En eso Magnolia entró en una especie de trance. Imágenes venían a su mente, imágenes de Kayn en una cama de alguna cabaña abandonada o muy poco cuidada, con los hombres que habían salido anteriormente de la casa sujetándolo en ambos brazos y pecho. Kayn estaba sufriendo, era como si estuvieran desgarrando su carne, estaba sudado, de un llamativo color rojo y con una desesperación en sus ojos notoria. No soportaba verlo de esa manera, causaba una sensación de dolor en su pecho. Solo volvió en sí cuando Kayn soltó su mano y la miró atento. Había tenido nuevamente una visión de algo que había pasado. ¿A qué se debían este tipo de visiones y por qué solo aparecían cuando Sylas o Kayn estaban cerca de ella?
—No fue una pelea, es algo más complicado que eso—
Directamente Kayn no quería decirlo, le daba un poco de vergüenza, pero sabía que Magnolia era lo suficientemente inteligente como para saber qué era lo que realmente había pasado.
—Ah... yo... lo lamento, no sabía que sufrías tanto con esa situación—
Magnolia quedó pensando. Realmente Kayn no había estado en una pelea, más bien el muchacho estaba en celo y, al no tener una pareja que pudiera apaciguar ese dolor, sería prácticamente imposible pasar un celo más relajado y normal. Magnolia puso más atención al chico frente a ella, recién había caído en cuenta de que estaba sin camisa, su pecho libre al viento con esos rasguños de garras que lo sostenían por su bien. El chico estaba demacrado, se veía triste y agotado, seguramente esos días fueron en extremo complicados para él.
La luz de la luna comenzó a entrar por la ventana de la habitación, dando la bienvenida a la noche. Ambos cuerpos estaban frente a frente sin ningún movimiento aparente, como si hubiese una pared invisible que los dividiera y separara, pero Kayn fue quien rompió aquel espacio y se dejó caer sobre Magnolia. Había algo en el aroma de la chica que lo embriagaba a más no poder, como si fuera un elixir exclusivo solo para él, un aroma el cual solo él quería para su consumo personal y no dejaría que nadie lo tocara.
Magnolia estaba en una especie de trance, no sabía cómo habían llegado a esa posición. Ambos estaban recostados en la cama y Kayn estaba sobre el pecho de la chica, como un niño pequeño buscando refugio, simplemente ahí, escuchando los latidos de la chica cada segundo, disfrutando de la tranquilidad y comodidad que le brindaba la mujer.
—Tu aroma a canela...—
Comentó el chico en un susurro.
—¿Cómo dices?—
—Tu aroma a canela... me fascina demasiado—
Fueron sus últimas palabras para luego caer en un profundo sueño.
Magnolia miró el techo fijamente, no sabría si fueron horas o minutos. Miró bajo la puerta y vio una sombra frente a ella que unos segundos después se marchó. ¿Acaso Kayn dijo que su aroma le encantaba? Su aroma a canela. Era curioso, Sylas dijo que era un aroma similar a fresas, pero Kayn dijo que a canela, pero sobre todo, ¿por qué estaba en la cama del hermano de su ahora pareja? A pesar de que no sentía a Sylas como pareja, era una falta de respeto para todos los presentes. Hubiese sobrepensado más, pero la verdad el aroma a pino que tanto extrañaba nuevamente inundó sus fosas nasales. Sonrió para luego dormir junto al chico.